Fundada en 1895

ARCHIVO Y BIBLIOTECA

El palacete de María Teresa Laffitte: sede definitiva para la prensa madrileña (IX)

03/11/2026

11:46

Escrito por: APM

La obligada mudanza desde el Palacio de la Prensa de la plaza de Callao, motivada por la grave crisis financiera de finales de los años setenta, abrió un complejo proceso de búsqueda de un emplazamiento definitivo que culminó con la elección y recuperación de este histórico inmueble de la calle de Juan Bravo.

Fachada principal del palacete, donde se aprecia una grúa de obras en la parte superior durante los trabajos de remodelación. (s.a.). Archivo: APM

La grave crisis económica de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), entre los años 70 y 80, se originó por los inmensos sobrecostes inmobiliarios de la Ciudad de los Periodistas. La entidad construyó este complejo a sus expensas, pero la venta de los pisos a sus asociados por debajo del precio de coste desencadenó una quiebra económica letal. Para intentar salvar la situación, la APM se vio obligada a avalar y posteriormente hipotecar su sede histórica, el Palacio de la Prensa de la plaza de Callao, con un crédito de la antigua Caja de Ahorros de Madrid. Esta debacle financiera se recrudeció cuando la Hoja Oficial del Lunes de Madrid, editada por la APM, perdió su monopolio de publicación en 1982, lo que provocó una caída definitiva en los ingresos y su cierre en 1986.

Así lo reflejó el secretario general Álvaro López Alonso en la Memoria de la APM (1980): “Los gravísimos problemas que pesaban sobre la Asociación de la Prensa de Madrid se debían, esencialmente, a la mala gestión en la construcción de la Ciudad de los Periodistas. Esos gravísimos problemas económicos estuvieron a punto de acabar con la entidad casi centenaria”.

Ocaso del Palacio de la Prensa

Al drama financiero se sumó el deterioro físico del patrimonio. En la sesión de la Junta Directiva del 4 de marzo de 1981, López Alonso informó que el edificio de la plaza del Callao, obra cumbre del arquitecto Pedro Muguruza, “se está cayendo a trozos”. Ante la urgencia, se solicitaron diversos presupuestos para “el revoco y la restauración”, al tiempo que se analizaban vías de financiación que resultaban casi inalcanzables.

Cuando Luis María Anson llegó a la presidencia, en 1979, tras la dimisión de Lucio del Álamo, la deuda de la Asociación alcanzaba los 1.200 millones de pesetas y arrastraba unos intereses diarios de 480.000 pesetas. La urgencia obligó a ejecutar la hipoteca de Callao y a enajenar patrimonio.

Afortunadamente, quedaron a salvo los derechos de la Asociación respecto a “los locales históricos”. Sin embargo, como se constató en la Junta General del 5 de abril de 1979, los 2.000 metros cuadrados que ocupaban presentaban unas instalaciones muy precarias que la APM no podía mantener. La necesidad de un cambio era evidente y ambiciosa: “Una ciudad como Madrid necesita un centro de prensa decoroso, que hoy no tiene cuando llega aquí un jefe de gobierno”.

En busca de nueva sede

El portal y vestíbulo en mármol de Carrara que conserva las puertas y el estucado de la época con espejos, flanqueados por los dos bustos de los primeros presidentes de la APM, Miguel Moya y José Francos Rodríguez, realizados por Mariano Benlliure. (s.a.). Archivo: APM

Víctor Olmos, en su completa historia de la APM La Casa de los Periodistas, dedica a esta etapa el capítulo titulado “Del Palacio al Palacete”, donde explica de forma muy concisa los hechos acontecidos. En las actas de las juntas del año 1979 quedaron reflejadas las gestiones realizadas por los directivos ante las diferentes instituciones:

En la entrevista con el ministro de Trabajo Rafael Calvo Ortega, la APM solicitó acceder a uno de los edificios de la extinguida Organización Sindical, ya que la Asociación había estado integrada y regulada en el seno del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas por la Hoja Oficial del Lunes de Madrid. El ministro ofreció la posibilidad de dotar a la Asociación con el edificio donde se encontraba el Ministerio de Sanidad (situado en la calle de Diego de León, número 50, antes de trasladarse a su actual sede en el paseo del Prado, número 18). Sin embargo, se planteó un conflicto de intereses, ya que la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) también quería el inmueble y aunque se intentó llegar a un acuerdo para repartirse el edificio, la negociación no llegó a formalizarse.

