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Aitor Sáez: Es lamentable, pero para mi generación la oportunidad está en trabajar con medios extranjeros

Periodista joven, intrépido, apasionado y comprometido, podrían ser algunos de los calificativos para describir a Aitor Sáez, profesional al que la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha reconocido con el Premio APM al Periodista Joven del Año 2016, que recogerá el próximo 20 de junio. Con 27 años, Sáez ha sido reconocido por la encomiable labor en la cobertura de diversos acontecimientos en América Latina, como el proceso de paz en Colombia, la muerte de Fidel Castro y la situación en Venezuela, así como la crisis de los refugiados en su diáspora por Europa, “todos ellos enfocados con rigor y sensibilidad con el dolor humano”, rezaba el fallo del jurado.

Entrevista a los ‘nuevos’ desplazados del posconflicto colombiano por los combates entre la guerrilla del ELN y Los Gaitanistas, en Lloró, Chocó. Mayo de 2017. Imagen cedida por Aitor Sáez.

Con tan solo siete años, Aitor Sáez cuenta que ya tenía claro que se quería dedicar al que García Márquez calificó de mejor oficio del mundo. Sus trabajos han sido difundidos por Cuatro, Eldiario.es, El Confidencial y La Razón. Ahora, desde noviembre de 2016, trabaja para el canal alemán Deutsche Welle.

  •  ¿Qué le supone que la APM le considere el Periodista Joven del Año 2016?

Un orgullo porque, digamos, es el reconocimiento más importante en España y, sobre todo, con 27 años uno no se lo espera. Aparte, es un premio que a uno le satisface mucho porque lo entregan los propios compañeros. ¡Qué mejor que ellos que saben cómo es la profesión! También me parece muy bien que exista la categoría de periodista joven, no porque me lo hayan dado a mí, sino porque sirve para valorar el trabajo de los jóvenes y dar aliciente a otros jóvenes.

  • A pesar de sus 27 años, ha narrado la crisis de los refugiados y diversos acontecimientos en América Latina. ¿Cómo fueron sus inicios en la profesión?

Prácticamente fue de casualidad. Al finalizar la carrera, me fui un año a probar suerte a Alemania, como tantos otros. Allí estuve trabajando de camarero. De casualidad, una amiga griega me propuso trabajar en una ONG en Grecia. Llegué allí en septiembre de 2014 y, al poco tiempo, estalló la crisis del Gobierno griego y las elecciones en enero de 2015. Probé a escribir a medios y empecé a escribir para La Razón. Al poco tiempo, empecé también con Cuatro. A partir de ahí estalló la crisis de los refugiados y estuve sin parar hasta noviembre de 2015, que me fui a Venezuela hasta enero de este año en que me vine a Bogotá.

En Grecia tuve la suerte de que había muy pocos periodistas. Nos sobraban los medios. Era un no parar

  • ¿Supuso alguna traba su juventud para que le contratase un medio español?

En mi caso, tuve mucha suerte. Estuve en el lugar y en el momento adecuado. Cuando me fui a Grecia a trabajar para una ONG, en ningún momento me paré a pensar en la situación ni en lo que iba a pasar. En Grecia tuve la suerte de que había muy pocos periodistas. Éramos cuatro o cinco y nos sobraban los medios. Era un no parar. Luego, lo que es difícil es ganarse la confianza.

En Venezuela me pasó lo mismo. Hay muy pocos periodistas españoles por la situación del país. La mayoría son venezolanos que trabajan para medios españoles, por eso, tampoco me costó poder trabajar.

  • ¿Por qué decidió estudiar Periodismo?

Lo tenía claro desde los siete años. La gente se pensaba que estaba loco porque normalmente un niño quiere ser futbolista, astronauta, y yo decía que periodista, aunque no sabía muy bien ni lo que era. A mí me gustaba mucho escribir, la profesora nos mandaba hacer una redacción y yo llegaba a casa encantado por tener que escribirla. Mi madre alucinaba. Aparte, tuve un esguince en el pie y tuve que estar un mes sin jugar en el patio y lo que hice fue ponerme en la banda y dedicarme a narrar lo que sucedía. Ahí le cogí el gusto a contar lo que me rodeaba. Más adelante, eso se mezcló con las ganas de viajar y el interés por el mundo y otras culturas.

