Centenario del palacete de María Teresa Laffitte, actual sede de la APM: Aguado, el arquitecto (III)

Gonzalo Aguado Rodríguez-Quintana y su esposa, Cecilia Garelly de la Cámara, con la que contrajo matrimonio en 1915. Fotografía del año 1921 (aprox.) cedida por su nieto, Ángel Mingo. Fuente: Archivo APM
Gonzalo Aguado terminó sus estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en 1914. Posteriormente se trasladó a Huelva, donde realizó diferentes obras, entre las que destacan la Casa Quintero Báez, edificio ecléctico y actual sede del Colegio de Arquitectos, y el Barrio de Reina Victoria (conocido como el barrio obrero), inspirado en la tipología de ciudad jardín inglés. Ambos proyectos fueron realizados juntamente con el arquitecto José María Pérez Carasa (1916).
Un hombre visionario
El arquitecto se confesaba gran aficionado a la hípica y poseía una yegua de carreras llamada "Ma Chérie", por eso no es de extrañar que en 1920 diseñara un anteproyecto de edificio para Círculo Ecuestre en Barcelona. Preveía erigir un nuevo edificio de su propiedad en los solares que ocupaban las casas número 38 y 40 del Paseo de Gracia, ya derribadas.
En su memoria del proyecto, el arquitecto defendía la importancia de la visión estética y racional de la arquitectura: “Todo edificio debe responder fielmente a las necesidades para que fuese creado, y tener además su semblante especial que nos haga distinguirlo de los demás, reflejándonos su condición y acusándonos claramente de su destino”.
Y añadía: “Estas consideraciones nos dan una norma para desarrollar nuestra idea, pues nos fijan que al estudio razonado de su distribución debe unirse el aspecto exterior, su conjunto externo, marcando su fin con la severidad y armonía propias de la construcción”.

Fachada del palacete vista desde la calle Claudio Coello, 98, con la rúbrica de María Teresa Laffitte. Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (1924). Fuente: Archivo APM
Un legado en Madrid
En la capital, construyó la Fábrica de Platerías Espuñes (1920), actual sede de la Fundación Botín en Madrid. Un año después se hizo cargo del nuevo Garaje-Palace, moderna construcción de tres plantas y con capacidad para 320 automóviles, situado entre el Paseo de la Reina Cristina y Ronda del Retiro.
En el año 1923, construyó un edificio residencial en la calle General Arrando, 42, para Encarnación López Júlvez, conocida artísticamente como “La Argentinita”.
El mismo año de la construcción del palacete de María Teresa Laffitte (1924) realizó el anteproyecto para dotar de viviendas (“unas casas baratas o barriadas obreras”) a una zona industrial próxima al Puente de Toledo. El conjunto, con fachadas al Paseo Imperial y a la calle de Cambronera, ocupaba una superficie de 12.266 metros cuadrados.
Vida activa
Fue miembro de la junta de la Sociedad Central de Arquitectos, fundada en 1849 para velar por el prestigio de la profesión y defender sus intereses. Esta entidad fue precursora del Colegio de Arquitectos de Madrid, creado en 1929.
En 1922 figuraba como contador de la junta, en la que también participaba el arquitecto Joaquín Sainz de los Terreros, hermano de Luis Sainz de los Terreros, de igual profesión, quienes realizarían numerosos proyectos conjuntos. Este último sería además el arquitecto de las posteriores ampliaciones en el palacete de la calle Juan Bravo, 6.
Trágico final

Planta principal, con una pequeña terraza antes de la ampliación de la residencia. Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (1924). Fuente: Archivo APM
Gonzalo Aguado adquirió el solar de la calle Alcalá, 149, en el que se erigía un antiguo parque de recreo y teatro de verano llamado “El Paraíso”. El arquitecto compró el solar al marqués de Fontalba, donde, desde hacía veintidós años, trabajaba un conserje llamado Francisco García Hita.
Desde que Aguado se hizo cargo del lugar, decidió prescindir de los servicios del conserje, pues proyectaba edificar en aquel solar. A pesar de los intentos del empleado por conservar su puesto, la decisión era firme. A principios de enero de 1927, García Hita acudió a las oficinas de Aguado en la calle de la Vizcondesa de Jorbalán, donde se le reiteró la orden de abandonar su trabajo.
El 6 de enero de 1927, hacía las 15:30 horas, el arquitecto se dirigió al antiguo parque de atracciones para supervisar las obras. Allí se encontró con el conserje y volvió a comunicarle su decisión. Tras una discusión, el desempleado sacó una navaja, agredió al arquitecto y le asestó una puñalada fatal en el vientre.
Varios obreros presenciaron el suceso e impidieron que el agresor se suicidara. Fue detenido y conducido a la cárcel. El herido fue trasladado por varios transeúntes a la Casa Socorro, donde el personal de guardia calificó su estado de gravísimo.
Pese a las atenciones médicas en diferentes centros, nada se pudo hacer por las graves heridas de Aguado. Finalmente, se le trasladó a su domicilio en la calle Toledo, 95, donde falleció a las seis de la mañana del día 8 de enero de 1927. Viudo, dejó cinco hijos. Fue enterrado en el cementerio de la Sacramental de San Justo.
Huellas de piedra
La escritora y traductora Bárbara Mingo Costales escribe para nosotros: “Gonzalo Aguado era mi bisabuelo. Murió asesinado a los 37 años, cuando sus hijos eran muy pequeños −mi abuela Cecilia tenía ocho años− y su arquitectura prometía ya un interesante desarrollo. Desde que me enteré de su historia quise averiguar todo lo posible sobre él, en archivos o visitando los edificios que llegó a construir (incluso como potencial inquilina de un apartamento en alquiler en un edificio de viviendas que hizo para “La Argentinita”, cerca del palacete que alberga la Asociación de la Prensa de Madrid, al otro lado del puente de Juan Bravo), porque me pareció que en ellos podría encontrar una clave de la historia de mi familia. No es posible saber cómo habría evolucionado su trabajo, aunque en él he podido reconocer el cambio de estilos arquitectónicos que se estaba dando en esa época, e intuir que las ciudades son una especie de árbol genealógico y que el urbanismo conserva huellas que son tan emocionantes, tan reveladoras y a la vez tan impenetrables como las cartas de nuestros antepasados”.
Aunque su vida terminó de forma trágica, el legado de Gonzalo Aguado perdura en cada edificio que diseñó, testimonio de su talento y visión, tal y como sucede en el palacete que hoy es sede de la Asociación de la Prensa de Madrid. Cien años después de su construcción, la huella de su creador permanece tan viva como el primer día.
Juan Manuel Bernardo Nieto
Archivo y Biblioteca de la APM
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