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Nativel Preciado: La televisión que confunde información y espectáculo ‘no tiene mucho futuro’

Nativel Preciado: La televisión que confunde información y espectáculo ‘no tiene mucho futuro’
Nativel Preciado. Foto: Pablo Vázquez / APM

La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha reconocido a la periodista y escritora Nativel Preciado con el Premio APM de Honor 2017, que se otorga en reconocimiento a los méritos de toda una vida profesional. El jurado valoró su extraordinaria trayectoria profesional, comprometida desde siempre con un periodismo de calidad, riguroso, verificado y contrastado, destacando las buenas fuentes que maneja, su moderación, ecuanimidad y buen juicio.

Un buen juicio que se antoja absolutamente imprescindible en el actual entorno informativo, en la era de la posverdad. Pese a que “la apariencia de verdad interesa más que la verdad”, afirma Preciado, “los periodistas serán siempre necesarios, al tener la capacidad de seleccionar la verdad entre las mentiras”.


– ¿Qué significa para usted ser reconocida con el Premio APM de Honor 2017?

Es de los premios buenos, buenos. Primero, porque no te presentas; y la sorpresa es increíble, no tenía ni la menor idea cuando me llamó Victoria Prego para decírmelo. Y segundo, te eligen los compañeros, y eso es realmente un espaldarazo. Además, es el reconocimiento a toda una vida, aunque esto es bueno por una parte y, por otra…, pues toda otra vida me queda por delante. Pero, de verdad, me ha hecho especial ilusión.

– Y en esa otra vida, ¿qué tiene ganas de hacer profesionalmente?
Necesitaría un poco más de reposo. Porque en esta época que me ha tocado vivir, y a esta edad, resulta que la intensidad informativa es como la que había al principio de mi carrera. Hay cosas que no me quiero perder, pero llega un momento en el que piensas que sería mejor llevar una vida más sosegada y reflexiva. Me encantaría dedicarme a escribir fundamentalmente. Me gustaría ver desde lejos la situación política, y tratar de contarla de una manera más reposada.

Nativel Preciado, durante la entrevista. Foto: Pablo Vázquez / APM


– ¿Este momento político convulso en España está siendo positivo para el periodismo español o, por el contrario, se está desaprovechando la oportunidad informando parcialmente?

Creo que estamos en uno de esos baches históricos, en los que parece que el progreso se detiene y llegamos a un periodo de regresión: se pierden libertades, se utilizan temas importantes de Estado de modo partidista…Y la mala calidad de la política incita a la mala calidad del resto de las cosas, incluido el periodismo. Lo mismo que los políticos quieren defender su partido, su sectarismo, su oportunidad política, parece que los medios van hacia esa deriva: defender un titular, una exclusiva, sin ser lo suficientemente reflexivos y sin cumplir las normas de la profesión.

Tenemos vicios adquiridos que se están exacerbando. No es el mejor momento para el periodismo, a pesar de que hay una actualidad informativa apasionante. Tenemos que pararnos a pensar si estamos contribuyendo al caos sociopolítico del país y en que no se puede seguir por este camino.

– ¿En qué se diferencian el celebrado periodismo de la transición y el actual?
Entonces, todos teníamos la sensación de que el objetivo era común: queríamos salir de una situación política dramática y desagradable. Todos empujábamos hacia el mismo lugar.

Las circunstancias históricas obligan siempre a los ciudadanos y a los profesionales a ponerse a la altura de ellas. Cuando nos exigen mucho, sacamos lo mejor de nosotros mismos. Cuando esas circunstancias se deterioran, se pierden valores éticos fundamentales y parece que todo vale, nos relajamos y somos inconsecuentes, frívolos y nos olvidamos de los objetivos. Aún así, sigo defendiendo muchos aspectos de esta profesión, que para mí ha sido un privilegio ejercerla.

