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Isaac J. Martín: El ‘freelance’ es un superviviente, trabaja en unas condiciones que pueden rozar la esclavitud

Isaac J. Martín informa desde el colegio electoral en Erbil (Irak), durante el referéndum del Kurdistán, en septiembre de 2017. Foto: Efe.

Juventud, talento e ilusión son algunos de los calificativos que definen a Isaac J. Martín, corresponsal de Oriente Medio para la Agencia Efe, reconocido por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) con el Premio APM al Periodista Joven del Año 2017.

Con base en El Cairo (Egipto) desde finales de 2016, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. Desde que finalizó sus estudios, ese mismo año, lleva dedicándose al periodismo internacional en algunas de las zonas más complicadas del mundo. En el verano de 2016, aterrizó en Marruecos de la mano de El Mundo y, poco después, en diciembre, comenzó su trayectoria en la Agencia Efe. Ahora, el jurado de los Premios APM ha valorado “su entrega y profesionalidad en la cobertura multimedia de distintos acontecimientos en la zona de Oriente Próximo en 2017, con informaciones que buscan los ángulos más humanos de los protagonistas, más allá de los conflictos que se viven en la zona”.

– Enhorabuena por el galardón, ¿qué supone para usted que la APM le considere el mejor periodista joven de 2017?

Es un reconocimiento muy grande que distingue la trayectoria de un año bastante intenso. No solo es un reconocimiento a mí, sino al periodismo de agencia, que siempre procuramos estar en primera línea. Nuestro trabajo, normalmente, está bastante en la sombra.

– ¿Cómo llegó a la información internacional?

De alguna manera, siempre he vivido la información internacional: me he criado con mis abuelos, que fueron emigrantes en Alemania y volvieron justo cuando nací. Mis primeras entrevistas fueron a ellos, sobre su vida en Alemania y lo difícil que fue irse allí. Por otro lado, siempre me ha atraído todo [lo relacionado con] el mundo árabe. Las llamadas primaveras árabes, que me pillaron cuando empezaba Periodismo fueron como un flash, un primer punto de inflexión que me hizo tenerlo muy claro desde el primer año de carrera.

– ¿Cómo empezó a cubrir Marruecos para El Mundo nada más finalizar sus estudios?

En verano de 2015 entré en El Mundo como becario. Me alargaron la beca, estuve en Últimas noticias y, luego, me pasaron a Internacional. Tuve la oportunidad de ir a Túnez y probar sobre el terreno, y la experiencia fue buena. Luego me gradué y, al día siguiente, ya estaba en Marruecos cubriendo las elecciones del Sáhara, cuando salió Brahim Salem.

– Luego pasó a la Agencia Efe.

Quedó una plaza vacante en El Cairo, me contactaron y al poco tiempo me vine aquí. Fue un salto también por las condiciones, sobre todo económicas. Nunca me había visto en Egipto y fue una aventura. Estoy muy contento y agradecido de que se me ofreciese la plaza.

Los periodistas locales son realmente los valientes, porque conocen la situación, el país y, aún así, se dedican a ello

– ¿En qué condiciones se ejerce el periodismo en lugares de conflicto como Oriente Medio y el Norte de África? ¿Cuáles son las mayores dificultades?

Depende de si eres freelance o estás en plantilla en un medio. Las condiciones son difíciles. En primer lugar, te tiene que gustar mucho Oriente Medio y el Norte de África, porque si no te gusta acabas un poco hastiado de todos los obstáculos que te ponen prácticamente a diario. Aquí no existe el tiempo. Su frase típica es: mañana si Dios quiere. Eso para el periodismo de agencia no vale. Entonces, es una lucha continua para conseguir las fuentes, la información y, luego, asusta cuando haces una cobertura con una cámara de vídeo. Aparte, los permisos se renuevan cada mes con el Ministerio del Interior y tienes que lidiar con las autoridades cuando sales a la calle.

La verdad es que no es fácil el trabajo. La burocracia es una de las partes más difíciles con las que tenemos que lidiar. Luego, sobre el terreno, lo más difícil es conseguir la información. Las fuentes son muy complicadas, no suelen hablar y la accesibilidad es prácticamente nula. A la hora de informar, están muy pendientes de lo que informas y de las fuentes que estás utilizando.

