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El palacete de María Teresa Laffitte: una casa entre dos épocas (VIII)

06/10/2026

13:58

Escrito por: APM

El edificio situado en el número 6 de la madrileña calle de Juan Bravo, actual sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, forma parte hoy de la vida periodística de la ciudad. Pero, tras sus muros, permanece la historia de un edificio que, a lo largo del siglo XX, fue cambiando de manos, de usos y de protagonistas.

Fotografía tomada en el Colegio de las Mercedes para huérfanos del ejército, presidido por Mercedes Castellanos (a la derecha de la imagen) y el general Ricardo Villalba Rubio (s.a.). Fuente: Archivo de la APM

La muerte de Mercedes Castellanos en 1955 abrió un nuevo periodo en la historia del palacete de Juan Bravo, 6. La casa, que durante años había sido escenario de la vida familiar y social de su propietaria, quedó vinculada a la obra benéfica que Mercedes había dispuesto en favor de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

La aristócrata había desarrollado durante décadas una intensa actividad social y asistencial. La propia historia de la APM recoge su relación con distintas iniciativas benéficas y con instituciones dedicadas a la atención de niños y huérfanos. Tras su muerte, sus bienes quedaron vinculados a la Fundación Castellanos-Mendeville, Casa de San José y San Lorenzo, destinada al sostenimiento y descanso de las religiosas.

Aquella última voluntad parecía prolongar la vocación asistencial que había acompañado buena parte de la vida de Mercedes Castellanos, pero no significaría que el palacete permaneciera indefinidamente ligado a la Fundación. Apenas unos años después, el edificio cambiaría nuevamente de propietario y de función.

De las monjas al Sindicato Vertical

El carácter benéfico de la Fundación tendría una duración limitada como etapa de transición. La historia moderna del inmueble da un vuelco definitivo en 1963. En ese año, la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, propietaria del palacete, formaliza la venta del inmueble. El comprador es la Delegación Nacional de Sindicatos de Falange Española Tradicionalista (FET) y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), que había estado muy vinculada con su propietaria Mercedes Castellanos, la estructura del sindicalismo vertical de la dictadura franquista. Se iniciaba así una nueva y burocrática fase en su historia.

El Inventario del Patrimonio Inmobiliario de la Administración Institucional de Servicios Socio-Profesionales (AISS), correspondiente a 1976, recoge el inmueble situado en la calle Juan Bravo, 6, como un edificio urbano tipo casa-hotel, con un solar de 529,21 metros cuadrados y una superficie cubierta de 340,14 metros cuadrados. Distribuido en sótano de 320,84 metros cuadrados, primera planta de 340,14 metros cuadrados, segunda de 256,11 metros cuadrados y tercera de 184,88 metros cuadrados.

El inmueble había sido adquirido el 25 de junio de 1963 por la Delegación Nacional de Sindicatos a la Fundación Castellanos-Mendeville, Casa San José y San Lorenzo, mediante escritura otorgada ante el notario madrileño Hipólito Rodríguez, por un importe de 10.000.000 de pesetas. En el inventario de 1976 figuraba destinado al Sindicato Nacional de la Marina Mercante y valorado en 44.100.000 pesetas. La inclusión del edificio en este inventario resulta especialmente relevante porque refleja su situación patrimonial en el momento de la creación de la AISS, tras la desaparición de la Organización Sindical Española, y permite documentar la continuidad administrativa de la titularidad y del uso del inmueble durante el proceso de transición institucional de 1976.

El estreno de la Marina Mercante

El 'Diario Palentino' publicó en su portada la inauguración de la sede del Sindicato de la Marina Mercante (1964). Fuente: Biblioteca APM

Tras unos meses de intensas obras, el cambio de función fue radical. Las antiguas dependencias residenciales y las estancias vinculadas a la etapa benéfica tuvieron que adaptarse a una actividad administrativa. Los salones dejaron paso a despachos; los espacios domésticos, a oficinas. El palacete comenzaba a adquirir una nueva fisonomía interior.

El 19 de enero de 1964 se inauguró oficialmente la nueva sede del Sindicato Nacional de la Marina Mercante. El acto contó con la presencia de José Solís Ruiz, ministro secretario general del Movimiento y delegado nacional de Sindicatos, y de Pedro Nieto Antúnez, ministro de Marina. Según la crónica publicada por ABC, el 19 de enero de 1964, en el edificio quedaron agrupadas trece entidades sindicales vinculadas al sector marítimo: “Después de la bendición de los locales, Azcárraga (el presidente del sindicato) pronunció unas palabras de ofrecimiento de la nueva sede a los ministros, a los cuales agradeció su presencia en el acto manifestando que este segundo año de vida del Sindicato la actividad seguiría con mayor ritmo hacia la meta de consolidación total del mismo”.