– ¿Y en qué ha mejorado más la profesión de aquellos tiempos a estos?
Hay muchos más medios que antes. Somos menos ingenuos. Los periodistas están mucho más formados que antes, que teníamos la ola a favor; entonces, incluso había mucho intrusismo, con buena voluntad, que salía adelante en medio de una situación favorable. Ahora, veo a compañeros que se esfuerzan y que hacen un gran trabajo. Sin embargo, no está reconocido como se debiera, habiendo gente que trabaja de sol a sol. Hay buenísimos profesionales, los cuales creo que podrán con el ambiente y saldrán a flote.

– En su extensa carrera, ha pasado por numerosos medios: el diario “Madrid”, “ABC”, “Tiempo”, Onda Cero, la SER, Antena 3… ¿De cuáles conserva los mejores recuerdos? ¿Y los peores?
Hay una máxima que dice que a quien te enseña algo por primera vez no le olvidas jamás. Donde aprendí de verdad a ejercer el periodismo fue en el diario “Madrid”. Pasé de sección en sección, y aprendí de los veteranos de allí. Tampoco se me olvida la trayectoria en “Tiempo”, en la que hice mis mejores cosas y he conseguido más reconocimiento. Salí fotografiada con todos los delincuentes del país, a los que previamente entrevisté. Crónicas, viajes, he cumplido muchos sueños en esa dilatada etapa.

Y precisamente, uno de los golpes más fuertes, además de la voladura del diario “Madrid”, fue la desaparición de “Tiempo”. Fue triste, porque he escrito en ella todas las semanas de mi vida desde 1982 a 2018. Yo escribo fundamentalmente, me dedico a la escritura; y después de la prensa, en la radio también he vivido momentos muy especiales junto a profesionales extraordinarios. Ahora, inevitablemente, la televisión es un elemento más de cualquier periodista.

– Distintas encuestas hablan de un crecimiento de la banalización de los contenidos, especialmente –no solo– en la televisión. ¿A qué se debe esta tendencia?
Al dinero. A que hubo algún directivo de alguna cadena de televisión que dijo que esto era un soporte de publicidad para ganar dinero, no para formar, entretener… A partir de ese momento, la competencia va por ahí. La televisión de la confusión del espectáculo y la información no tiene mucho futuro. Ya se sabe que los jóvenes no consumen esa televisión, y que hay una línea incipiente de televisión a la carta: se prefiere pagar por ver algo bueno que dejarte llevar por determinados programas.

– ¿Nota mucha diferencia entre las tertulias televisivas actuales y las de antes?
Antes, eran muy reposados; ahora, hay que luchar, no por hablar, sino por dar un solo titular. De las tertulias televisivas salgo con la sensación de que he dicho lo que no quería decir, porque me he visto arrastrada por el momento. Y lo que quería decir, que era un pensamiento reflexivo y reposado, no me ha dado tiempo. Ello te crea cierta frustración.

Ahora bien, si se vuelve a ver un programa de “La Clave”, que estaba mitificado y era extraordinario, excepto los contertulios emblemáticos, que eran excepcionales, me voy atrever a decir sobre el resto que no hay quien soporte sus parrafadas gigantescas. Tampoco eso era bueno. Ni el desmadre de antes ni el de ahora.

– ¿En qué se ha avanzado desde que usted comenzó a trabajar como periodista en cuanto a igualdad entre sexos en la profesión?
En el diario “Madrid”, cuando empecé, solo estábamos dos mujeres: Juby Bustamante y yo. Estábamos muy concienciadas en conseguir derechos para las mujeres. Yo hacía colaboraciones en la revista “Vindicación Feminista”. Éramos muy radicales, y he tenido problemas por ello.

En los 80 avanzamos muchísimo y de una manera muy veloz. Luego me di cuenta de que esos avances, si no se defienden, se pierden, como todos los derechos. Ha habido una época regresiva. Y desde los casos de agresión de Hollywood, está habiendo una dosis de vacuna. Los derechos no se perderían si periódicamente hubiera dosis de recuerdo, como las vacunas. Si se explican y se recuerdan periódicamente los derechos de las mujeres, creo que el movimiento actual es imparable, porque las mujeres ya están a la vanguardia en la defensa de muchos derechos.