– ¿Cuándo es más complicado ejercer, cuando eres un periodista extranjero o cuando eres local? ¿Existen diferencias?

Cuando eres un periodista local, sin duda. Hay muchísimas diferencias. Por ejemplo, a mí, en el caso de que me ocurriese algo en Egipto, tengo una embajada, un pasaporte y se me puede poner un avión con dirección a España. El destino de un periodista local es la cárcel. Y muchísimas veces no sabes el paradero de ese periodista, como ha ocurrido en estos últimos meses con bastantes compañeros en Egipto. Para mí, ellos son los periodistas valientes, porque son los que realmente conocen la situación, conocen el país y, aún así, se dedican a ello. No tienen todas las oportunidades que tenemos nosotros. Además, cuando se deporta a un periodista extranjero hay mucha repercusión, pero cuando se habla de periodistas locales no hay tanta y gracias a ellos obtenemos la información. Son los grandes desconocidos.

El premiado en Nigrig (Egipto), en el pueblo donde nació el jugador egipcio Mohamed Salah, mientras hacía un reportaje sobre las esperanzas de la humilde población para ser como Salah. Foto: Azza Guergues

– ¿Ha sufrido algún tipo de presión o represalia por sus informaciones?

Por el momento, en Egipto no, pero sí conozco casos de compañeros.

En Marruecos sí hay muchísima más presión. Hay unas líneas rojas que no se tienen que cruzar y si lo haces tienes que ser consecuente con ello. Hay muchísima restricción, aunque cuando he ido a ese país no he tenido ninguna advertencia ni amenaza, presión sí.

– Ha sido reportero freelance con El Mundo y, ahora, está en plantilla en la Agencia Efe. ¿Considera que está bien pagado?

En mi caso, una de las razones de pasar de freelance a estar en una plantilla fue la económica. Es muy triste decirlo, pero tengo que agradecer, con la edad que tengo, estar trabajando en el puesto que quiero, en los países que quiero y tener un sueldo fijo. El hecho de tener un sueldo fijo y de que se me paguen los viajes para hacer una cobertura, de tener unas dietas, un seguro… Lo único que puedo decir es que estoy bien. En mi caso, no tengo ninguna queja ni me veo con el derecho de tenerla cuando luego tengo compañeros cuyo trabajo no se ve recompensado.

– ¿Ha afectado a las corresponsalías la precariedad que se vive en los medios?

Sí, donde más lo he podido sentir es sobre el terreno, que es donde más se ha recortado. Muchos compañeros tienden a hacer menos cobertura sobre el terreno porque no es barato y se trabaja más desde la oficina. Los corresponsales y reporteros tendemos a ir a países que económicamente son más baratos. Por ejemplo, Egipto. Líbano es una buena zona para informar, pero es muy caro. Por eso se tiende a ir a Turquía o a Egipto. Por ejemplo, Dubái como freelance es impensable.

– Imagino que esta precariedad afectará de forma más fuerte a los reporteros freelance.

Sí, el freelance es un superviviente y [trabaja] en unas condiciones que, es un poco fuerte decirlo, pueden rozar a veces la esclavitud, de estar horas y horas trabajando para poca recompensa. Incluso, a veces pierden dinero. Lo de la vocación está muy trillado. Realmente, tienes que pagar las facturas cada mes. Esto es un trabajo muy necesario pero que como no se pague se va a ir acabando. Uno de los problemas es que se va perdiendo la figura del corresponsal.

Se tiene que pagar por la información de calidad

– ¿Esta problemática también la están acusando los medios extranjeros?

Hay muchísima diferencia. Por ejemplo, hay británicos freelance que con dos o tres piezas al mes pueden pagar las facturas perfectamente. Se comenta cómo se vive en España y no dan crédito. De hecho, la pregunta es: ¿cómo vives? Los franceses o americanos también cobran bien. Tiene que ser así. Se tiene que pagar por la información de calidad.

– ¿Por qué cree que en España no ocurre lo mismo? ¿Las piezas tienen menos calidad?