  • ¿De ahí lo de dedicarse a la información internacional?

Sí, desde pequeño he tenido mucho interés por el mundo.

Reserva indígena del TIPNIS, donde las comunidades resisten frente al Gobierno de Evo Morales contra la construcción de una carretera. Febrero de 2016. Imagen cedida por Aitor Sáez.

  • Ahora es periodista “freelance” en Bogotá, pero ha pasado por muchos otros lugares de Sudamérica. ¿En qué condiciones se ejerce el periodismo en este tipo de lugares? ¿Cuáles son las mayores dificultades?

Colombia ha pasado unos años muy duros. Ha sido uno de los países donde más periodistas han asesinado. Conozco compañeros que han sufrido atentados en la puesta de su casa con coche bomba o que les han disparado en su coche. Hablo de Bogotá. Ya ni te cuento en el interior. En el interior, hoy día hay periodistas que viven con escolta y con las persianas bajadas [de sus casas]. No obstante, ahora la situación ha cambiado mucho. Uno se puede mover más o menos por el territorio, pero siempre con unas precauciones. Nunca me he encontrado con ninguna amenaza, pero sí, por ejemplo, he trabajado en el Cauca, que es una zona donde hoy día hay bandas de exparamilitares que ahora están rearmándose y digamos que sembrando el terror de nuevo, pero a menor escala. Ahí me han llegado a prohibir grabar o he llegado a ver que un coche me perseguía. No es una zona de conflicto, pero sí hay unas precauciones.

Hay una línea invisible, que es la línea del narcotráfico y que uno sabe que no puede cruzar

  • ¿A qué tipo de precauciones se refiere?

Hace dos semanas estuve en el Chocó, en la región del Pacífico (al norte de Colombia). Hay un río en el que ahora hay combates de gaitanistas, antiguos paramilitares, con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Uno por ahí no se puede meter. Esa es una precaución. Otra es que, por ejemplo, cuando viajo a un sitio donde todavía hay mucha violencia, uno intenta estar tres, cuatro o cinco días como máximo. Cuando uno va a hacer un trabajo en el que va a hablar con exparamilitares, con líderes sociales y que se va a meter en temáticas delicadas, uno intenta estar pocos días.

  • ¿Cuál considera que es la mayor amenaza para el periodismo en América Latina?

Va muy ligado al tema del narcotráfico. Es decir, tanto en Colombia, Venezuela o Brasil, uno puede hacer temáticas sociales, pero hay una línea invisible, que es la línea del narcotráfico y que uno sabe que no puede cruzar y, si lo hace, tiene que ser con otro nivel de condiciones y de preparación. Por ejemplo, estuve haciendo un tema de cocaleros  [persona que cultiva la coca], y todo fue tranquilo, a continuación, dije que me gustaría ir a un laboratorio de coca y ahí me pararon los pies y me dijeron, esto es otra vaina.

  • Imagino que para ese tipo de coberturas, el periodista debe tener unas cualidades o capacitaciones especiales...

No son cualidades especiales, sino tener un gran sentido común de saber con quién hablas, qué le dices, dónde vas, dónde te puedes meter. Se trata más de desarrollar ese sentido común que de pronto los jóvenes nos dejamos llevar por la adrenalina, el impulso… He trabajado con compañeros que me han tenido que parar los pies. Con la experiencia, uno lo que desarrolla es sentido común.

Un grupo de refugiados caminan unos 7 km desde Macedonia hasta Serbia al atardecer. Septiembre 2015. Foto: Aitor Sáez

  • Hasta ahora, ¿qué es lo peor de lo que ha tenido que informar?

Cuando hice la ruta de los refugiados, haciéndome pasar por refugiado. Para mí eso fue lo más duro porque fue un nivel de mimetización donde al final era muy delgada la línea entre el periodista y la persona. Uno al final acaba sufriendo lo que sufren ellos: el frío, el hambre, los nervios de cruzar fronteras corriendo… Fue muy duro físicamente, pero también mentalmente. Uno genera tal nivel de empatía que cuesta separar. Lo más duro fue en Lesbos. Con la llegada de barcas, en un momento que dejé de grabar, vi a un niño sentado a unos tres metros tapado con una manta térmica y escuché el crujido de sus dientes, tiritando. Yo había visto como 50 barcas llegar y, hasta ese momento, no me impresionó el hecho.

