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ENTREVISTA AL PREMIO APM DE HONOR

Víctor Márquez Reviriego: ‘Lo que más me enorgullece de mi vida profesional es que lo que me han pagado lo he trabajado con creces’

20/05/2026

14:07

Escrito por: María Jesús García

Entrevista al periodista reconocido por la Asociación de la Prensa de Madrid con el Premio APM de Honor 2025, uno de los columnistas y comentaristas políticos fundamentales de la Transición.

Aunque él afirma que ya está fuera del mundo público, lo cierto es que el nombre de Víctor Márquez Reviriego se sigue citando como uno de los cronistas más relevantes del parlamentarismo español durante aquellos años de la Transición, la cual, sin duda alguna, supo contar y analizar como pocos.

Es por ello que la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) le ha reconocido con el Premio APM de Honor, por ser, como figura en el acta del Jurado, “una de las más fértiles trayectorias como periodista, independiente, leal a su propia conciencia, ejemplar y brillante. Desde sus inicios a principios de los años 60, Víctor Márquez Reviriego ha vivido pegado a la actualidad, destacando su etapa de cronista parlamentario entre 1977 y 1981. Testigo privilegiado de los primeros pasos de la democracia parlamentaria española, su columna ‘Apuntes parlamentarios’, de la revista Triunfo, constituyó uno de los hitos principales en su obra periodística, con la que recuperó la mejor tradición de los cronistas de las Cortes. Su talento y tutor de jóvenes periodistas dejó huella en medios tan sobresalientes en los años de la Transición como Cambio 16 o Tribuna, y colaboró en los principales periódicos y medios nacionales como Diario 16, El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, La Codorniz, Hermano Lobo, Tiempo, Leer, Antena 3 Radio, Cadena SER, COPE, TVE y Antena 3 TV. Ya en el nuevo siglo, fue jefe de prensa de la Oficina del Defensor del Pueblo, Enrique Múgica. Un ‘Maestro del Periodismo’ al que muchas generaciones deben su pasión por la información”.

Márquez Reviriego recibe a Apmadrid.es en el despacho de su casa rodeado de multitud de libros, carpetas y manuscritos -tiene una letra pulcra y esmerada- que va mostrando concienzudamente a la entrevistadora mientras habla. Porque, según explica, “me gusta documentar todo lo que digo”. Y como el brillante periodista que aún es, sabe hacerlo muy bien.

- Ha recibido vario premios; entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo, ​el Premio Espejo de España, el Premio González-Ruano y la Medalla de Andalucía. ¿Qué significa para usted este galardón que le ha otorgado la APM?

- Sé que me han presentado otras veces y lo agradezco muchísimo. Lo que han dicho es muy bonito, muy generoso y excesivo. Y bueno, resulta que esta vez sí ha salido; y estoy contento, porque yo estoy fuera del mundo público. A mí me sacaron del periodismo de Madrid antes de que terminara el siglo. Yo soy una persona del siglo pasado. Este año cumpliré 90 años.

Márquez Reviriego muestra el primer artículo que escribió en el diario 'Odiel', de Huelva, y que guarda en un álbum. Foto: María Jesús García / APM

- ¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?

- Yo empecé tardíamente en el periodismo, comencé a ejercer con 25 años ya. Pero aprendí a leer en un periódico, prácticamente antes de ir al colegio, porque me enseñó mi padre. Quería estudiar dos carreras: Filosofía y Letras y Periodismo, pero mi padre, que era azañista, me dijo: “¿Cómo vas a estudiar Periodismo, con la censura que hay?”. Total, que me convencieron para que estudiara para ingeniero. Después cambiaron de plan: estuve un año en la Facultad de Ciencias Químicas de Sevilla, y luego me vine a Madrid, no sabía qué hacer. Encontré a un amigo del colegio que estaba estudiando Ciencias Políticas y me matriculé; y resultó que descubrí que era mi carrera, que me gustaba mucho. Pero en el último año de carrera murió mi padre. Unos meses antes había enviado un artículo al periódico de Huelva, que me publicaron al día siguiente. De vez en cuando mandaba artículos, me los publicaban todos, sin conocerme ni saber quién era yo. Fui a pagar la esquela de mi padre al diario Odiel y me dicen que el director quiere verme. Me pregunta: “¿A ti te gusta escribir?”. Digo: “¡Hombre, por supuesto!”. “Pues te voy a hacer una propuesta: si te presentas a la Escuela Oficial de Periodismo, que hay exámenes en septiembre, te contrato como colaborador fijo con categoría de redactor”. Y así fue.

