Ketty Garat: 'Nunca tuve ninguna duda de que iba a acabar aflorando la verdad'
Ketty Garat mira de frente. Cuando habla sobre su profesión, sostiene la mirada con la seguridad y el convencimiento de una periodista que ha elegido serlo con todas las consecuencias. Durante más de cuatro años, sus investigaciones han destapado tramas de corrupción política que han llevado al encarcelamiento de un exministro, aunque por ello ha tenido que pagar el alto precio de sentarse en el banquillo. Pero asegura que nunca desfalleció en su “compromiso con la verdad y con la ciudadanía”.
Por ello, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha querido reconocer su “rigor, tesón y trabajo periodístico en la búsqueda de la noticia”, galardonándola con el Premio al Mejor Periodista del Año, “por culminar en 2025 un proceso iniciado en 2021, cuando llevó a cabo las primeras investigaciones sobre el caso Ábalos, sacando a la luz diversas noticias, algunas de las cuales la han llevado ante los tribunales, siendo desestimadas las querellas interpuestas contra ella”.
Apmadrid.es recibe a Ketty Garat en la sede de la APM para esta entrevista, en la que afirma que lo que más le gusta de la profesión periodística -la cual considera “vocacional”, es “el trato con las fuentes” y sostiene que “el trabajo de un periodista siempre es un servicio público”.
- ¿Cómo ha vivido este reconocimiento? ¿Qué ha significado para usted la concesión del Premio APM al Mejor Periodista del Año 2025?
- Ha sido algo muy emocionante. No me lo esperaba, porque es verdad que llega después de cuatro años y medio de una investigación muy dura, profesional y personalmente.
Y sienta especialmente bien cuando tus compañeros de profesión te entregan un reconocimiento como este, tan absolutamente reputado. Es importante tener el reconocimiento de la profesión, tan dura como es esta, en la que no hay horarios, y que implica un sacrificio enorme desde el punto de vista familiar, personal, para todos. Y cuando te premian tus compañeros -teniendo en cuenta que saben lo que es sufrir la cara B, la cara oculta del periodismo- es verdaderamente emocionante. Y sirve, además, de revulsivo profesional para seguir investigando, para seguir comprometiéndote con una trascendencia, ya digo, personal en las investigaciones que llevamos a cabo.
He tenido la suerte de tener muy buenos jefes, y eso es oro puro en esta profesión
- ¿Cómo fueron sus primeros pasos en el periodismo? ¿Qué le impulsó a elegir esta profesión y a decantarse por el periodismo parlamentario y luego de investigación?
- Mis inicios fueron muy bonitos, en la agencia Servimedia, de la mano de Félix Madero, de Chema Prieto, que era mi jefe de Economía, con muy buenos compañeros: Juan Emilio Maíllo, Juan Fernández-Miranda… Creo que en una agencia de noticias y en un medio pequeño es donde mejor se aprende, es la mejor escuela, porque te permite hacer de todo. Te dan unas responsabilidades que en un medio grande no podrías tener y, por lo tanto, aprendes más rápido.
De ahí, recalé en la COPE, donde la radio se me metió entre las venas. El periodismo radiofónico engancha muchísimo. Y poco a poco fui adentrándome en el mundo del periodismo parlamentario. Tuve la suerte también de conocer y tratar a Victoria Prego y de poder preguntarle y seguir de cerca precisamente a una gran maestra para todos nosotros.
Con todo esto, me di cuenta de hasta qué punto el periodismo es una profesión vocacional, en la que los maestros son muy importantes, la gente con horas de vuelo, la gente con sabiduría, los jefes y los directores que te sueltan a la calle y te dicen: “Tráeme noticias, investiga más allá del carril; es decir, no me traigas lo que todo el mundo va a ver en el telediario o en el informativo de la radio”. Yo he tenido la suerte de tener muy buenos jefes, y eso es oro puro en esta profesión.
- ¿Qué es lo más difícil de ser periodista de investigación en España actualmente?
- Ahora mismo todo. Mantener la tensión 24 horas al día durante siete días a la semana y de forma acumulada durante uno, dos, tres, cuatro años, es decir, no desconectar en ningún momento y no perder el hilo; porque, en el momento en que te pierdes un cuarto de un informe de la UCO, ya parece que te has quedado atrás.
Yo creo que el periodismo de investigación es la columna vertebral del periodismo en estos momentos, pues nutre precisamente al resto de los estamentos del periodismo, a todos los informativos, a todas las cabeceras de periódico… Y es muy importante que todos seamos investigadores, independientemente del ámbito en el que estemos o del área informativa que nos toque cubrir. Investigar y salirnos precisamente de ese carril para aportar valor añadido. Aunque este periodismo de investigación, en estos momentos, es diferente.

