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Cristina Tardáguila: ‘Estamos ante la peor ola de desinformación’ de la historia

Cristina Tardáguila

La periodista y verificadora brasileña Cristina Tardáguila, directora adjunta de la International Fact-Checking Network (IFCN), perteneciente al Poynter Institute, y fundadora de la Agência Lupa, cuenta a Apmadrid.es que los medios certificados por su organización –entre los que se encuentran Maldita.es, Newtral, Efe Verifica y AFP España– ya han identificado 4.000 bulos sobre el coronavirus durante los últimos tres meses.

Pese a ello, los medios verificadores en España están sufriendo “una campaña de desprestigio exactamente igual a la de Brasil en 2018”. “Los fact-checkers [verificadores de hechos y de datos] no tenemos absolutamente ningún poder sobre las acciones de las redes sociales ni de borrar ningún contenido”, aclara.


– ¿Cuáles son las funciones de la IFCN?

Nace en 2015 como una red que se propone unir a los fact-checkers del mundo. Al principio, éramos unas 20 iniciativas en pocos países; y ahora mismo, ya somos más de 80 en más de 40 países. Ello también muestra cómo el fact-checking está ganando fuerza en todo el mundo.

La IFCN promueve y defiende el fact-checking. Para ello, creó en 2016 un Código de Ética, con principios que todos nuestros asociados tienen que seguir, y cada año se evalúa si todos ellos lo están cumpliendo.

– ¿Cuál es el proceso de admisión en su organización?
La IFCN tiene al menos un evaluador por cada país [Ramón Salaverría, en España], que suele ser un gran académico o un profesor de ética de la comunicación o un periodista muy reconocido, los cuales constituyen una red de evaluadores independientes. Ellos evalúan la producción de cada compañía en los últimos tres meses y nos mandan un informe sugiriendo que se apruebe o no su ingreso, el cual se suma a los informes previos realizados por la IFCN. Toda esa documentación se pasa a un consejo compuesto por siete miembros de la organización de distintos países. Y ese consejo internacional vota finalmente si procede o no la incorporación.

– ¿Qué condiciones esenciales debe tener cada empresa que integre la IFCN?
Conforme al Código de Ética, todas las unidades de fact-checking de la IFCN deben ser totalmente transparentes en su metodología de trabajo, dejando claro qué tipos de contenidos chequean; en el modelo de financiación, de dónde proceden los ingresos; y en el uso de las fuentes, no deben manejar off the records.

Además, cada unidad de fact-checking debe tener una política de corrección pública, aclarando convenientemente los errores que se puedan cometer, y una fórmula de probar su apartidismo, de cara a que el evaluador independiente compruebe que se han chequeado datos de las distintas corrientes ideológicas.

El monstruo de los bulos está por todos lados

– Parece un momento idóneo para potenciar el fact-checking, dada la proliferación de bulos que se está registrando durante la pandemia.
Estamos ante la peor ola de desinformación de siempre. El monstruo de los bulos está por todos lados. Estamos trabajando globalmente en una alianza que se llama #CoronaVirusFacts, en la que tenemos identificados 4.000 bulos en los últimos tres meses.

Por ejemplo, en España, Newtral confirma que tiene ahora seis veces más peticiones de chequeos y Maldita, que durante las pasadas elecciones tenía 900 peticiones al día, ahora está llegando a las 2.000.

– Pese a ello, en España, los medios verificadores están sufriendo una campaña de desprestigio, que ya ha denunciado la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).
Esta campaña en España es exactamente igual a la que se vivió en Brasil en 2018. Es idéntico el ataque a los fact-checkers, basado en desinformación.  Yo lo viví en mi propia piel. Tanto en Brasil como en España se pone de moda en un determinado momento acusar a los fact-checkers de censores, cuando, en realidad, no tenemos absolutamente ningún poder sobre las acciones de las plataformas y redes sociales ni de borrar ningún contenido, ni de impedir que la gente lea cualquier tipo de información.

Al contrario, somos grandes defensores de bases de datos abiertas, limpias, de calidad. Verdaderamente, los fact-checkers lo que queremos es ofrecer datos, no cambiar la opinión.

Es idéntico el ataque a los fact-checkers en Brasil y en España, basado en desinformación, acusándoles de censores

– Y ante el clásico postulado “Quién contrala al controlador” –en este caso, “Quién verifica al verificador”–, ¿qué suele responder?
La respuesta siempre es la misma, obvia y sencilla: “Tú”, aquel que lo pregunta. Absolutamente todos los verificadores de la IFCN están obligados a revelar sus fuentes de información, a dejar en abierto sus bases de datos y a mostrar los enlaces que han ido usando para que la gente pueda recorrer el mismo camino que el fact-checker y entienda por qué ha llegado a una conclusión. Y si la persona que quiera verificar al verificador, al rehacer su camino, encuentra un error, este último está obligado a corregirlo.

Es más, lo que los verificadores quieren realmente es que la gente aprenda a verificar, incluso a los propios verificadores, y que la gente dude cada vez más de lo que le llega.

– La APM tuvo que emitir recientemente un comunicado rechazando medidas que limiten la libertad de información para atajar los bulos. ¿Cuál es la posición de la IFCN respecto a que se penalice la desinformación?
La IFCN está totalmente en contra de cualquier tipo de regulación de los bulos. Es algo que ya sucede en Asia, con ciudadanos arrestados, basándose en leyes que limitan la libertad de información. De entrada, si no somos capaces de definir qué es una noticia falsa, no puede haber una legislación que la penalice.

La IFCN está totalmente en contra de cualquier tipo de regulación de los bulos

– ¿Qué se debe hacer, pues, para combatir la desinformación?
La respuesta principal de la IFCN es doble: colaboración entre periodistas y verificadores, que es urgente, y alfabetización mediática, que se debe enseñar desde los colegios.

– Cada vez se habla más de infodemia: sobreabundancia de información, no siempre fiable, durante la pandemia. ¿Qué papel deben jugar los medios de comunicación en ese sentido?
La prensa tiene a la vez un trabajo enorme y una gran oportunidad. Primero, tiene que apostar urgentemente por la transparencia y no dejarse llevar por la búsqueda de clics a cualquier precio; menos aún durante la pandemia, en la que hay que pensar mucho más en las personas.

Por ejemplo, todo lo que sabemos del virus no tiene más de cuatro meses de vida, por lo que cobra aún más importancia aclarar cuál es la hora y el día en que publicas algo; y como todo está en continua actualización y revisión, hay que aclararlo en las informaciones e incluir expresiones como “lo que se sabe por el momento”.

– ¿Y cuál es el papel de las redes sociales?
Las redes sociales siempre pueden hacer más. Son muy poderosas y ricas, y están muy infiltradas en las sociedades. Pienso que debemos adoptar dos tipos de presiones sobre las redes sociales: una, presionar preguntando a las propias empresas qué están haciendo para detener los bulos que pueden matar o hacer daño a la gente y pidiendo mayor colaboración con los fact-checkers; y otra, presionar para que enseñen a los usuarios a usar correctamente sus plataformas: el problema no son solo los algoritmos, sino cómo los usan los ciudadanos.

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