Por mucho que nos duela a los periodistas que lo estamos cubriendo, los temas cansan

  • Me habla de la crisis migratoria, que parece ya casi olvidada para los medios españoles. ¿Se informa correctamente en España de los acontecimientos internacionales?

Hay una agenda mediática. Es una cuestión de los medios, pero también de las audiencias. ¡Para que nos vamos a engañar! Por mucho que nos duela a los periodistas que lo estamos cubriendo, los temas cansan. En el caso de la crisis de los refugiados, lamentablemente quizás llegó un momento en el que cansó. O, por ejemplo, Venezuela. En España, no quieren oír hablar de Venezuela y ahora está más tenso que nunca. Quiero ser optimista y quiero destacar el papel del periodista y, sobre todo, de los freelancer. Tenemos que creer en nosotros porque, a veces, también podemos imponer una agenda a los medios.

  •  ¿Qué es lo más gratificante de su trabajo?

Quizás suene algo cínico, pero con lo que más disfruto es conociendo a gente. Suena cínico porque, normalmente, las personas que conozco son personas que están viviendo o han vividos situaciones muy dramáticas, muy adversas y de mucho dolor. Decir que disfruto conociéndolas suena cínico, pero es lo que me llena en mi trabajo: poder llegar a esas personas y lograr que me cuenten su historia, a pesar del dolor y del trauma, y que sean capaces de sacar fuerzas y regalarte ese pedazo de su vida, de sus sentimientos y de su experiencia. Eso es lo más gratificante porque son realidades que de otro modo no las conocerías.

La prensa paga muy mal. No es ningún secreto

  •  Como periodista freelance, ¿son buenas las condiciones en las que se trabaja?

Son buenas las condiciones de televisión. La televisión paga bien. Además, a veces pagan los gastos del viaje. Por ese lado, ninguna queja. La prensa paga muy mal. No es ningún secreto. ¿Qué es lo que pasa? Un periodista freelance tiene que buscarse una televisión para poderse pagar los viajes y luego escribir para prensa.

El problema está en tener que hacer breaking news [noticias de última hora] para televisión, que es muy sacrificada en cuanto a tiempo, y a la vez escribir para prensa. Ahí es cuando la calidad nunca puede ser la misma. Por ese lado, a pesar de que la televisión sí tiene buenas condiciones, el resultado y la calidad nunca puede ser la mejor porque uno no puede dedicarse cien por cien al texto.

Entrevista a los ‘nuevos’ desplazados del posconflicto colombiano por los combates entre la guerrilla del ELN y Los Gaitanistas, en Lloró, Chocó. Mayo de 2017. Imagen cedida por Aitor Sáez.

  • ¿Es un problema que solo afecta a los profesionales españoles?

Sí, creo que es algo de los medios españoles. Incluso, los medios latinoamericanos pagan mejor que los españoles. Conozco compañeros que colaboran para medios latinoamericanos y pagan mejor que los medios españoles. En ese sentido, nuestros medios, especialmente la prensa, han adquirido una dinámica muy nociva para la profesión porque uno tiene que trabajar para televisión y escribir para ellos.

  • Teniendo en cuenta esta situación, ¿hacia dónde cree que se encamina el ejercicio de este tipo de periodismo? ¿Tiene futuro?

¿Hacia dónde se encamina? la respuesta la tienen los que mandan. Hacia dónde quieren que se encamine.

En cuanto al freelance, se encamina al freelance multitarea. Uno tiene que saber hacerlo todo y hacerlo bien. Hoy día, un freelance que no sepa editar vídeo y manejar una cámara, tiene muchas menos posibilidades de poder trabajar y poder mantenerse. Precisamente con la crisis de los refugiados, una cosa que me pareció lamentable y que puede servir de ejemplo de hacia dónde se encamina ese tipo de cobertura y lo que deberíamos evitar es que la crisis de los refugiados, en gran medida, se cubrió por activistas. Se iban su mes de vacaciones, colaboraban con una ONG, trabajo muy necesario pero luego cogían y escribían para medios de primera línea. Eso no deja de ser periodismo ciudadano. Si el periodismo y ese tipo de coberturas se van a encaminar al periodismo ciudadano, estamos hablando de otro modelo de profesión que tenemos que evitar. Lo tienen que evitar los medios de comunicación, pero también los freelancer. La gente que ha estudiado Periodismo, que come de esto, tenemos que denunciar eso.