A diferencia de ahora, que hay miles de periodistas, entonces casi no los había con carné. Eran seis en toda la redacción.

Había periódicos de provincia del Movimiento en los que, si el director era más valiente o menos ultra, tenían más libertad, de lo cual me aproveché

- ¿Qué recuerda de aquella etapa?

- Estuve trabajando diez meses en Odiel. Estaba desde las diez y media de la noche hasta las cuatro de la mañana, porque se trabajaba de noche y se escribía muchísimo. Este es el primer artículo que escribí [saca un álbum de recortes y lo abre], fue el 30 de diciembre de 1961. Mi sección fija diaria se llamaba “Hablando Claro”, una columnita de crítica local. Esto sí lo podías hacer, o sea, te podías meter con el alcalde, pero no te podías meter con un ministro. El primero que tuvo repercusión fue uno que hablaba sobre el salario mínimo, decía que era una mierda -bueno, no dicho así- y que reprodujo una revista en Sevilla.

- ¿Y no se lo censuraron?

- Es que la prensa del Movimiento de provincias tenía una ventaja: la censura en provincias la llevaba el delegado provincial de Información y Turismo, y para no tener que estar toda la puñetera noche despierto, porque era por la noche, delegaba en el director del periódico. La censura en Madrid la hacía el Ministerio. Incluso, una vez censuraron a Franco, que tenía tres seudónimos para escribir y no sabían que era suyo el artículo. Entonces, había periódicos de provincia del Movimiento en los que, si el director era más valiente, o menos ultra o lo que sea, tenían más libertad, de lo cual me aproveché.

Sí que una vez me quitó un artículo que trataba de cosas sobre Alemania, hablando del pasado de nazis; aunque me dijo: “Tienes toda la razón en lo que dices”.

- Su siguiente etapa profesional importante fue en la revista Triunfo, donde estuvo 17 años. ¿Qué supuso para usted ese periodo?

- En el otoño del 63, me toca hacer los cuatro meses de cuartel; y en la primavera del 64, me voy para Madrid, porque no quería volver a Huelva. Yo tenía claro que, si eres periodista, tienes que estar en Madrid; y aquí estuve penando hasta que finalmente, a final de julio del 65, entro en Triunfo.

Pero el gran mérito de esta revista, que no se ha contado -porque la gente que escribe de Triunfo no ha estado nunca en la redacción viendo cómo era aquello-, es que con una redacción de revista mensual hicimos un semanario, todo a nuestras espaldas. Y es que sólo estábamos cuatro gatos en la redacción, el resto eran colaboradores.

Yo ahora estoy escribiendo la historia personal de Triunfo, vista por mí, la estoy escribiendo a mano. Está aquí, en estas carpetas, son cinco mil y pico páginas [abre una de las carpetas y lo muestra]. Y lo que espero, porque aquí se lee poco, es que alguna universidad americana, cuando yo me muera, se la compre a mis hijos.

El gran mérito de ‘Triunfo’ es que con una redacción de revista mensual hicimos un semanario

- ¿Cuál fue la crónica parlamentaria que más le marcó a usted en Triunfo?

- La que más me marcó fue la primera que escribí, ya que tuve la suerte de acertar. La primera crónica se llamaba “La tentación canovista”. Estamos hablando de julio de 1977 y vi lo que había pasado, vi cómo estaba el panorama. La historia que ha ocurrido es muy fácil contarla si ya la conoces, lo difícil es cuando la historia no ha sucedido. Y se me ocurre decir que lo que hay que hacer es un régimen bipartidista, predije lo que iba a ser la Transición. Como con Antonio Cánovas, que, por cierto, le llamé aquí “marrullero genial”. Porque efectivamente fue un genio, pero un marrullero.

