El palacete de María Teresa Laffitte: El último eco aristocrático de Juan Bravo 6 (VII)
En las casas de Mercedes Castellanos se celebraron diversas reuniones sociales de alto nivel. Según reflejan las páginas de la sección "Ecos de sociedad" del diario ABC (25/05/1949), la propietaria agasajó en una ocasión a la esposa de François Pietri, influyente político francés y embajador en Madrid entre 1940 y 1944, con un sofisticado obsequio compuesto por una pitillera, una polvera y un estuche de labios de plata. Posteriormente, la señora de Aizpuru ofreció “un cock-tail” en el marco de este encuentro. Estos salones no eran solo estancias residenciales, sino auténticos núcleos de influencia y diplomacia en el Madrid de la posguerra.
El fin de una era residencial
A la edad de 76 años, fallece María de las Mercedes de Castellanos y Mendeville, cerrando una vida profundamente ligada a la beneficencia madrileña. Nacida en Estocolmo en 1879, su deceso se produjo el 19 de septiembre de 1955, víctima de una hepatitis, en su vivienda de la entonces calle del General Sanjurjo número 47, actual calle de José Abascal, emplazamiento del NH Collection Madrid Abascal. A su muerte, dejó viudo a José Aizpiru, natural de Trinidad (Cuba), de 78 años, con quien no tuvo descendencia.
Sus restos mortales fueron sepultados en la cripta de la Iglesia de la Concepción en la calle de Goya, un descanso definitivo a escasa distancia del palacete de la calle de Juan Bravo, actual sede de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), que ella misma ayudó a consolidar como parte del paisaje señorial de Madrid.
La muerte de Mercedes Castellanos “Niní” supuso un punto de inflexión decisivo para el inmueble. Con su desaparición se extinguía la última propietaria particular que habitó el palacete como residencia habitual, concluyendo así una era dorada iniciada en 1926, cuando adquirió la finca para transformarla en su hogar.
Una vida volcada en la filantropía

Plano de la planta del palacete donde figuraba el antiguo jardín firmado por Luis Sainz de los Terreros. COAM (1931). Fuente: Archivo APM
La aristócrata fue una destacada dama de la beneficencia, enfermera de la Cruz Roja y presidenta de la Junta de Damas del Colegio de Nuestra Señora de las Mercedes. Dedicada profundamente a la beneficencia, creó en Madrid las primeras escuelas católicas gratuitas y, posteriormente, tras la Guerra Civil, un colegio para huérfanos del Ejército. Por su actuación en frentes y hospitales, fue condecorada en repetidas ocasiones.
Consciente del avance de su enfermedad, organizó cuidadosamente el destino de su patrimonio antes de fallecer para transformarlo en una obra permanente de carácter asistencial. Conmovida por el hecho de que las religiosas dedicaban toda su vida a cuidar a los más necesitados, pero nadie las atendía a ellas al envejecer, constituyó en abril de 1955 la Fundación Castellanos-Mendeville, Casa de San José y San Lorenzo, destinada a la atención y descanso de las hermanas ancianas de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
Para este fin, mandó construir una residencia y una capilla. El elemento más singular de este espacio fue su sagrario, realizado con sus propias joyas y rematado por un doble medallón que exhibía los escudos de la familia Castellanos-Mendeville y de la orden religiosa beneficiaria. La residencia fue inaugurada poco antes de su fallecimiento, convirtiéndose en su última gran obra en vida.
Un testamento de 29 millones de pesetas
Al no tener descendencia, Mercedes Castellanos designó como heredera universal a la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, con la obligación de integrar todos los bienes en la recién creada Fundación. Entre dicho patrimonio destacaba el hotel-palacio de la calle Juan Bravo, nº 6, valorado en la época en 29.245.997,73 pesetas, el cual quedaba expresamente vinculado a los fines benéficos de la institución.
