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Ante la desinformación, hay que crear comunidades antibulos

Montes, Canel, San José, Baeza y De la Hoz. Foto: Elena Hidalgo / APM

Para combatir la desinformación, es necesario conformar comunidades “que quieran entrar en ese agujero que hoy es WhatsApp” y, desde dentro, desmentir bulos e intentar evitar que se viralicen, según señaló Julio Montes (@Montesjulio), cofundador de Maldita.es, en la XXIII Edición del Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), celebrada el 4 de abril en la sede de la APM. Asimismo, debe haber coordinación entre periodistas y medios, creando proyectos colaborativos para parar la desinformación y recuperar la credibilidad. “Esta época de desinformación es una oportunidad para el periodismo, porque volvemos a ser necesarios”, dijo.

Durante el debate, que trató sobre “Comunicación política y desinformación” y fue moderado por Antonio San José (@asanjoseperez), directivo de la APM, Montes invitó a periodistas y medios a “dejar de pensar desde una perspectiva de élite, porque la gente no sabe ni se preocupa por los mismos temas que nosotros, ni Twitter es el mundo”. Apuntó que las temáticas sobre las que se generan más bulos son la inmigración, la mujer y, en España, el procés.

Por último, el cofundador de Maldita.es aclaró que cada día hay más webs que imitan el formato de medios de información; “pero no lo son, son webs que se hacen pasar por medios de comunicación, como Mediterráneo Digital, Caso Aislado, El Municipio, El Debate, La Tribuna de España, El Correo de Madrid, El Matinal, Diario Patriota, El Diestro y Diario Seis”.

Para Lorena Baeza (@Lore_Baeza), periodista de Newtral y de “El Objetivo”, de La Sexta, “hay un vínculo muy estrecho entre la comunicación política y la desinformación. En todos los mítines encontramos datos o hechos incorrectos, de todos los partidos. La mentira no tiene un color político”. Por ello, estimó que se ha convertido en “un reto para los periodistas” saber qué es cierto y qué no de cada declaración de los políticos, que se afronta con “fact-checking, que es hacer buen periodismo, comprobar cada dato, aportar contexto, buscar la fuente original, hablar con los expertos para dar la información y la verificación más completa posible”.

Ante ello, Lucía Méndez (@LuciaMendezEM), periodista de “El Mundo” y directiva de la APM, se cuestionó “cómo es posible que todos los líderes políticos mientan, una realidad que no por asumida deja de ser escandalosa”. Argumentó que “la mentira ahora no se penaliza, por lo que todos los políticos se permiten el lujo de mentir”. Y elevó la crítica a las grandes plataformas tecnológicas, las cuales son “ahora, en términos generales, las que están manejando la sociedad”, cambiando la forma de pensar de los ciudadanos y también de los periodistas y los medios. Estos últimos, “particularmente los periódicos, están buscando su lugar en el mundo”, dada la “crisis de intermediación” de la información a la que se han visto sometidos.

Cambio de paradigma político y comunicativo

Cué, Méndez, Fumanal y Sanz. Foto: Elena Hidalgo / APM

Según Carlos E. Cué (@carlosecue), periodista de “El País”, no ha variado sustancialmente el número de ciudadanos que se interesa por la información, en este caso, política; sin embargo, “se está perdiendo el liderazgo de las personas bien informadas”. En su opinión, dichas personas debieran ser “un gran límite” para la desinformación. Además, expuso que el fraccionamiento del electorado ha posibilitado que la mentira “cada vez tenga menos coste”, al dirigirse los partidos a grupos cada vez menores y plenamente convencidos de su ideología política. En palabras de Cué, “se han roto todos los códigos, y es imposible desmentir todo lo que dicen los políticos. Hay mucho más trabajo que nunca para el periodismo, y no nos vamos a rendir. Los que desinforman han cambiado el paradigma, y lo tenemos que cambiar también nosotros”.

Coincide en ello Gabriel Sanz (@Gabrielsanz64), jefe de sección Política y Nacional de Vozpópuli y directivo de la APM, para quien “las mentiras en política son moneda común en campañas electorales desde siempre. Lo que ocurre es que se ha roto el paradigma: el panorama se ha abierto y ampliado, tanto para políticos como para periodistas, que ya no somos los prescriptores de la información y la opinión”. Y añadió: “Los bulos caen en terreno abonado, lo cual hace más complicado luchar contra la desinformación”.

Así, para Cristina de la Hoz (@delahozm), periodista de El Independiente, “la gran ventaja de las noticias falseadas es que pueden ser creíbles” entre los ciudadanos que buscan reafirmar sus prejuicios, “lo que hace que tengan una gran penetración”, especialmente gracias a las redes sociales. “Vivimos un proceso de fragmentación absoluto, en la política y en los medios, que es un caldo de cultivo idóneo para la desinformación”, remató.

Apelar a la emoción para anestesiar la razón

Durante el Laboratorio de la APM, María José Canel (@mariajoseCANEL), experta en Comunicación Política en el Sector Público y vicepresidenta de la Asociación de Comunicación Política, puso el acento no solo en chequear fuentes y en descifrar si los datos son verdaderos o falsos, sino también en ser cautelosos ante la construcción por parte de los políticos de historias atractivas para sus públicos, con objeto de ocultar la debilidad de los argumentos políticos. “La posverdad banaliza contenidos apelando a la emoción para anestesiar la capacidad de la razón de identificar una falsedad”, esclareció. Y defendió la relevancia de respetar los auténticos significados de las palabras, tanto en los discursos políticos como periodísticos, y utilizarlas siempre de forma rigurosa.

Por último, la politóloga Verónica Fumanal (@veronicafumanal), directora del Estudio de comunicación Verónica Fumanal, recalcó la dificultad también desde los departamentos de comunicación para luchar contra la desinformación, debido a la disonancia cognitiva, según la cual “uno debe sentirse ratificado en sus creencias y lo demás le genera ruido”. Así pues, “el periodismo tiene perdida la batalla de los datos frente a las emociones”. Fumanal habló de “banalización política”: “A la gente no le interesa la política, le interesa las historias de la política, los cotilleos, el ‘Sálvame’ de la política”. Y concluyó: “Los políticos mienten, efectivamente, y los periodistas también”.

 

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