Nativel Preciado, en la sede de la APM. Foto: Pablo Vázquez / APM

– ¿Ve posible a corto plazo romper el techo de cristal y la brecha salarial entre sexos en el periodismo?
Es necesario romper el techo de cristal de una manera global. De poco sirve que se rompa en la profesión periodística si luego las mujeres se tienen que ir de las reuniones antes a casa a cuidar de los hijos o de las personas dependientes. La revolución pendiente de verdad es la revolución educativa. Desde las escuelas ya se debe explicar que hay que compartir las tareas y demás.

– Pasaron los procesos de despidos masivos y los ERE, pero se quedó la precariedad. ¿Es menor la capacidad actual de resistir a las presiones que se reciben a la hora de informar?
Ahora, el periodista no se siente amparado por su medio, por sus jefes directos, por tener una situación económica decente. Así es complicadísimo defender los valores de esta profesión.

Yo, por ejemplo, defendí la reforma de la ley del aborto en la COPE; en la revista “Tiempo”, publiqué entrevistas que los entrevistados querían cambiar todo previamente, amparada por el director. Todo eso he tenido el privilegio de vivirlo en esta profesión; ahora, creo que sería muy difícil conseguir situaciones similares.

– “Lo inestable es permanente; lo estable, pasajero. ¿En qué mundo vivimos?”, se pregunta El Roto en una de sus viñetas. La inestabilidad laboral en el periodismo no parece el mejor caldo de cultivo para ejercer de contrapoder.
No. Aún a estas alturas de mi vida, me llegan algunas ofertas de trabajo con salarios miserables o incluso gratis, a lo cual contesto con el lema del grupo de presión #gratisnotrabajo. Te ofrecen cosas a cambio del trabajo, como si estuviéramos en la época del trueque. Si eso me pasa a mí, qué no hacen con la gente joven, que tiene capacidad, talento y formación. Es indigno someter a una persona a lo que a mí me parecen vejaciones.

– Decía el periodista José Cervera en “Cuadernos de Periodistas” que “el problema no está en las noticias falsas, sino en que al receptor no le importa que lo sean”, refiriéndose a las burbujas de opinión. ¿Qué opina usted de la proliferación actual de noticias falsas?
La apariencia de verdad interesa más que la verdad. Aunque dicen que nos van a sustituir las máquinas, los periodistas serán siempre necesarios, al tener la capacidad de seleccionar la verdad entre las mentiras, porque tienen la formación apropiada para ello.

– Hace algunos días falleció Tom Wolfe, reconocido como el inventor del denominado “nuevo periodismo”. ¿Usted, galardonada escritora y periodista, ve oportuno usted combinar elementos literarios con los propios de la investigación periodística?
Lo considero tan oportuno que mi ídolo es Truman Capote, o Gay Talese o muchos otros. García Márquez, Vargas Llosa y todos los grandes han escrito crónicas literarias, siempre que no se invente la realidad. Y esto es lo que fundamentalmente me gustaría hacer a partir de ahora. No quiero retirarme nunca, pero sí dedicarme a escribir de una manera reposada todo lo que he aprendido y lo que no he podido contar.

– También ha escrito sobre las redes sociales y las nuevas tecnologías preponderantes en la actualidad. Ya con algo más de perspectiva desde su irrupción, ¿qué han supuesto para el mundo del periodismo?
Un cambio tan revolucionario como tantos otros que vivió el periodismo, y un cambio para bien. Lo que pasa es que los inicios de cualquier cambio revolucionario implican mucha confusión y mucho buitre alrededor que se aprovecha de esas ventajas y lo ensucia todo. Pero lo positivo prevalece sobre todo lo demás. Solo pensar que antes, para documentarme en una entrevista, tenía que pasar tres días en una hemeroteca para conseguir cuatro o cinco datos… Y sin embargo, los consigues ahora con un solo clic.

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