El Premio APM de Honor 2025 durante la entrevista en su biblioteca. Foto: María Jesús García / APM

- La última crónica parlamentaria que escribió fue la del 23-F. ¿Qué recuerda de ese día?

- Sí, mi última crónica parlamentaria, que se titulaba “Una hora de España” -título que robé de un libro de Azorín que se llama igual-, es la crónica del intento de golpe de Estado de Tejero. Si tú lees lo que se ha escrito, resulta que había 300 periodistas en la tribuna de prensa del Congreso. ¿Sabes cuántos cabíamos en la tribuna de prensa? Pues 48. No puede haber más. En un lado del pasillo habría 8 y en otro, 15.

Luis Carandell, que estaba conmigo, después del 23-F me dijo: "Hay que ver, tú y yo, que estamos aquí todos los días, lo normal es que, como una votación es tan aburrida, nos hubiéramos ido a merendar". Pues sí, lo normal era irse, pero no nos fuimos. Y en esa crónica digo el nombre de los que estábamos en la tribuna de prensa, porque yo tenía la costumbre de apuntarlo todo [saca un desgastado bloc de notas del año 1981 y lee]: “Al suelo, al suelo. Un capitán que se quita el tricornio y desde el podio dice respetuosamente que había que esperar a que viniera la autoridad militar correspondiente”. Clavao.

- ¿Qué diferencia nota entre el parlamentarismo de entonces y el de ahora?

- Tengo la costumbre de no hablar de las cosas que no conozco, y yo dejé de ir al Parlamento hace muchos años…

- Pero, por lo que puede ver en los medios, en televisión.

- Bueno, pero la realidad sólo se entiende si se ve en persona. Es decir, que para ver lo que es el parlamentarismo hay que estar en la tribuna de prensa del Congreso. Ni siquiera lo puedes ver por televisión, que ya es un filtro de lo que ocurre.

Ahora estoy escribiendo la historia personal de Triunfo, vista por mí, la estoy escribiendo a mano. Son cinco mil y pico páginas.

- ¿Se informa por la prensa diaria? ¿Qué periódicos lee?

- Tengo dos bibliotecas públicas muy buenas, muy cercanas y muy bien dotadas. Hasta hace pocos años iba todos los días y me veía todos los periódicos. Ahora, normalmente, sólo me compro uno, no siempre el mismo, pues, está feo que lo diga, pero lo que más me interesa a veces es el crucigrama. Y la información que tengo de televisión es que a mediodía veo siempre el Telediario “del Gobierno” y por la noche veo uno crítico, privado.

Y también leo el Huelva Información, que es el único periódico de papel que hay en Huelva. Antes me mandaban una suscripción gratuita, pero ahora lo veo en internet. Tiene muy buenos colaboradores. Después puedo ver varios periódicos, sobre todo la opinión. Veo The Objective, que realmente es como ver El País de hace 30 años, porque están todos los que han echado de ese periódico.

A mí me han echado de muchos sitios. Cuando le llevas la contraria al jefe la primera vez, si no es demasiado necio, incluso lo agradece. La quinta puede que te manden a la puñetera calle

- Fue jefe de prensa del Defensor del Pueblo en la primera década de este siglo. ¿Cómo fue el salto de la crónica política al ámbito institucional? ¿Qué aprendió en esa etapa?

- Sí, durante diez años; y, además, fui yo el que introdujo aquí el nombre de ombudsman, que es el nombre que se puso en Noruega. Está documentado en un diccionario que registra las palabras extranjeras que se manejan en el lenguaje de la prensa y ponen también el autor.

Sobre esta etapa, tengo que decir que de todas las personas que me han mandado en la vida no he encontrado a una tan dialogante como Enrique Múgica. Fue mi jefe durante esos diez años y es el jefe al que más veces le he llevado la contraria. Sin embargo, diez años después, éramos más amigos que al principio. En otros sitios han terminado por echarme.