La Fundación fue reconocida oficialmente mediante la Orden del Ministerio de la Gobernación del 16 de febrero de 1957, publicada en el Boletín Oficial del Estado (B.O.E.) el 26 de marzo del mismo año. En las disposiciones testamentarias se autorizó a las religiosas a utilizar los muebles y ropas de la testadora que les fueran útiles; el resto de los bienes debían venderse, destinando especialmente las alhajas y joyas familiares a la fundición y creación de una Custodia para el culto. Estas mandas convierten a su última voluntad en un valioso documento biográfico que retrata a la perfección las prioridades espirituales y filantrópicas que rigieron su vida.
Julia Bermejo: la lealtad de una doncella
La finalidad de la Fundación era ofrecer a las Hijas de la Caridad un lugar de descanso tras años de servicio asistencial, permitiéndoles retirarse de forma temporal o definitiva según sus necesidades.
De manera excepcional, también se autorizó la permanencia en la residencia de su doncella, Julia Bermejo Alonso. Aquel privilegio no fue una concesión circunstancial, sino el reconocimiento a una relación de confianza y fidelidad cultivada durante décadas.
Una carta fechada en París el 9 de enero de 1939, expedida por la Representación Diplomática del Gobierno Nacional de España en Francia, y conservada en el Centro Documental de la Memoria Histórica, constituye una valiosa prueba de ello. El documento, una copia relativa a los pasaportes solicitados conjuntamente por Mercedes de Castellanos y Julia Bermejo para viajar a Suiza, revela que la doncella no sólo compartía la vida cotidiana de su señora, sino que también la acompañó en el exilio durante los últimos compases de la Guerra Civil. Aquel episodio permite comprender la profundidad del vínculo que ambas mantuvieron hasta el final de sus vidas.
Esa estrecha relación volvió a quedar reflejada tras el fallecimiento de Mercedes Castellanos. En la esquela publicada por el diario ABC el 18 de octubre de 1955 figuraba, inmediatamente después del viudo, “su fiel doncella Julia Bermejo”, incluso antes que las amistades aristocráticas de la difunta. Este orden, poco habitual en este tipo de anuncios, se repitió en la esquela conmemorativa publicada el 19 de septiembre de 1957, dejando constancia pública de la consideración excepcional que Julia ocupaba dentro del entorno más íntimo de la fundadora.
Tras la muerte de Mercedes Castellanos, el palacete de Juan Bravo no quedó deshabitado de forma inmediata. Durante el proceso de administración de la herencia y de transición hacia la Fundación, Julia Bermejo permaneció en la residencia, prolongando temporalmente la vida doméstica del inmueble antes de su definitiva transformación institucional. Con ella se extinguía también el último eco de la cotidianidad que había caracterizado al palacete durante casi tres décadas como residencia privada.
Entre las disposiciones más personales del testamento destaca asimismo la orden de celebrar cada 29 de septiembre, festividad de San Miguel, una misa por el eterno descanso de Miguel Primo de Rivera, antiguo prometido de la fundadora. Aquella cláusula, tan íntima como reveladora, perpetuó en un documento jurídico el recuerdo del hombre con quien había proyectado compartir su vida, dejando constancia de un afecto que el paso del tiempo nunca llegó a borrar.
El porvenir institucional del inmueble
Con la muerte de Mercedes Castellanos concluyó una etapa de 29 años en la que el palacete sirvió como residencia privada de una de las grandes fortunas madrileñas del siglo XX. A partir de entonces, el edificio inició una trayectoria distinta, marcada por su posterior incorporación a instituciones públicas y por su adaptación a nuevos usos administrativos.
Este viaje institucional nos llevará en el futuro a las puertas de su ocupación por organizaciones sindicales de la época y, finalmente, a su destino definitivo como custodia de la memoria del periodismo español a manos de la Asociación de la Prensa de Madrid. Sin embargo, su crónica no termina aquí. Los cambios políticos y urbanos de las décadas posteriores seguirán transformando su función y su significado dentro de la ciudad de Madrid, un devenir histórico que será el objeto de nuestra siguiente entrega.
Juan Manuel Bernardo Nieto
Archivo y Biblioteca de la APM
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