  • ¿Por dónde cree que va la solución a esta problemática?

Por la parte de los freelancer es blindarnos, apoyarnos, respetar nuestros medios e intentar proteger nuestra dignidad y nuestra profesión ante nuestros medios.

La obsesión por Twitter come tiempo y calidad al trabajo periodístico

  • ¿Qué consideración le merecen las redes sociales en su labor diaria?

Hoy día parece que si no narras lo que haces en Twitter y no tienes 10.000 seguidores no existes. Por ejemplo, yo que he trabajado tantísimo en el terreno, me resulta imposible estar en Twitter narrando lo que hago. Lo primero, porque muchas veces no tengo internet en el lugar. La obsesión por Twitter come tiempo y calidad al trabajo periodístico que es lo que tenemos que priorizar. Con Twitter se ha creado tal obsesión que al final acaba perjudicando a la profesión y a lo que debería ser el trabajo periodístico. En Twitter los periodistas estamos perdiendo mucha energía.

Guerrillero de las FARC en el campamento central del Bloque Magdalena Medio, cerca de Segovia, Antioquia. Septiembre de 2016. Imagen cedida por Aitor Sáez.

  • ¿Esa presión que describe también procede de los medios?

No, pero sí es verdad que conozco a compañeros que han conseguido trabajo por Twitter. Porque si uno tiene 10.000 o 50.000 seguidores un medio de comunicación se asegura de que ya tiene un público. Entonces, prefiere contratar a esa persona con 50.000 seguidores antes que a otra que, a lo mejor, su trabajo es mejor. Ahí se confunden dinámicas que acaban enviciando la profesión y el trabajo periodístico.

  • ¿Cuáles son sus referentes en la profesión?

Al principio, cuando uno no se dedica a esto, que lee y ve documentales, pues, sobre todo, he tenido muy idealizada la guerra de Bosnia. Por ejemplo, con Pérez Reverte. Luego, también, me he interesado mucho por periodistas internacionales, como la generación del Bang bang club, que cubrieron el apartheid en Sudáfrica. Sin embargo, cuando uno se mete a trabajar de freelance y conoce la realidad, te das cuenta de que esos tiempos del corresponsal de guerra y de esas condiciones han terminado y uno busca referentes más actuales y más realistas. Esos referentes son los que te decía del freelance multitarea, el que lo sabe hacer todo y son jóvenes, como Mikel Ayestaran, Ángel Sastre, Pilar Cebrián o Leticia Álvarez. Personas más cercanas que te sirven de modelo y que puedes aplicar porque aquellos modelos que habías idealizado en tu adolescencia ya no existen.

  • ¿Cómo está el acceso a la profesión periodística?

Hay que ser bueno pero también hay que tener suerte. En mi caso fue algo muy suertudo.

Conozco muchos compañeros de mi generación que han buscado oportunidades en medios extranjeros. La diferencia que tiene nuestra generación es que mucha gente ya escribe en inglés y la oportunidad hoy día es trabajar en medios extranjeros. Es lamentable, porque es una generación de periodistas españoles que nunca conoceremos porque no están en el radar de los medios españoles y de la audiencia española. Harán un buen trabajo, serán grandes profesionales y, lamentablemente, no los podremos disfrutar. Por ejemplo, hay periodistas españoles muy buenos trabajando para medios colombianos.

  •  ¿Qué les recomienda a los que están estudiando ahora Periodismo?

Les recomiendo lo que me recomendó el jefe de Fotografía de El País Cataluña, Joan Sánchez, cuando estaba de prácticas: viajar mucho, moverse mucho y saber hacer de todo. Uno tiene que saber vídeo, saber editar rápido, conocer el lenguaje audiovisual. Si uno no se mueve, no toca muchas puertas, nunca encontrará la oportunidad. También recomiendo que respeten a los compañeros que ya trabajan de freelancer porque, al fin y al cabo, respetar eso también es respetar la propia profesión. También hago autocrítica. En mis comienzos, quizás acepté unas condiciones que no debía, pero con el tiempo y conociendo a otros compañeros freelance uno se da cuenta y rectifica.

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