En otra entrevista mantenida con Rafael Calvo Ortega, se planteó como nueva posibilidad el edificio construido por la Compañía de Aviación y Comercio, S.A. (Aviaco) en la calle Serrano, número 71 (junto a la embajada de Estados Unidos), que estaba desocupado y se podría intentar adquirir por un sistema de dotaciones y subvenciones en un plazo de cuatro a cinco años. Este proyecto no pudo llevarse a cabo porque el edificio en cuestión fue adquirido finalmente por el Banco de Brasil, por 580 millones de pesetas.

Luis María Huete, alcalde de Madrid, prometió estudiar la viabilidad de ceder un edificio en el recinto de la Casa de Campo. Asimismo, se informó a la junta de que ya se había recibido la oferta formal del edificio de la calle de Mantuano, número 51 (el cual se adaptaría más tarde para el colegio y centro cultural Nicolás Salmerón del distrito de Chamartín), en principio se rechazó. Por el contrario, la APM solicitó la concesión de un solar (sin especificar la ubicación) donde en un futuro podría construirse la sede de la Asociación. Otra posibilidad barajada fue la adquisición de los terrenos del que fuera el restaurante La Pérgola, en la carretera de la Coruña.

Por su parte, Manuel Ortiz, secretario de Estado para la Información, sugirió la posibilidad de ocupar otro gran edificio en la calle de Fernández de la Hoz, número 12 (sede ocupada en la actualidad por la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, (CCOO), donde se ubicaban unas dependencias de la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS). También el Círculo de Bellas Artes ofreció una planta de su sede social para que la ocupase la Asociación.

El desembarco en el palacete

'Hall' de entrada con la magnífica escalera original. El pilar de arranque en madera maciza tallada a mano y el redondeado peldaño de invitación sugieren visualmente a la subida. (s.a.). Archivo: APM

Entre el laberinto de ofertas rechazadas e instituciones oficiales, una propuesta apuntada por Anson en la sesión de la Junta Directiva del 18 de mayo de 1979 comenzó a brillar con luz propia y a erigirse como la solución definitiva: el edificio de la calle Juan Bravo, número 6, (originalmente numerado como 8), antigua sede del Sindicato de la Marina Mercante. No era un inmueble cualquiera, se trataba de una joya arquitectónica exenta que guardaba en sus muros la memoria de la aristocracia madrileña del siglo XX y que, por azares de la historia, esperaba en silencio su reconversión definitiva.

El destino de los periodistas madrileños estaba sellado. En octubre de 1982, la Asociación comenzó el definitivo y minucioso desalojo de las oficinas de la plaza del Callao. Cincuenta largos años de historia institucional (desde la flamante inauguración del rascacielos de Pedro Muguruza en 1930, hasta los primeros meses de 1983), concluían para dar paso a una nueva etapa. La histórica Biblioteca de la APM abandonaba su hogar en la Gran Vía para ser custodiada de forma provisional en la sala de juntas de la nueva demarcación.

Salvación mutua: Institución y arquitectura

La mudanza a la calle de Juan Bravo no supuso un simple cambio de domicilio forzado por las circunstancias de la entidad, significó la salvación recíproca de una institución centenaria y de un patrimonio arquitectónico singular. El traslado de la APM a este palacete, construido en 1924 por el arquitecto Gonzalo Aguado, garantizó el renacimiento de la asociación y salvaguardó un valioso edificio del siglo XX.

Ubicado en el distrito de Salamanca, este emblemático inmueble concluyó una larga búsqueda histórica para consolidarse como el Centro de Prensa y hogar definitivo de los periodistas madrileños. La elección del entorno no pudo ser más idónea: hace un siglo, la aristocrática calle de Juan Bravo ya destacaba en el entonces joven barrio por sus notables edificaciones. De hecho, esta vía es la única de la zona que conserva intacto su bulevar central original, un distinguido paseo arbolado del siglo XIX que sobrevivió al auge del automóvil en los años 60 y 70 gracias a la resistencia vecinal y su posterior protección. En la actualidad, este histórico tramo no solo se mantiene como un oasis urbano y pulmón verde residencial, sino que también preserva fielmente la esencia del diseño urbanístico decimonónico.

Juan Manuel Bernardo Nieto
Archivo y Biblioteca de la APM

Comentarios