Marta González Novo: ‘Reivindico el periodismo local porque es el que realmente puede cambiar la vida del ciudadano’
Asegura Marta González Novo que la clave para conectar con sus oyentes es que ella es la misma persona cuando se sienta ante el micrófono que cuando sale con sus amigos; la misma que se emociona si tiene que emocionarse, se ríe si algo le divierte, y llora, cuando una historia le llega muy dentro y no puede -ni quiere- contenerse.
Ese quizá sea uno de los motivos por los que, tras 15 años en antena, Hoy por Hoy Madrid, el programa de la Cadena SER que dirige y presenta la galardonada con el Premio APM al Periodista Especializado en Madrid, sigue siendo uno de los más escuchados de su franja horaria y disfruta de una audiencia fiel entre los madrileños. Pero el Jurado del galardón ha valorado también otros méritos de esta periodista: “Su dedicación a los temas de nuestra Comunidad, poniendo un especial interés en el seguimiento de la actualidad de temas sociales y culturales de Madrid”, así como saber abordar “con sensibilidad y empatía cuestiones delicadas y de calado para los ciudadanos, contando con la presencia en directo de sus principales protagonistas".
Marta González Novo recibe a Apmadrid.es en ese lugar donde ha pasado más de media vida, la sede de la Cadena SER, en plena Gran Vía madrileña.
- Ha recibido distinciones importantes, entre ellas la “Antena de Plata” en dos ocasiones y el Premio del Parlamento de Andalucía. ¿Qué ha supuesto para usted este nuevo premio que le ha concedido la Asociación de la Prensa de Madrid?
- Me hace mucha ilusión porque es el premio que entregan los compañeros. Y premian, además, algo que para mí es muy importante, que es una trayectoria. Es decir, llevar 15 años presentando y dirigiendo el programa de radio de Madrid más importante, líder de audiencia; y no sólo tener este aval, que está muy bien, sino que tus propios compañeros decidan otorgártelo, es un orgullo. Levantarte cada día y hacer un programa exige un esfuerzo, una disciplina, una perseverancia y, a veces, tienes dudas. Pero que de repente venga alguien externo y te diga: “Oye, que lo estás haciendo muy bien y que nos gusta lo que haces cada día, sigue haciéndolo”, pues en esos días pienso: “Es que hay gente a la que me debo”. Y que eso te lo digan tus propios compañeros de profesión es maravilloso.
El director de informativos me preguntó qué quería hacer. Le dije: ‘Quiero lo más difícil’
- ¿Qué le motivó a elegir esta profesión y, sobre todo, a enfocarse en la radio?
- Fue casual, lo he contado en antena en varias ocasiones. De pequeña quería ser todo: quería ser bailarina, quería escribir; luego, también quise ser historiadora. Mi padre había trabajado como periodista en la agencia Logos durante un tiempo, cuando pertenecía al YA; pero, al final, lo dejó. Y creo que siempre se le quedó esa espina del periodismo. Empecé a estudiar Periodismo un poco por él. Pero en el primer año no me convenció la carrera, todo era muy teórico, no lo entendía, si bien aprobé, y mi padre me pidió que aguantara un año más. Y en ese segundo curso, en el que yo tenía muchas dudas y en el que además empecé a estudiar Derecho por la UNED, vino a dar una charla a los estudiantes Diego Armario, que en aquel momento era director de Informativos de Radio Nacional. Ese día fue clave. Porque en el estudio de radio que teníamos, redactamos una información y la locutamos delante del micrófono. Tenía 19 años y recuerdo que leí la noticia y Diego Armario me dijo: “Tienes una voz preciosa y lees muy bien”. Ese día llegué a mi casa y le dije a mi padre: “Ya sé lo que quiero hacer, termino la carrera y voy a trabajar en la radio”.

Marta González Novo, durante su programa 'Hoy por Hoy Madrid', en la Cadena SER. Foto: cedida por la entrevistada
- ¿Y qué le llevó a especializarse en el periodismo local?
- Yo entré en la COPE hace 30 años, allí estuve dos años y medio y fui muy feliz. Fue donde comencé a hacer información local con Ángel del Río, que era cronista de la Villa de Madrid. Y las cosas de la vida, quien me dio la pauta para entrar en la COPE fue Víctor Márquez Reviriego [premiado también este mismo año]. Yo, con 20 años, hacía prácticas en un periódico local y le entrevisté. Me dijo que podía ponerme en contacto con la COPE en la que él trabajaba para hacer prácticas allí.