El lamento de González-Ruano

Pero la transformación del edificio no podía entenderse únicamente desde los registros, las escrituras o los inventarios. Había otra historia más íntima: la de lo que se perdió.

Décadas antes, César González-Ruano había conocido a Mercedes Castellanos y había entrado en aquel mundo de elegancia y alta sociedad que rodeaba a la propietaria del palacete. La APM conserva la entrevista publicada en Estampa, el 24 de abril de 1928, en la que el periodista conversó con Mercedes en su residencia, en plena expectación por su anunciada relación con Miguel Primo de Rivera.

González-Ruano pertenecía a un Madrid en el que las casas también hablaban de sus propietarios. El palacete de Juan Bravo representaba ese universo de buen gusto, refinamiento y vida social que Mercedes Castellanos había convertido en parte de su identidad.

Por eso, el cambio que llegaría después puede contemplarse también como una pequeña tragedia estética. Al convertirse en sede sindical, las necesidades administrativas exigieron transformar sus espacios interiores. Las estancias señoriales se fragmentaron, los salones se adaptaron a oficinas y aquella arquitectura concebida para la vida privada tuvo que someterse a las necesidades de una institución burocrática.

La casa conservó su presencia exterior, pero su interior comenzó a contar otra historia.

El Madrid elegante de entreguerras iba desapareciendo poco a poco bajo los tabiques, los despachos y los nuevos usos. Y Juan Bravo, 6 pagó también el peaje de una época en la que numerosos palacios y viviendas señoriales de Madrid fueron sustituidos, transformados o demolidos para dejar paso a una ciudad más funcional y moderna.

El palacete sobrevivió a la piqueta exterior pero no salió completamente indemne.

Un estallido de tensión política

La nueva etapa apenas había comenzado cuando el edificio se convirtió en escenario de un episodio de carácter político. El 27 de mayo de 1964 se produjo la explosión de un artefacto en la entrada del inmueble, sede entonces del Sindicato Nacional de la Marina Mercante. El atentado no causó víctimas y los daños fueron de escasa importancia, pero el episodio introdujo de golpe en la historia del palacete en el contexto político que atravesaba la España de aquellos años.

Hasta entonces, Juan Bravo, 6 había sido sobre todo una casa y ahora también era un símbolo. Una dirección vinculada a una institución del régimen acababa de convertirse en objetivo de una acción política. La bomba no consiguió destruir el edificio, pero dejó una nueva cicatriz en su historia.

 Los años del Patrimonio Sindical

Portada de la revista de la Unión de Oficiales de la Marina Mercante (UOMM) (1964). Fuente: Biblioteca APM

Víctor Olmos, en su exhaustiva historia de la APM La Casa de los Periodistas, dedica a esta etapa el capítulo titulado “Del Palacio al Palacete”, donde explicaba de forma muy concisa los hechos acontecidos.

Durante la década siguiente, la historia del palacete pasó de los cambios de uso a los cambios jurídicos.

La Ley Sindical de 17 de febrero de 1971 inició una nueva etapa en la organización y regulación de la estructura sindical española. El patrimonio de aquella organización comenzó a quedar sometido a una progresiva ordenación administrativa.

En la documentación patrimonial aparece entonces una fecha especialmente significativa: el 9 de agosto de 1974. La fecha está relacionada con la situación jurídica de la finca de Juan Bravo, 6 y con su incorporación al Patrimonio Sindical. Se trataba de un trámite aparentemente burocrático, pero que acabaría teniendo una importancia decisiva cuando, pocos años después, desapareciera la Organización Sindical Española.

El palacete había pasado ya por varias vidas. Ahora entraba en la última etapa de su existencia como inmueble vinculado al aparato sindical del franquismo.

El final del Sindicato y un nuevo destino

Aquel edificio que había sido residencia privada, institución benéfica y sede del Sindicato Nacional de la Marina Mercante estaba a punto de iniciar una nueva etapa. Tras casi dos décadas vinculado al patrimonio sindical, su historia daría un nuevo giro con la llegada de la Asociación de la Prensa de Madrid.

La casa había sobrevivido al paso del tiempo y a los profundos cambios políticos y sociales de Madrid. Ahora comenzaba una nueva vida: la de convertirse en la casa de los periodistas madrileños.

Juan Manuel Bernardo Nieto
Archivo y Biblioteca de la APM

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