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Javier Calvo: 'Somos periodistas de agencia y nos dedicamos a contar noticias, ni más ni menos: llevamos las clásicas 5W tatuadas en los teletipos'

18/12/2025

10:31

Escrito por: APM

Discurso íntegro del jefe de Información Parlamentaria de Europa Press al recibir el Premio 'Josefina Carabias' del Congreso por su labor en el periodismo parlamentario.

Por su interés, se reproduce a continuación el discurso íntegro pronunciado por el periodista y asociado de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) Javier Calvo, jefe de Información Parlamentaria de la agencia Europa Press, al recibir el Premio "Josefina Carabias" de Periodismo Parlamentario que anualmente otorga la Mesa del Congreso de los Diputados, a propuesta de un jurado compuesto por representantes de la institución y de la profesión periodística.

La nominación de Javier Calvo fue respaldada por la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) y la APM, y recibió la aprobación unánime del jurado, siendo confirmada posteriormente por la Mesa de la Cámara.

Javier Calvo recibiendo el galardón. Imagen del Canal Parlamentario

"Buenas tardes, damas y caballeros; señora presidenta, señorías, colegas periodistas:

Antes que nada, debo pedir disculpas por mi torpe oratoria. Yo no fui programado para hablar en público, y eso se va a poner en evidencia en los próximos minutos, así que ruego su comprensión. Pero, en fin, la ocasión merece el experimento.

Dicho esto, lo primero es ser agradecido y debo empezar dando las gracias al jurado y a la Mesa del Congreso por haberse acordado de este periodista de agencia para un premio del nivel del Josefina Carabias, un galardón que han recibido prestigiosos compañeros, desde Lucía Méndez y nuestra presidenta, Anabel Díez, hasta el último galardonado, Josep Capella. Este año va a bajar un poco la media, pero seguro que se recupera en próximas ediciones.

Además, un premio que lleva el nombre de Josefina Carabias, una ilustre pionera del periodismo parlamentario, que empezó en los albores de la República en la revista Estampa y que fue contemporánea de leyendas como Manuel Chaves Nogales.

Aunque a algunos les resulte sorprendente, yo solo llevó 25 años en esta Cámara y no llegué a coincidir con Josefina Carabias en los pasillos del Congreso, ya me hubiera gustado.

Pero hay un dato que sí tenemos en común. Cuando Josefina Carabias regresó a España tras unos años de exilio por la Guerra Civil, retomó el periodismo, su vocación, mi vocación, pero lo tuvo que hacer con otro nombre e incluso llegó a ganar un premio, el Luca de Tena, por un artículo sin firmar. O sea, como si fuera de agencia de noticias.

Y esto nos lleva a mi segundo motivo de agradecimiento por reconocer con este galardón el discreto y silencioso trabajo de las agencias de noticias; de Europa Press, por supuesto, pero también de Efe, Servimedia, Colpisa, ACN y otras agencias hermanas con las que coincidimos en estos pasillos.

Solemos pasar inadvertidos, no tenemos nombre propio, ni se nos ve en televisión ni se nos escucha en la radio

Solemos pasar inadvertidos, no tenemos nombre propio, ni se nos ve en televisión ni se nos escucha en la radio. Nuestra firma es el colectivo, prevalece la imagen de marca por encima de la persona. “Estuve en mil batallas, pero nadie me vio”, podría poner en mi epitafio profesional. Pero que no estemos en el foco no quiere decir que estemos desenfocados.

Somos la base de la pirámide informativa, a veces la zona cero de la noticia, y nuestro trabajo es desarrollado después en los diarios y en los medios audiovisuales, donde suele alcanzar una mayor espectacularidad. Nuestra mirada abarca todas las dependencias del Congreso.

Somos la base de la pirámide informativa, a veces la zona cero de la noticia

A diferencia del canciller Bismark, nosotros sí queremos conocer y divulgar todo el proceso parlamentario.