La galardonada con el Premio APM al Periodista del Año posa en la sede de la APM tras la entrevista. Foto: María Jesús García / APM
- ¿Por qué?
- El periodismo de investigación ahora está de moda, pero no siempre compensa, y no siempre se retribuye a los profesionales que lo hacen, ni los medios de comunicación tienen presupuestos para asumir el coste de tener a un periodista investigando.
En estos momentos, investigar implica tener que publicar todos y cada uno de los días, cuando el periodismo de investigación es lo contrario: es tener a un periodista que pueda estar una semana investigando para publicar un gran tema. ¿Están los medios de comunicación preparados y dispuestos para hacer ese sacrificio? Yo creo que no, pero deberíamos hacerlo.
También es verdad que la otra cara de la moneda es: ¿están los ciudadanos dispuestos a pagar por ese periodismo de investigación y pagar a los medios que hacen ese tipo de sacrificios? Yo creo que tampoco. Y ese es el mal endémico de nuestra profesión en estos momentos. Los ciudadanos no pagan, los periodistas no son remunerados y los medios de comunicación no pueden hacer esa inversión. Es la pescadilla que se muerde la cola. Creo que deberíamos recuperar los tiempos en que los periodistas de investigación eran como los periodistas de los 80, que eran estrellas del rock & roll.
Y, además, ahora tenemos a una cohorte y a un séquito de youtubers, de influencers, que nos hablan a nosotros de exclusivas que hemos contado, y normalmente, encima, las cuentan mal.
Deberíamos recuperar los tiempos en los que los periodistas de investigación eran como los periodistas de los 80, que eran estrellas del ‘rock & roll’
- ¿En qué momento surge la idea de investigar el caso Ábalos?
- Me metí en ese tema básicamente porque en ese momento llevaba 14 años cubriendo al Partido Socialista como periodista política y cronista parlamentaria y me llegan las informaciones sobre José Luis Ábalos a través de una fuente con la que mantengo una relación de confianza desde hace muchísimos años. A partir de ahí, empiezo a tirar del hilo y llego precisamente a todas las exclusivas del caso Ábalos, a la información sobre la vida disoluta, sobre la relación con la prostitución, sobre las facturas falsas o los viajes a Guinea y a República Dominicana. Esto es simplemente el germen de lo que posteriormente me llega.
- ¿Qué resistencias políticas, judiciales o incluso mediáticas encontró durante ese proceso?
- Bueno, cuando publico esas informaciones se desacreditó y se vejó ese trabajo de manera muy injusta y sin tener precisamente las claves o las fuentes que yo tenía entonces y que me permitieron adelantar esa información con cuatro años de antelación.
Y resistencias muchísimas, porque ya digo que en esos momentos se emprende una campaña de descrédito absoluto, tanto por parte de la política como por parte desgraciadamente de algunos compañeros, que es la parte que a mí personalmente más me dolió. Te quitan lo más sagrado que tiene un periodista, que es la credibilidad, la palabra, la honradez, la honestidad, y es cuando yo me vi forzada a defender mi palabra, mi honor y mi profesionalidad -independientemente de que nadie sea infalible y todos podamos cometer errores-, y en el camino me fui encontrando una trama de corrupción.
Empecé a investigar una serie de personas alejadas de mi ámbito natural, que era la política y que era el periodismo parlamentario, porque, de repente, muchas de mis fuentes me dejan de coger el teléfono, me dan la espalda, te conviertes en un personaje tóxico y decidí abrir horizontes en otro ámbito, en otras fuentes. Y he aprendido mucho.
- ¿Qué aprendió?
- Cuando entré en el periodismo de investigación, me di cuenta de los vicios adquiridos que también hay en el periodismo político, de los servilismos, de los intentos de los políticos por utilizar a los periodistas, de los “teléfonos escacharrados”, del periodismo casi “de seguidismo” que en ocasiones existe y del que tenemos que protegernos y defendernos. Porque a veces ni siquiera vemos que están intentando utilizarnos.
Y ese otro ámbito -que a veces son empleadas del hogar y otras veces son chóferes, otras veces son parejas- piezas de un entramado… te encuentras gente, no voy a decir más honesta, pero que a lo mejor te hablan sin menos estrategias, menos intereses y menos objetivos espurios.
- Además de la campaña de descrédito, recibió varias querellas que fueron desestimadas. ¿Cómo le afectó acabar ante los tribunales por informar?
