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  • Manifiesto de la APM ‘Por un periodismo libre, veraz e independiente’

La información libre, veraz e independiente está amenazada en España

Con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebra internacionalmente el próximo 3 de mayo, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) lanza el Manifiesto “Por un periodismo libre, veraz e independiente”, en el que expone, una vez más, los siguientes puntos:

– La libertad de prensa es una condición inexcusable para la pervivencia de la democracia y cuya falta de cumplimiento asegura de manera inexorable la muerte de cualquier sistema democrático.

– La libertad de prensa parte de la base del ejercicio de la libertad de información ejercida por los periodistas. Una información libre, veraz e independiente, que la sociedad tiene derecho a exigir y, a su vez, que los periodistas tienen el derecho y, sobre todo, la obligación de practicar.

– Es precisamente esa libertad de información libre, veraz e independiente la que está amenazada en la actualidad por muy variados factores.

– La crisis que atenaza a los medios de comunicación en las sociedades libres y desarrolladas ha tenido como efecto inmediato el adelgazamiento de las plantillas de esos medios y, simultáneamente, la drástica rebaja de los salarios de quienes han podido seguir dentro de la estructura empresarial.

– Como consecuencia de todo ello, el panorama informativo se ha poblado de informadores autónomos y falsos autónomos que comprueban cada día la fragilidad de su situación laboral.

– El miedo a perder el sustento no es solo una amenaza que pende sobre las cabezas de quienes han quedado fuera de la protección de las estructuras empresariales. También es compartido por el resto de la comunidad periodística.

– En esas condiciones de inseguridad, el ejercicio de la libertad de información se convierte en progresivamente dificultoso para muchos periodistas.

– A ello hay que añadir las presiones que, desde todos los ámbitos –políticos, económicos, institucionales, sociales– se han ejercido siempre sobre los informadores, pero ahora con mayor intensidad y más posibilidades de éxito, porque existe una conciencia y constatación generalizada de que la posición del periodista es hoy más frágil de lo que lo fue en el pasado.

– Y por si eso no fuera suficiente, la información libre, veraz e independiente se enfrenta ahora al desafío de la multiplicación de las noticias falsas, los bulos y las manipulaciones que, de forma masiva, constante e implacable, inundan las redes sociales y vías de comunicación en las que los ciudadanos se relacionan actualmente con el mundo exterior y con las que conforman sus criterios.

– En estas condiciones, es obligado hacer un contundente llamamiento a todos los actores de la sociedad:

A los Gobiernos, partidos políticos e instituciones de toda índole, para que respeten el trabajo de informar con libertad, independencia y veracidad de los periodistas y acepten, sin intentar coaccionarles, el resultado de sus averiguaciones.

A los responsables políticos, para que legislen en una dirección que no intente restringir la libertad de prensa y para que revisen en España los llamados “delitos de opinión”, de manera que la legislación española se adecúe a los estándares de los países democráticos de nuestro entorno. Y para que se tenga muy presente que el secreto profesional no solo es un derecho del periodista, sino una obligación de este para garantizar la confidencialidad de sus fuentes de información, sin cuya aportación sería imposible hacer públicas informaciones relevantes.

A las empresas periodísticas, que tienen la obligación de ser conscientes de que la actividad a la que se dedican no puede ser únicamente un negocio rentable, sino que es una función decisiva para garantizar la salud del sistema democrático. Así pues, deben asumir en la misma medida su responsabilidad por el decisivo papel social y político que cumplen los medios de comunicación.

A los propios periodistas, que están obligados a resistir las presiones de que puedan ser objeto, porque sobre ellos descansa la mayor de las responsabilidades: garantizar que los ciudadanos reciban una información cierta y no sometida a intereses espurios y desconocidos. Y que deben mantener su actividad en estos términos, de tal forma que la ciudadanía sepa que puede recurrir a las noticias veraces que ellos les ofrecen frente a la avalancha de falsedades sin autor conocido que las redes sociales albergan.

Finalmente, a la ciudadanía, para que sea consciente de que recibir una información libre de contaminación y de intereses ocultos no solo es un derecho que les asiste como miembros de una comunidad de seres libres e iguales, sino que es la única garantía de que esa condición –la cual les convierte en ciudadanos de una democracia– necesita ser respaldada activamente por todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Este es el único camino que garantiza la pervivencia de esa democracia en la que viven.

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