Recuerdo que, cuando me presentaron a locutar delante del micro, Blanca María Pol, que hacía el informativo de las dos, me dijo que tenía “una gran puesta en antena” (que en ese momento ni entendía lo que era eso) y Apezarena, que era el director de informativos, me preguntó qué quería hacer. “Quiero lo más difícil”, le dije, y me pusieron en los informativos de la noche a ser la segunda voz de boletines. Empecé a hacer antena desde el minuto uno y no lo he dejado desde entonces, porque me terminaron contratando. Estuve un año y pico en “Local” y también hice allí “Tribunales”.
La Cadena SER ha sido como mi amante más fiel
- Y después, ¿cómo fue su incorporación a la Cadena SER?
- Pues en un viaje a Israel con Alberto Ruiz Gallardón conocí a Carmelo Encinas, que era el jefe de Madrid de la Cadena SER. Se quedó un hueco meses después, me llamaron y me vine a la SER. Para mí fue un proceso de transición duro, porque yo quería mucho a la COPE, pero terminé viniendo.
Mientras trabajaba aquí entré en “Madrid” y me apasionó. Estuve durante siete años y medio dirigiendo los informativos del fin de semana de Madrid. Luego estuve el último año de Carlos Llamas haciendo la producción en Hora 25. A partir de ahí, durante mucho tiempo hice información política siguiendo a Gallardón, tanto de presidente de la Comunidad de Madrid como de alcalde. Después Daniel Anido, que era el director general de la Cadena SER, me puso a hacer sustituciones en A vivir que son dos días nacional, durante las bajas maternales de Gemma Nierga. Y de ahí ya fueron todos programas, donde aúno las dos partes que amo, la cultural y la política y social.
Para mí la SER es donde están todos mis recuerdos, mi vida emocional está toda aquí. Llevo 28 años en esta casa, imagínate, en ese tiempo me han pasado muchas cosas: trabajando aquí mis padres han fallecido; me casé, me separé; he tenido dos niñas; en fin, toda mi vida se cuenta a través de la Cadena SER. Aquí lo he vivido todo: tener un oficio, desarrollarlo, he vivido la amistad, la lealtad, los amores, tengo tantos recuerdos en cada esquina de esta casa… Cada vez que iba al baño estando embarazada y tenía arcadas antes de sentarme en antena; mis grandes amigos, que han salido de aquí, aquí está mi vida emocional completa. La Cadena SER ha sido como mi amante más fiel.
- Y en su caso, ¿cuál cree que es la clave para conectar tan bien con los madrileños?
- Como me dijo una vez Blanca Portillo: bajarme la cremallera de la entraña y contar la verdad. Y emocionarme si me tengo que emocionar, o sea, ser la Marta que soy: si tengo que llorar, lloro, si me río, me río de verdad. La Marta que sale de aquí y luego queda con sus amigos es la misma. Porque tengo un propósito en la radio, que es ayudar a la gente que lo está pasando mal en Madrid (es como lo que llaman “el plan del alma”) y también ayudar a difundir la cultura. Me siento muchas veces como la voz de la cultura en Madrid, hablando de cosas que amo, desde el teatro a los libros o la poesía.
- ¿Cuáles son los temas o las historias de Madrid que más le gusta abordar y por qué?
- Las sociales, sin duda, para ayudar a la gente. Desde irme a Cañada Real y hacer un programa desde allí, o al Hospital La Paz cada Navidad para estar con los niños enfermos que no van a poder pasar las Navidades con sus familias. Tengo imágenes que no olvidaré en la vida. Todavía me acuerdo de una niña a la que le habían operado de un tumor en el cerebro, con más o menos diez años, que vino con su padre al programa -porque lo hacemos desde La Pajarera de La Paz y llevamos regalos, payasos, actuaciones- y muchas veces me pregunto si esa niña seguirá viva…
Yo lloro y me emociono en antena. O entrevistar a mujeres víctimas de violencia de género. Ellas fueron las que me dieron la pauta para escribir mi novela. Les habían puesto en el punto de servicios sociales que las estaba atendiendo un programa de radio y yo pensé: “¿Un programa de radio? ¿Para qué?”. Para ayudarlas. Porque un micrófono te da la fuerza para quitarte el miedo y saber que eres capaz de vencerlo y exponerte. Y cuando estas mujeres se tienen que sentar en el juzgado ante su maltratador y ante los jueces, que es muy duro, eso les ayuda. Ese tipo de temas son los que me gusta tratar en mis programas.