- Me afectó, sí, pero también aquí he aprendido mucho. Mi primera querella me la interpone José Luis Ábalos por esas ocho noticias que publiqué en noviembre de 2021. Saber que estás precisamente investigando y que has llegado a una trama de corrupción y que te interpongan una querella y verte tú sentada en el banquillo, en lugar de ver a la otra persona es verdaderamente frustrante. Pero la verdad es que me ayudó mucho a entender cómo los periodistas debemos operar desde el punto de vista legal.
Era mi primera querella, yo nunca me había visto en una situación similar y defender tu honor es un buen ejercicio también para un periodista. Aprendes, por ejemplo, cuándo se debe ir aportando la información en función de si los objetivos responden al interés general, que no se pueden publicar fotografías de una persona que no está en un entramado de corrupción o que no ha sido citada en una causa o que no aparece en un sumario o en un informe de la UCO. Que a veces hay que guardar la información, no dosificarla con intereses comerciales, sino guardarla básicamente para mantener la privacidad y el derecho al honor de las personas que tú conoces que están dentro de la trama, pero que aún no ha llegado el momento procesal para presentarlas en sociedad. Eso me ha enseñado muchísimo. He aprendido no sólo del propio funcionamiento de la justicia, sino de mi propio abogado, que ha ido un poco también marcando el paso de “esto no se puede, esto de momento no, espérate ya veremos cuándo llega el momento”.
Eso para un periodista es muy enriquecedor, porque te reconcilia, no sólo con el periodismo, sino también con la justicia. Todo tiene su momento y las personas tienen derecho a su presunción de inocencia, a su derecho al honor, a su intimidad, incluso si eres una prostituta que te has visto con un ministro en determinados entornos.
El periodismo de investigación es la columna vertebral del periodismo en estos momentos
- Pero, hasta que las querellas fueron archivadas, supongo que fueron unos años muy duros…
- Tardaron tres años, pero yo nunca tuve ninguna duda de que iban a ser archivadas, nunca tuve ninguna duda de que José Luis Ábalos iba a acabar en la cárcel, y de que iba a acabar aflorando la verdad, pero no sabía hasta qué punto o en qué condiciones. El propio instructor incluso reconocía que era evidente que parte de las personas que habían sido citadas a declarar por parte de Ábalos no habían dicho la verdad en sede judicial, como yo sabía que no lo habían hecho.
Me sentí muy frustrada cuando vi que algunas de las personas con las que yo había establecido contactos mentían; pero luego me reconcilió mucho con la justicia ver que a veces, aunque nosotros creamos que no, tiene ojos detrás de esa venda con la que es representada y ve. Te das cuenta de que, efectivamente, estamos en un Estado de derecho con una Administración de Justicia que cumple su función y ve más allá de lo que unos y otros dicen.
Además, el auto del juzgado de instrucción número 52 de Madrid era una auténtica loa también a nuestro ejercicio profesional y un reconocimiento que a mí me pareció muy gratificante.
- ¿Cambió eso su forma de trabajar? ¿No le da miedo publicar determinadas cosas?
- No, empecé a tener otra perspectiva, que es la perspectiva legal, quizá incluso a ser más estratégica, a tener otra visión. Siempre se habla sobre el derecho a la libertad de prensa, el derecho a nuestro ejercicio profesional, al secreto profesional, entre otras cosas, sobre cómo está configurada la ley en nuestro país para proteger el desempeño de nuestra profesión, pero nunca había entendido o había tenido que sufrir dónde están los límites de nuestra actividad profesional.
No me ha dado miedo publicar más, para nada, al revés. Lo que pasa es que sí que he aprendido a ser cautelosa conforme a las leyes que establecen precisamente los límites de nuestro derecho a la libertad de informar al ciudadano. Es muy importante que lo entendamos todos los periodistas.
- ¿Ha sentido en todo momento el apoyo del medio en el que trabaja, The Objective?
- Sí, es impagable el apoyo absoluto que he tenido por parte de Álvaro Nieto, de mi director, y por parte de Paula Quinteros, la editora del periódico. Creo que es algo inusual, pues hay muchas hipotecas en los medios de comunicación, y es insólito el apoyo absoluto y total, hasta en los momentos más difíciles. Porque, como te decía, hay un momento concreto que a mí me dejan de coger el teléfono, aquello que nutre todas mis informaciones, mis fuentes del Partido Socialista y del Gobierno. Y hablo con mi director y le digo: “Álvaro, lo mismo tienes que cambiarme de área, porque no puedo hacer información, mi base es esta, y no te puedo aportar nada en este campo”. Y él me dijo: “Tranquila, espera, confía, que en algún momento irá saliendo la luz”.
Fue una etapa muy complicada, pero yo creo que, efectivamente, el tiempo, el esfuerzo y la persistencia han premiado a los que siempre dijimos la verdad, a los que fuimos valientes a la hora de publicarlo y, sobre todo, a los que no cejamos en nuestro compromiso con la verdad y con la ciudadanía, que era informar.
