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Los autores del reportaje sobre el asesinato de Ricardo Ortega discrepan del cierre del caso

Han pasado siete años de su muerte en Haití.

El séptimo aniversario de la muerte de Ricardo Ortega, asesinado en Puerto Príncipe (Haití) el 7 de marzo de 2004, ha sido el más triste para quienes hemos seguido de cerca la evolución del caso. Durante varios años, familiares, compañeros y amigos del periodista de Antena 3 TV hemos convocado actos de homenaje, en su mayoría en la sede de la APM, que han servido tanto para recordar su brillante trayectoria profesional como para informar del desarrollo del proceso judicial iniciado a raíz de su muerte. Hace dos semanas, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco decidía archivar el caso cuando, a nuestro juicio, aún se podría hacer algo más para esclarecer el caso.

En mayo de 2008 se produjo un hecho relevante. Los padres del reportero dieron a conocer, también en la sede de la APM, el auto del Juez de Instrucción del Tribunal de Primera Instancia de Puerto Príncipe, Bernard Saint-Vil, por el que decidió no procesar a un haitiano detenido poco después del suceso al considerar que “ha quedado establecido a raíz de la declaración de los testigos y de la inspección ocular que han sido los militares extranjeros quienes han disparado a la altura del pecho y que son responsables de la muerte del periodista español Ricardo Ortega”.

El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz reabrió el caso en verano de ese mismo año. Tomó declaración a los padres de Ricardo Ortega y a varios periodistas y, entre otras diligencias, pidió a la Autoridad Judicial de Haití que autorizara el desplazamiento de la comisión judicial del juzgado a Puerto Príncipe en compañía del equipo policial de investigación designado para: “reconocer el lugar de los hechos y reconstrucción judicial de los mismos; recibir declaraciones de testigos; y recabar información policial sobre tipo de armamento empleado por los chimeres el 7 de marzo de 2004”.

Aunque esta diligencia no se ha llegado a realizar, en un auto publicado el pasado 21 de febrero el Juez Velasco acordó el “sobreseimiento provisional por falta de autor conocido de la investigación sobre la muerte del reportero español Ricardo Ortega en marzo de 2004 en Haití”. El magistrado señala que de las dos hipótesis planteadas la menos verosímil es la de que los autores del disparo fueran soldados norteamericanos. Daba más credibilidad a la otra posibilidad barajada por los investigadores del caso, la presencia de un francotirador cuya sombra aparece, supuestamente, en las imágenes grabadas por el reportero momentos antes de caer abatido. Los firmantes de este texto también tuvieron en cuenta esa posibilidad, pero la rechazaron al comprobar la trayectoria de la bala y, sobre todo, al otorgar credibilidad a los testimonios de los testigos, los mismos a los que posteriormente interrogó la justicia haitiana.

“¡Están aquí!”
El periodista de Antena 3 Televisión cayó abatido por una sola bala de gran calibre disparada desde el otro lado de una verja metálica. Él mismo dejó constancia de lo sucedido con su propia cámara que, como se dice en el argot televisivo, “se fue a negro” inmediatamente después de registrar la voz del reportero gritando “¡están aquí!” y de grabar el recorrido de un proyectil que levantó una brizna de polvo en una esterilla colocada sobre un coche. ¿Y a quién puede referirse alguien que abandona un refugio seguro y se muestra abiertamente junto a un grupo de haitianos? ¿A un “chimere” apostado en el edificio de enfrente esperando el momento de apretar el gatillo? ¿O a los soldados a los que habían estado llamando desesperadamente los periodistas asediados y que, en un momento de gran tensión como aquel, pudieron disparar hacia un objetivo desconocido y potencialmente peligroso? Cabe la primera posibilidad, por supuesto, pero varios testigos aseguran que vieron pasar varios vehículos militares y que un soldado que iba en el último volvió su arma y disparó indiscriminadamente contra el interior del callejón.

Queda sin resolver, por último, el origen del proyectil asesino. Se cree muy posible que la bala que atravesó a nuestro compañero se incrustara en la cadera de un haitiano, François Joseph, que estaba justo detrás de él. Ese proyectil fue extraído algún tiempo después en Estados Unidos, pero nunca ha sido enviado a España para verificar su posible procedencia. El auto del juez Velasco está basado en una investigación impecable y exhaustiva, pero a juicio de los periodistas que investigaron lo sucedido sobre el terreno aún quedan cabos sueltos que alimentan la necesidad de seguir investigando antes de cerrar definitivamente el caso.

Remitido por: Idoia Avizanda, Diego Contreras, Koldo Hormaza y Jesús Martín (Autores del reportaje “Ricardo Ortega, muerte de un reportero”, emitido por Antena 3 TV y galardonado con un FIPA de Oro en el Festival Internacional de Biarritz de 2005).

Más información sobre el lugar donde fue tiroteado Ricardo Ortega pinchando aquí.

 

 

 

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