Nuestras piezas tienen muy buena calidad. Todos mis compañeros son unos jabatos trabajando, pero no se apuesta por el periodismo y, sobre todo, el gran problema es el conformismo. El conformismo es lo que está matando poco a poco la profesión del periodista.

Isaac J. Martín. Foto: Carlos Gil.

– ¿A qué se refiere?

El conformarse con una fuente o citando a un medio. Es decir, por ejemplo, reciclando al New York Times -como decimos en la jerga periodística-, sacamos la pieza, que la gente le dé al clic y que se fomenten las visitas y ya ¿para qué ir sobre el terreno? En la información internacional se está tendiendo mucho al conformismo. Se necesitan muchas fuentes y estas se consiguen en el terreno y lo que ocurre es que ya no se apuesta por eso. Los medios españoles no están apostando por eso.

– ¿Se puede deber a que existe falta de interés de la sociedad española por la información internacional?

Al público español le gusta mucho ese hiperlocalismo. Lo que ocurre en la esquina de su casa. Es comprensible. ¿Para qué vamos a mirar fuera cuando nosotros ya tenemos nuestros propios problemas? Suele interesar Europa, pero la región de Oriente Medio y Norte de África no interesa, a no ser que haya un ataque, una desgracia o que ciertas potencias internacionales estén actuando en un país.

– Leyendo a Rosa María Calaf hace unos días, ella alertaba de que hay una voluntad de ir desacreditando a la prensa. ¿Sucede también en este tipo de países?

Sí, continuamente. Cuando hay una información contraria a la versión oficial, dicen: los medios extranjeros manipulan la realidad. Hace unos meses deportaron a la periodista de The Times Bel Trew; la BBC tuvo problemas por un reportaje que emitió y que tuvo una repercusión enorme; Al Jazeera está completamente vetada, y The New York Times también ha tenido bastantes problemas. Es un obstáculo más de todos los que tenemos.

Foto realizada por J. Martín antes de uno de sus viajes a Irak.

– ¿Qué se necesita para ser un buen periodista en estos lugares?

Se necesita no tener miedo. No en el sentido de ser valiente, sino de echarte a la calle, hablar y dar la cara y echarle morro. Hay que echarle cara al asunto porque, si no, no consigues la información. Una parte fundamental para el periodista es estudiar previamente cómo se debe actuar en estos lugares, además de saber cómo hablar, escribir y tratar a las fuentes.

Mi sueño se ha hecho realidad y soy muy afortunado, pero también he trabajado para ello

– ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Aparte de los idiomas y de conocer culturas que pensabas que eran lejanas, el contacto del día a día con las fuentes, poder hablar cara a cara con ellos y conocer sus historias. Lo que más me gusta es que aprendes a vivir. Aquí se vive el día a día. Para qué vas a pensar en el futuro si, conociendo historias de los demás, entiendes que en un momento te puede cambiar toda tu vida, sobre todo en estos países.

– ¿Qué le recomendaría a los que están estudiando ahora Periodismo?

Que no se desanimen. No se puede estar sentado en una silla o en un sofá esperando. Les digo que se levanten, que no esperen hasta el último año de universidad para darse cuenta de “ahora me toca un trabajo”. Que se levanten, que viajen, que lean muchísimo, que conozcan culturas, y, sobre todo, es básico aprender idiomas. Nosotros estamos en contacto con las fuentes y, aunque es cierto que tenemos traductores, no es lo mismo. El hecho de aprender idiomas me ha abierto muchas puertas.

– Entonces, ¿se puede aún soñar con ser corresponsal?

En el momento que dejas de soñar, para qué vas a seguir luchando, ¿no? Mi sueño se ha hecho realidad y soy muy afortunado, pero también he trabajado para ello. No he estado quieto en ningún momento. Claro que se puede conseguir y yo soy un ejemplo. Dentro del contexto actual, creo que ha sido más posible conseguir un puesto en el extranjero como corresponsal que en un medio en Madrid.

Para aquellos que quieran ser corresponsales, un consejo es que en ningún momento acepten prácticas no remuneradas, porque nosotros mismos somos los que estamos denigrando nuestra profesión. La estamos devaluando si aceptamos condiciones que son pésimas. A partir de que aceptamos esas condiciones, nosotros mismos somos los culpables.

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