A mí me han echado de muchos sitios. Porque cuando le llevas la contraria al jefe la primera vez, si no es una persona demasiado necia, incluso lo agradece. Piensa: “Tanta gente que me hace la pelota y aquí hay un tío que me ha dicho una cosa con la que no está de acuerdo”. La segunda y la tercera puede que le haga menos gracia, y la quinta vez puede que te manden a la puñetera calle.

Pero con Múgica, si él hubiera seguido cinco años más, yo hubiera seguido con él, a pesar de que ya tenía 74 años, porque era un cargo de confianza.

- Una de sus innovaciones periodísticas fueron las “Auténticas entrevistas falsas”, que publicó en la revista Tribuna de Actualidad y en Leer. ¿De dónde surgió esa idea?

- Fue idea de Julián Lago, yo estuve con él cuando nació Tiempo, que se fundó cuando desapareció Triunfo. Me quiso llevar a Tribuna desde el principio, pero yo estaba en Cambio y tardé en irme. Cuando me echaron de Cambio, me fui a Tribuna.

Julián Lago me dijo: “Álvaro Pombo va a dejar esto, quiero que lo hagas tú, y quiero que hagas una semblanza de un personaje de la semana, o si te aburre eso, que vuelvas a hacer entrevistas”. Yo había hecho entrevistas, aunque no quería hacer más, pues las entrevistas son molestísimas, te las tienes que preparar mucho. Y entonces me dijo: ‘Pues haz una entrevista falsa” Y me dio el título: “Auténticas entrevistas falsas”. Fue idea de él.

Y hago las entrevistas falsas en Tribuna, que son muy diferentes de las de Leer. En Tribuna lo que hacía era coger a un personaje de la semana, por ejemplo, a Felipe González, que fue el primero, aunque luego le hice seis más. Sin embargo, en Leer podía ser de personajes fallecidos.

Los periodistas están mal pagados, el periodismo cada vez se paga peor

Víctor Márquez Reviriego, en un momento de la entrevista. Foto: María Jesús García / APM

- ¿Cuántas publicó aproximadamente?

- Pues hasta que desapareció Leer… Habré publicado como ciento y pico por lo menos. De las entrevistas falsas en Leer sólo he repetido la de Cervantes. Son entrevistas para explicar a un personaje ya muerto, eran de personajes ya desaparecidos.

- ¿Cuál cree que es la mejor que hizo?

- La mejor entrevista que he hecho es la de Carlos Marx. Esa la trabajé muchísimo.

- Mirando su trayectoria profesional con perspectiva, ¿qué es lo que más le enorgullece?

- Lo que me enorgullece es que lo que me han pagado lo he trabajado con creces. Excepto en un sitio donde me tuvieron apartado, pero no fue culpa mía. Llegué a Cambio para una cosa y después no salió, y me quedé un poco “flotando”. Bueno, no trabajaba tan poco, escribía dos páginas todas las semanas. Hacía entrevistas y había que hacer algunas tan “de emergencia”, como la que le hice a Miguel Herrero de Miñón, que fue irme a su casa y ponerme en la máquina de escribir, ir escribiendo según él iba contestando. Entrevistas que, está feo que lo diga, sólo podía hacer yo, porque Miguel era muy amigo mío. O hacerle una entrevista a Fraga una Noche de Reyes, a las diez, y que me reciba en “la Profesorera”, una residencia de catedráticos que hay junto al Arco de la Victoria.

Y también en el tiempo que estuve en televisión. Resulta que todos los que venían de Antena 3 Radio tuvieron un programa, pero a mí solo me tenían para hablar una vez a la semana. Es que la gente no se fía de mí, porque no sabe de qué voy a hablar.

- ¿Y qué sensación le produce el momento del periodismo que estamos viviendo ahora?

- Yo estoy muy fuera de la profesión. Del periodismo lo que veo mal es que los periodistas están mal pagados. Cada vez se paga peor el periodismo que se hace. Y creo que malísimamente en el periodismo digital.

- Dicho esto, ¿qué le recomendaría a un joven que quiera ser periodista?

- Que se hiciera farmacéutico.

 

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