Por supuesto, seguimos las ruedas de prensa y los grandes debates, pero también las reuniones a puerta cerrada, los distintos pasos del procedimiento legislativo, la presentación de iniciativas, las negociaciones de los grupos parlamentarios, la transacción de enmiendas y todos los debates en comisión y en pleno, con sus sonoras descalificaciones y las resignadas llamadas al orden.

Llevamos tatuadas en los teletipos las clásicas cinco uves dobles del periodismo. Nos interesa qué está pasando, cuándo y dónde ocurre, quién lo dice y por qué está sucediendo. Somos periodistas de agencia y nos dedicamos a contar noticias, ni más ni menos, tan sencillo como complicado.

Y en nuestro caso particular, tenemos especial querencia, no tanto en lo que se dice, sino en lo que se debate, en el articulado de una ley o el petitum de una proposición no de ley; porque entendemos que, más allá del “parole, parole”, lo trascendente para la ciudadanía es lo que está escrito negro sobre blanco, y lo que vota cada uno al respecto.

Para llevar a cabo esta tarea informativa y llegar a todo no basta con una persona. Además, es sabido que el equipo engrandece al individuo, cholismo puro,  y en esto yo soy un afortunado al tener a mi lado a unos formidables profesionales de experiencia contrastada.

La joven Paula Parra, que estuvo con nosotros hasta el final de verano; el doctorando Julio de la Fuente, nuestra última incorporación; la luminosa Irene Sevilla, cuyo retorno celebramos todos los días; el indomable Víctor Villalba, nuestro experto económico. Y, sobre todo, la gran Lucía López Rojo, mi mano derecha e izquierda, con quien llevo más de 20 años compartiendo estas cabinas y de la que sigo aprendiendo el oficio, con la que sigo disfrutando de este oficio.

Tampoco puedo dejar de acordarme de los demás compañeros de la sección de Política, especialmente de quienes siguen a los distintos partidos y con los que compartimos los martes de Junta de Portavoces esas sucesivas ruedas de prensa, la mayoría del mismo grupo parlamentario, por cierto. Estoy pensando en la infatigable Marisa Piqueras, David García, Alicia Vela, Daniel Blanco y Esteban Heredero, nuestro contacto en el Senado.

Gracias a todos por demostrar a diario que este trabajo, con sus largas horas y sus ratos de desesperación, no es incompatible con mantener el buen humor y la ironía, y que la profesionalidad bien entendida no implica una competitividad tóxica.

Juntos nos adentramos en las procelosas aguas de hipérbole en las que navegamos últimamente. Hace décadas, un diputado de la oposición llamaba “tahúr del Misisipi” a un presidente del Gobierno; aquello entonces era gravísimo, pero hoy sería un guiño cómplice.

Ofensiva de improperios desde distintas bancadas: cínico, hipócrita, fascista, golpista, traidor, mafia, corrupto, franquista, mentiroso o el ¡hay que aplastarlos!

En los últimos tiempos, los matices han ido retrocediendo despavoridos ante la ofensiva de improperios lanzados desde distintas bancadas, ofensas del tipo cínico, hipócrita, fascista, golpista, traidor, mafia, corrupto, franquista, mentiroso o el ¡hay que aplastarlos!

¿Pero dónde trabajo yo? Si nunca tuve valor para ser corresponsal de guerra.

Y ese clima, amplificado por las redes sociales, se extiende también a las salas de prensa. Cuando una pregunta empieza por un “¿No le da vergüenza…? es que ya estamos en otra cosa. No se busca tanto sacar información como sacar los colores al orador. No se quiere obtener una noticia, qué ordinariez, sino un vídeo para difundir en redes la falta de respuesta.

No se quiere obtener una noticia, qué ordinariez, sino un vídeo para difundir en redes la falta de respuesta

Les confieso que yo entiendo el periodismo de otra manera, quizá porque a mi edad ya tengo el cinismo más alto que el colesterol. De entrada, nunca he compartido ese axioma de que para ser buen periodista hay que ser maleducado o incluso impertinente. A mí eso no me sale. No fue esa la educación que yo recibí.

