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Francisco Ibáñez Martín

La parte estimulante del veneno periodístico solo se conoce cuando se prueba. La diferencia estriba en saber distinguir un veneno de otro; el estimulante del letal. En 1977, Francisco Ibáñez Martín recibió un encargo personal del entonces director del diario El País (periódico para el que colaboraba). Se trataba de conocer la personalidad, el lado humano, de los jefes de las delegaciones estadounidense y soviética que estaban reunidos en Ginebra (ciudad en la que Paco residía y trabajaba desde hace años) para establecer nuevas bases de negociación sobre el control y reducción de los arsenales nucleares respectivos (acuerdos SALT II). Meses después, el secretario de Estado, Cyrus Vance, y el ministro de Relaciones exteriores, Andrei Gromyko acordaron esas bases. Dos años después, los presidentes Jimmy Carter y Leonidas Brezhnev firmaron el acuerdo. El paso dado en Ginebra fue crucial para dar aliento a las incertidumbres y temores de la Guerra Fría entre los dos bloques que dividían un entero planeta.

El relieve histórico perfila los nombres de los políticos mencionados. Sin embargo, el acuerdo no hubiera sido posible sin la diligencia y la sabiduría de los desconocidos jefes de las delegaciones soviética y estadounidense que establecieron en Ginebra el qué, el cómo y el porqué de la negociación. Juan Luis Cebrián llamó a Paco para que descubriera cómo eran esas dos personas; un encargo estimulante… pero envenenado: las posibilidades de fracasar eran altas. Paco aceptó el desafío. Sabía que el principal escollo era conocer algo de alguien en la hermética Unión Soviética. Cuando contactó con el diplomático soviético al que informó de su cometido periodístico, éste le disuadió de llevarlo a cabo. Paco trató en ese momento de convencer a su interlocutor de que no era otra cosa que conocer si a uno le gustaba jugar al tenis y al otro hacer vela en el mar Negro, o si sus hijos estudiaban esto o lo otro; cosas así, sin mayor trascendencia política. Pero nada, imposible. En ese momento, Paco esgrimió la única arma periodística a su alcance: una biografía ilustrada con pormenores de la vida privada del negociador estadounidense. Era inventada. El soviético leyó los papeles y reconsideró su postura inicial. A su “ya veremos” siguió una llamada días después para concertar una cita en la que Paco obtuvo el premio a su audaz procedimiento: una biografía del negociador soviético. Con ella en la manga acudió a la parte estadounidense de su inefable plan. Las reticencias de los americanos se desvanecieron en cuanto les describió al tipo de persona con la que estaban tratando. Paco les dijo más: que no quedaría bien de cara a los lectores, que una de las partes se hubiera negado a dar lo que otra sí había dado. La biografía del negociador estadounidense estaba en la mesa de trabajo de Paco dos días después.

Dice Javier Gomá que una cosa es palpar con la mano y otra tener tacto, ver con los ojos y tener ojo, degustar una comida y tener buen gusto, que una cosa es oler una fragancia y otra tener olfato, oír una melodía y tener oído. La segunda parte de los asertos de Gomá los cumplía Paco inequívocamente. Algunos dirán que la anécdota descrita fue obra de un sexto sentido; una formulación tan estéril y simplista que no merece la pena valorar, porque, desengañémonos, cuando se menciona un sexto sentido en el periodismo, es que el profesional obra con malas artes guiado por fines espurios. En el caso de Paco fue, era, pundonor y coraje. Al desdoblar el significado de los cinco sentidos, Javier Gomá concluye que “quien, educando el sentimiento en la escuela de la experiencia, mantiene sus sentidos desdoblados aprende no qué es el bien, sino cómo ser bueno”.

Haciendo valer sus derechos laborales y ya con los hijos criados, la familia decidió volver a España. Paco obtuvo una Plaza en Radio Nacional de España (entre otros medios en los que había colaborado desde Suiza) no sin la intervención de la justicia, que le dio la razón. A lo largo de sus años en Radio Nacional planteó 14 demandas contra la empresa; los jueces le dieron la razón 14 veces. Eso sin contar los pleitos desde el terreno sindical desde el que luchó. De cara a sus jefes se ganó un respeto (los mediocres le tenían miedo) que él cultivaba, acudiendo cada día a la redacción con traje y corbata para desesperación del público ágrafo. Defendió fervorosamente la autoría de las fuentes informativas, de modo que todo aquello que no era de cosecha propia fuera debidamente atribuido al profesional o al medio al que correspondiera.  Era decente.

En una de sus últimas visitas al domicilio de los abuelos (cuatro de sus nietos son británicos y los otros dos estadounidenses), uno de los de Londres le dijo: “Abuelo, prepara un viaje a Manzanares el Real que quiero ver el castillo”. Cuando Paco le pidió el motivo, el chaval contestó que porque había estudiado que era uno de los cinco castillos medievales mejor conservados de Europa. Después de contar la anécdota hablábamos de política, o sea de educación, y de las diferencias entre unos y otros países, porque él siempre trabajó la información internacional y porque sus horizontes deontológicos y vitales eran universales.

Cuando el diplomático soviético en Ginebra leyó la información sobre los negociadores de las SALT II que apareció en El País, observó que el perfil del estadounidense que le había pasado Paco no coincidía con el publicado. Inmediatamente, se dio cuenta de la treta que le había tendido y le llamó. Cuando se vieron no le pidió explicaciones. El diplomático dejó su expediente a salvo aclarando a Paco que a los soviéticos no se les engaña y que, de hecho, Paco no le había engañado, sino que había hecho algo peor que eso, enseñarle el flanco débil del carácter ruso: lo fácil que son de engatusar. Y el soviético le agradeció esa lección. Como prueba de ello le obsequió con una caja de botellas de vodka rosa, solo destinada a personalidades y mandatarios de alto nivel. Sé el celo con que guardaste ese botín durante años. Preguntaré a Marisol si por casualidad queda alguna botella para que junto con tus hijos y el resto de la familia brinden algún día por el amor que les distes y te dieron. Ahora que se ha puesto de moda la pink vodka (ni comparación con aquella) permíteme que yo celebre con los míos por tu amistad y tu carácter indómito, insobornable y cabal.

Alejandro Alcalde
13 de octubre de 2025