Raúl del Pozo
Periodismo con Raúl del Pozo
Una vez me dijo Raúl del Pozo que “en esta profesión el que no está loco desentona”. Se refería al Periodismo de aquellos años gloriosos para la profesión entre los 60 y los 90, cuando los periodistas aún no estaban estabulados en las redacciones delante de una pantalla. Entonces había que ir a los sitios donde ocurrían las cosas. Ahora basta con estar atento a la retransmisión televisiva para hacer la crónica del partido, de la sesión de Cortes o del accidente ferroviario de Adamuz. O recurrir a la "imaginated press", la agencia favorita con la que todo mal informador inventa noticias para ponerlas en circulación en la infernal rueda de las redes sociales donde no hay ningún severo redactor-jefe que te pida las fuentes y las comprobaciones exigibles a toda buena pieza periodística.
Pero a lo que se refería nuestro llorado e inolvidable compañero era al ambiente, tantas veces enloquecido, de las redacciones de aquellos diarios, especialmente de la del suyo, Pueblo, con redactores atrabiliarios como él mismo o como Yale, Rosa Villacastín, Raúl Cancio, Carmen Rigalt, Manolo Molés, Julia Navarro, Tico Medina, José María García, Arturo Pérez Reverte…Una redacción de figuras del reporterismo como posiblemente no se había dado jamás en España. Y aquella redacción, con su whiskería en la planta baja, era en efecto una brillante casa de locos, por lo que Raúl del Pozo concluía acertadamente que allí el que estaba demasiado cuerdo no entonaba en el paisaje.
Fue la época dorada de la reciente historia del Periodismo, cuando aún no habían llegado a las empresas los ordenadores ni la informática, se componía en plomo y se imprimía en auténticos monstruos de rotativas que hoy nos parecen de la prehistoria industrial. Ello conllevaba el esmero en la redacción, la correcta ortografía y la pulcra sintaxis, después de haber cotejado la información con dos o tres fuentes fiables, porque además del peligro de la censura o la rectificación obligada te iba en ello tu propio prestigio si la noticia era rotundamente desmentida por alguno de los afectados.
A la vista de lo que sucede hoy podemos acreditar que aquel Periodismo riguroso que respetaba las normas clásicas de la profesión ha dejado de existir en buena parte y el que todavía pervive queda diluido en el marasmo de Internet y de la inteligencia artificial (IA) donde nunca llegas a saber con certeza si la imagen de una situación comprometida entre dos personajes famosos es real o virtualmente amañada por las artes del nuevo endemoniado ingenio del último grito de la técnica. Y queda diluido, repito, porque además los datos de audiencia y lectura son implacables a favor de Internet, donde todo vale, y en contra del trabajo serio que aún queda aunque en franca retirada y para los cada vez menos románticos del papel.
Me parece que no cabe mejor homenaje al inmenso periodista Raúl del Pozo que recrear aquella época de la prensa en papel cuando de madrugada, cerrado ya el periódico, los más cafeteros se encontraban para las últimas copas en los bares que solían ser llamados de las tres P. Y allí nadie desentonaba.
Francisco Giménez-Alemán, asociado de vitalicio de la APM y Premio APM de Honor 2020 / El Correo de Andalucía
Publicado originariamente en El Correo de Andalucía el 15 de marzo