- ¿Y personalmente, también le ayudan estas historias?
- Sí, a mí la radio me ha ayudado mucho a “desombligarme”, porque he conocido historias que, cuando yo lo he pasado mal en mi vida personal -y ha habido momentos muy duros-, he dicho: “Vale, yo lo estoy pasando mal, pero es que esta señora lo está pasando peor”.
- ¿Se acuerda de alguna vivencia en la radio que le haya marcado especialmente?
- Hay tantas… He estado en la cobertura de El Prestige durante tres semanas en la Costa de la Muerte, fui la primera periodista que se encontró con el Windsor; pero que me hayan marcado especialmente, pues recuerdo una mujer que vino y estaba en pleno proceso de divorcio, a la que iban a desahuciar de su casa con tres niños y fue muy fuerte esa entrevista. Yo estaba mal y esta mujer estaba contándolo con una serenidad aplastante, y mientras la entrevistaba me puse a llorar, no podía parar. Después de aquello tuve que coger una baja de varias semanas, porque yo también estaba atravesando un proceso complicado. Pensé que no estaba preparada para sentarme en antena, porque si esa señora que con esta entereza me está contando esto tan duro y me veía a mí llorando… no podía seguir y no sabía cómo ayudar a esta mujer. Para mí es muy importante muchas veces abrir el micrófono y el teléfono a los oyentes y pedirles ayuda para resolver historias de mujeres y hombres que están en un momento dado de necesidad, buscando trabajo o lo que sea.
Tengo un propósito en la radio, que es ayudar a la gente que lo está pasando mal en Madrid
- ¿Y se resuelven? ¿Siente que la radio es también un servicio público?
- Sí, hemos resuelto muchas cosas. En pandemia, que fue el gran pico de audiencia del programa, nos escuchaba todo el mundo. Contamos historias de gente ayudando a gente, de taxistas llevando a enfermos de diálisis a hospitales generosamente; yo no olvidaré nunca esa etapa. El programa lo hice desde casa, confinada, pero la dimensión de lo que estábamos contando era tan fuerte, tan duro.
- ¿Cómo elige esas historias? ¿Le llegan o es usted la que inicia esa búsqueda?
- Pues a veces me buscan. Tú fíjate, te voy a contar una historia que es una de las cosas más importantes de mi vida. Recuerdo que hace como 20 años fui al Museo de Emilia Pardo Bazán en La Coruña y yo no sabía la historia de las cartas. Me encontré las cartas de ella a Benito Pérez Galdós y me contaron que las de él a ella no estaban, y que había como una especie de leyenda negra que decía que habían sido quemadas en el Pazo de Meirás por Carmen Polo, por pecaminosas, ¿no? Y ahí se me quedó la historia.
Pero hace unos años me llamaron de la Cuesta de Moyano, pues era el centenario de Galdós y le iban a hacerle un homenaje para leer algunas de sus cartas con actores y periodistas. Y cuando termino, me cogen aparte y me dicen: “Te queremos poner en contacto con un librero histórico de la cuesta de Moyano, Guillermo Blázquez, que te quiere contar una cosa”.
Entonces me metí en su librería, y me contó que él había visto las cartas, que estaban, digamos, en el mercado negro, aunque no me podía decir dónde. Le pregunto si le puedo grabar, y le grabo. Le puse la grabación a Daniel Anido, director de informativos de la SER en aquel momento. Vino Daniel Gavela también, que era el director general, y dijo: “Esto tenemos que emitirlo, tenemos que ir con esto ya”. Porque esto cambia la historia. Las cartas no fueron quemadas, las cartas existen y están en algún lugar. Lo que pasa es que quien las tenga no querrá sacarlas, ya que, claro, habrá que preguntarle que de dónde las ha sacado. Entonces, me llamó Berlanga, el hijo de José Luis García Berlanga, y me dijo que su primera suegra, una mujer de la aristocracia, había visto también esas cartas. Y vivía todavía. Así que la entrevisté al día siguiente en el programa. Fuimos a tope con eso. Y luego tuve la suerte de que, a raíz de esto, una filóloga de Granada se puso en contacto conmigo. Publicó más cosas inéditas de Emilia Pardo Bazán y de Benito Pérez Galdós. Tenía otra documentación que acreditaba la historia de amor que ellos vivieron y un crucero de amor que hicieron por Europa. Es decir, yo salgo a buscar las historias y otras muchas cosas me vienen. Me llega una pequeña y empiezo a tirar hasta que sale todo.
