Francisco Sáez González
El pasado 7 de mayo murió en Madrid, donde residía, el periodista Francisco Sáez, que había cumplido 101 años. Nació en Laredo, Cantabria, en enero de 1925. Se trasladó a Madrid en 1932, y la guerra civil le sorprendió de vacaciones escolares en su villa natal. De su primera adolescencia recordaría su regreso a Madrid en la posguerra, en febrero de 1941, acompañando a su tía, María González, que había salido de prisión en Santander cumpliendo condena por auxilio a la rebelión, debido a su filiación republicana. En la capital -en un clima de represión, derrota y hambre- se hallaban escondidos su padre, Ramón, y su hermano mayor. Francisco era el cuarto de los hermanos Sáez; el primero Ramón fue crítico de arte, los dos siguientes, Fernando y Martín, reconocidos pintores, el quinto, Juan Manuel, marino y empresario.
Paco Sáez, como era conocido en las redacciones de la época, trabajó en diversos medios impresos, diarios y semanarios, durante cuatro décadas desde los años 50 del último siglo. Estudió en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid a finales de los años 40, obteniendo el título profesional; previamente había realizado los cursos de la Escuela de Náutica, pero nunca ejerció en la marina mercante. Empezó a trabajar como periodista en el semanario La Hora durante su segunda época (1948-1950, que llevaba como subtítulo Semanario de Estudiantes Españoles). Luego, se integró en la redacción de El Español, semanario de cultura y política que dirigía Juan Aparicio, al que estuvo vinculado durante los años 50, llegando a desempeñar la categoría de redactor jefe. En este semanario, donde compartió redacción con otros jóvenes periodistas como Mauro Muñiz, Daniel Sueiro, Javier Rubio o José Manuel Echeverri, destacó en el género de la entrevista, introduciendo matices literarios, de ambiente y contexto, dialogando con escritores, pintores e intelectuales del momento. A lo largo de la década siguiente trabajó para diversas cabeceras -los bajos salarios que retribuían a los periodistas les obligaba a prestar sus servicios en varios medios-, entre ello ABC, Gaceta Ilustrada, Boletín Oficial del Estado y Sábado Gráfico, donde fue nombrado redactor jefe. Participa también en la confección de la revista SP, medio fundado y dirigido por Rodrigo Royo, que se convertiría en diario de 1967 a 1969.
En esta época orienta su trabajo profesional hacia la maquetación y composición de las publicaciones, una forma de eludir los conflictos ideológicos que conllevaba la escritura de textos y que habían sido causa de algún despido laboral. Paco Sáez fue un buen diseñador de medios, para ello acudió a técnicas propias de la publicidad y de las artes gráficas, poniendo de relieve la importancia de la imagen y de la titulación en la elaboración de periódicos que tuvieran atractivo para llegar al gran público.
A finales de esta década, después de un breve paso por el diario vespertino Pueblo, se incorpora a Arriba, periódico de Madrid de difusión nacional que era cabeza de la cadena de medios del Movimiento, con más de dos docenas de diarios de ámbito provincial, además de la agencia de prensa Pyresa, y que dependía de Presidencia del Gobierno. Siempre estuvo vinculado a tareas de maquetación y composición, hasta el cierre y posterior venta de las cabeceras, edificios y talleres de todos esos periódicos renombrados en la transición como Medios de comunicación social del Estado. En Arriba fue redactor jefe de cierre y subdirector, encargado de dirigir las prácticas de periodistas recién salidos de la Escuela o, en su momento, de la recién inaugurada Facultad de Ciencias de la Información. Numerosos jóvenes profesionales se incorporaron a los diarios de la cadena después de aprender el oficio de periodista de la mano de Paco Sáez. No en balde, consideraba que el de periodista era, antes que nada, un oficio que se aprendía en las redacciones y, entonces, en las imprentas.
En 1973 aceptó la dirección de un semanario de difusión nacional llamado Personas, que había salido al mercado sin éxito, al que dio una orientación acorde con la apertura de la sociedad española hacia la libertad y el pluralismo político, moral y estético, combinando textos de política nacional e internacional, entre ellos entrevistas a los intelectuales del exilio republicano y a los dirigentes de la oposición democrática, crónica política y artículos de fondo, junto a reportajes fotográficos de modelos y actrices que ocupaban la portada y las páginas en color. La revista se hizo un lugar en el mercado de la prensa en aquellos años, pero fue cerrada por el editor en 1977, después de ser objeto de secuestro judicial en tres ocasiones, retirando la policía la edición de los quioscos (en una de ellas llevaba una entrevista con el político, abogado y profesor socialista Gregorio Peces Barba). Sáez fue condenado por varios delitos de prensa a penas de inhabilitación profesional que sumaban varias décadas, condenas que fueron objeto de la amnistía.
En la época de la transición interviene en la fundación de la Unión de Periodistas, de la que fue uno de sus presidentes, organización que trataba de liberar la profesión de la tutela de las corporaciones del franquismo, reivindicando la condición de periodista para todo el que la ejercía de manera efectiva.
En los años 80 trabaja en dos gabinetes de comunicación públicos, uno de ellos la Mutualidad de Funcionarios Públicos, que editaba una revista mensual Muface, donde compartió su última dedicación profesional con su íntimo amigo Antonio Castro, periodista e historiador. Se jubiló en 1989, desde entonces se dedicó a la familia y a cuidar de sus cuatro nietos. Pero, siempre le acompañó una idea precisa sobre la importancia del periodismo y de la información en la configuración de una sociedad democrática, siguió vinculado a la Asociación de la Prensa y hasta el final fue lector de medios de comunicación impresos.
Sonia Sáez
20 de mayo de 2026