Creo que lo que no es asumible es la falta de honestidad
- En un momento como este, de polarización y de descrédito de los medios, ¿qué es lo que cree que define hoy a un periodista?
- La honestidad. Los periodistas nos podemos equivocar, los periodistas que estamos además tan expuestos, que escribimos bajo mucha presión, podemos cometer errores, eso es asumible, todos lo hacemos. Yo creo que lo que no es asumible es la falta de honestidad. Creo que lo perciben los ciudadanos, se dan cuenta perfectamente de quién es un periodista honesto y quién no lo es.
A veces esa información veraz puede no ser verdad, si bien la importancia es que seamos honestos para llevar a cabo la pertinente diligencia informativa que nos permita proyectar una información que es veraz. Si además sabemos que, aparte de la veracidad, está la verdad, pues entonces es un plus; y yo creo que eso al final te empapa, te empapa en el propio sentimiento con el que tú compareces ante los ciudadanos.
Creo que la mayoría de los periodistas son honestos, pero en este país en los últimos años hemos visto a un pequeño grupo de periodistas atacando a otros periodistas, firmando manifiestos, señalándolos sin saber si los que estaban equivocados y estaban cometiendo esos errores eran ellos. Hay una pequeña parte de esta profesión que no es honesta, que no lo es, y que se ha prestado a otro tipo de intereses.
Por eso, entre todos tenemos que trabajar para que la gente vuelva a creer en el periodismo, puesto que es verdad que el periodismo está en crisis, y está en crisis por el auge de las redes sociales. Yo nunca he sido muy partidaria de ellas, aunque hay que estar y hay que hacer pedagogía también desde dentro, y desde nuestros propios medios de comunicación, para que la gente entienda que no se puede confiar en el “periodismo ciudadano”, para que se entienda que las noticias se dan en tu medio, no en las redes sociales. Porque un medio de comunicación tiene la acreditada trayectoria, el código deontológico, la formación y el formato para explicar bien una noticia. Y que no sale gratis decir cualquier cosa, los errores se pagan muy caros. Esa es la diferencia entre un tuitero y un periodista, que uno se somete a la crítica y a la fiscalización de su trabajo y el otro no.
- ¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?
- Lo que más me gusta de todo es el trato con las fuentes, muchísimo más que la televisión, más que la radio. Ese momento en el que te sientas en un café con una fuente, y te empieza a contar información que nadie sabe y depende de ti tirar del hilo, contactar con las siguientes fuentes, establecer conexiones, luego sentarte en casa, pensar, revisar tus notas y abrir nuevas vías.
Los ciudadanos tienen que entender que el periodismo exige renuncias y sacrificios
- ¿Y cómo lleva el estrés y la conciliación con la vida personal y familiar?
- El estrés, pues mal, y la conciliación… eso no lo llevo. No lo llevo porque no concilio desde hace cuatro años. Y yo creo que esto es algo que los ciudadanos tienen que saber para que aprecien lo que es el periodismo. Los ciudadanos tienen que entender que el periodismo exige renuncias y exige sacrificios. No es verdad la moto que nos han vendido a las mujeres de que se puede ser periodista diez, madre diez y mujer diez. No es verdad.
Yo he hecho esas renuncias, como tantas otras mujeres periodistas que han tenido que hacer sacrificios enormes, desde el punto de vista vital, familiar y personal, para mantenerse donde estaban. Esta investigación tiene cuatro años y medio y mi hija tiene tres años y diez meses. Yo espero que el día de mañana sea capaz de apreciar lo que hizo su madre en los momentos más difíciles y en los primeros pasos de su hija. Es importante asumir tus decisiones, explicarlas y que se aprecien tus sacrificios, sobre todo para las mujeres, que somos las que más lo padecemos.
- Para terminar, si tuviera que decir lo mejor que le ha dado esta profesión, ¿qué sería?
- Lo mejor que me ha dado esta profesión es la vocación. Y también entender que el trabajo de un periodista siempre es un servicio público. Aunque trabajemos en un medio privado, con intereses privados y con capitales privados. Cuando entiendes eso, cuando entiendes que tú estás ahí, no para enterarte el primero de las noticias, sino para que sean los demás, la ciudadanía, los que se enteren los primeros, leyéndote, escuchándote o viéndote. Creo que es cuando se le da una trascendencia y una dimensión brutal a nuestra profesión, que, ya digo, trasciende de los intereses privados y de los intereses propios. Yo creo que eso es un valor incalculable y hace que el periodismo sea la profesión más bonita del mundo.
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