Ahora que ya no pueden dar marcha atrás con el premio, puedo reconocer que yo no soy analista, ni comunicador, ni tertuliano, ni transcriptor, ni un gabinete de prensa, ni mucho menos un activista, que eso de estar siempre en posesión de la verdad absoluta debe de ser algo cansadísimo.

Yo solo soy un periodista de agencia, veterano, es verdad; pero ya dijo Groucho Marx que la edad no es algo meritorio, al fin y al cabo, cualquiera puede envejecer.

En nuestras cabinas, tenemos colgado el lema en un cartel: “Esto es una agencia de noticias”. Simple y rotundo. Que nadie se confunda.

Eso no nos libra de que un día se nos encuadre en la fachosfera y que al día siguiente se nos tache de terminal sanchista. Reconozco que ser ambas cosas al mismo tiempo sería un prodigio, pero obviamente no somos así.

Los estoicos de la Grecia clásica, con los que cada vez me identifico más, sostienen que “la naturaleza dio al ser humano dos orejas y una boca para que escuche más que hable”, y yo sigo convencido de que la base de este oficio es escuchar.

La base del periodismo, sí, pero probablemente también de la política, aunque yo no soy quién para decírselo.

Y escuchar exige prestar atención, no basta con oír. Por supuesto se trata de escuchar a la otra persona, no escucharse a sí mismo, que es algo que se ve con frecuencia por estos lares, tanto en el hemiciclo como en la sala de prensa.

Partiendo de entender lo que escucha, el periodista ha de ponerlo todo en su contexto, relacionarlo con lo que la misma voz sostuvo hace unas semanas y compararlo con lo que dicen otros compañeros o adversarios. Y al final, el resultado debe ser explicado con sencillez y naturalidad, porque nos dirigimos a personas que no están familiarizadas con la actividad parlamentaria y que no se merecen ser castigadas con neologismos ni tecnicismos. Las avocaciones a Pleno y las ponderaciones de voto ya las traducimos nosotros, porque informar no debe requerir códigos encriptados.

Por supuesto que nuestro trabajo periodístico está basado en hechos, documentos y testimonios tratados con rigor; porque si no, no sería periodístico, sería otra cosa.

Pero la crónica parlamentaria cumple una función social añadida y hasta de servicio público: se trata de hacer sencillo lo complejo y divulgar su trabajo, para que la política y la actividad parlamentaria, en las que sigo creyendo, atraigan el interés de la sociedad, lleguen a la ciudadanía y, de paso, se refuercen los cimientos de la democracia.

No les aburro más. Por último, no por ello lo menos importante, sino más bien al contrario, quiero agradecer el apoyo y la paciencia de mi familia, de Mariló, Alejandro y Silvia, que han sobrellevado mis ausencias por los desarreglados horarios que priman en esta casa, esos martes reñidos con la conciliación en los que solo cabe un “buenas noches” y poco más. Es verdad que, solo con ver la televisión, ellos entienden a lo que me dedico, pero espero que al menos con este premio sepan que el trabajo y el esfuerzo, más tarde o más temprano, tienen su recompensa.

Así que muchas gracias a ellos y a muchas gracias a todos ustedes".

 

Séptima edición del Premio 'Josefina Carabias'

Javier Calvo, durante el discurso. Imagen del Canal Parlamentario

Javier Calvo, madrileño y graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, se unió a Europa Press en diciembre de 1989 y tras pasar por distintas secciones, se desempeña desde el año 2000 como jefe de Información Parlamentaria en el Congreso. Anteriormente, en 2009, fue laureado con el Premio "Luis Carandell" del Senado.

Este premio del Congreso, instaurado en 2018 y con una dotación de 6.000 euros, lleva el nombre de Josefina Carabias (1908-1980), pionera en el periodismo parlamentario desde 1931. Los primeros galardonados fueron Lucía Méndez (El Mundo), Anabel Díez (El País) y, de forma póstuma, Montserrat Oliva (Avui). Entre otros, también lo han recibido Fernando Garea, Carmen del Riego, María Antonia López y Josep Capella.

Los candidatos a este premio son propuestos por asociaciones periodísticas, grupos parlamentarios y organizaciones que promueven la democracia y los derechos humanos.

 

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