- También ha entrevistado a grandes personajes públicos; entre ellos, a la Reina Letizia el año pasado. ¿A quién más recuerda que le haya gustado conocer?
- Sí, entrevistamos a la Reina Letizia, también a Jean Goudal, a Eduardo Galeano, pero quien más me ha aportado personalmente es Miguel Poveda. Me ha marcado profundamente, y además se ha convertido en un gran amigo a lo largo de la última década. Luego he conocido gente a la que admiro tanto como Andrés Lima, Blanca Portillo, Sergio Peris-Mencheta, gente del mundo de las artes. Pero, por encima de todos, quien se lleva la palma es Miguel Poveda, con quien comparto mi pasión por Lorca y con quien además acabo de presentar un documental, Enlorquecido, en el que he participado. Nos fuimos juntos a encontrar la tumba del padre de Federico García Lorca, que está enterrado en un cementerio a 45 minutos de Nueva York. El viaje en torno a Lorca que he hecho con Miguel Poveda… eso es irrepetible.
Hay gente que está haciendo periodismo local maravilloso en pueblecitos pequeños, donde hay otras historias mucho más intensas, y no está lo suficientemente reconocida
- Volviendo al periodismo local, ¿cree que los periodistas locales están lo suficientemente valorados?
- No, no están lo suficientemente bien valorados. Yo sí me siento valorada, si bien entiendo que estoy en Madrid y además en la SER. No obstante, hay gente que está haciendo periodismo local maravilloso en pueblecitos pequeños, donde hay otras historias mucho más intensas, y no está lo suficientemente reconocida.
A mí me afectan mucho y me duelen las cosas dramáticas que están ocurriendo más lejos, pero ahí no tengo poder de cambio. Desde el periodismo local, sí tengo poder de transformación. Nosotros tenemos una sección que me encanta, que se llama “Los Olvidados”, que hacemos una vez al mes. En esta sección damos voz a la gente que un día pidió... pues, imagínate, gente con algún tipo de dificultad visual y en su calle hay socavones o problemas en las aceras, y que esto quedó en el cajón de una promesa electoral, de una campaña. A toda esa gente de la que se olvidaron en las campañas electorales con promesas-fraude electorales, le damos voz en el programa. Para eso sirve el periodismo local. Y yo reivindico el periodismo local porque es el periodismo que te cambia realmente la vida. Porque es el más inmediato.
Hemos sumado nuestra voz a muchas causas y hemos conseguido resolver bastantes.
Siempre que conseguimos una cosa de estas le digo al equipo que, por favor, me lo cuente, puesto que para mí significa que lo que hacemos tiene un sentido.
- ¿Y cómo ve el futuro del periodismo local?
- Creo que el que deberá tener más futuro, porque es el periodismo que más consigue transformarnos la vida. Yo soy una optimista compulsiva, entonces me gustaría creer que va a ir a mejor. Al final, si conseguimos trasladarle a la gente que es el que más le puede ayudar y que es el que más le puede cambiar la vida, se volcará en ese periodismo.
- Y ya para terminar, ¿qué proyectos profesionales tiene pendientes, tanto en radio como en otros formatos?
- Yo amo lo que hago, pero me encantarían dos cosas: escribir una segunda novela, que eso lo haré en algún momento; aunque necesito encontrar tiempo, porque me exigió mucho la primera. Y me gustaría hacer en televisión algo vinculado con la cultura, con el teatro, con las artes. Eso sí me gustaría hacerlo. En eso llevo tiempo pensando, pero no me he puesto todavía. Y tengo que poder conciliar toda esta vida.
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