Jesús Torre Franco

Faceta humana y laboral de Jesús Torre Franco

Jesús Torre Franco nació en Soria, el 27 de junio de 1938. En 1956 se trasladó a Madrid, ciudad donde vivió hasta su muerte, acaecida el pasado 9 de julio. Gran parte de su familia había trabajado en Renfe y él, continuando con la tradición familiar, ingresó como aprendiz en los talleres de Villaverde en Madrid. Aunque no tenía más que los estudios elementales, aprovechando los ratos que le permitía el trabajo, pudo completar la carrera de Graduado Social.

Sin embargo, más allá de la tradición ferroviaria de su familia, su sueño siempre fue ser periodista. Sueño que empezó a cumplirse cuando, aún sin ser tener estudios de periodismo, se incorporó al diario “Arriba”, de la mano de Antonio Izquierdo, para hacer colaboraciones puntuales sobre mercados y también entrevistas. Lo que se llamaba “trabajo de calle”. Pero no quiso conformarse con esas colaboraciones, por lo que comenzó la carrera de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, ya casado y con tres hijos. No fue una tarea sencilla, pues trabajaba toda la semana y los sábados y domingos estudiaba en casa. Terminada la carrera, continuó en el diario “Arriba”, ya como redactor.

Al cerrar el periódico en 1979 se incorporó al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU), trabajando en la oficina de prensa del ministro Jesús Sancho Rof. Años más tarde ingresó en el Gabinete de Prensa de Renfe, trabajo que compaginó durante un tiempo con su labor en el MOPU. Sin embargo, fue en Renfe donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, ocupando varios puestos en el Gabinete de Prensa hasta ser finalmente nombrado jefe de Prensa de Castilla-La Mancha y Extremadura. Puesto este que desempeñaba cuando se jubiló anticipadamente a la edad de 60 años, 42 años después del inicio de su vida laboral.

Ya jubilado, colaboró con la Asociación Turística Ferroviaria. Durante estos últimos 20 años pudo además disfrutar de su familia, hijos y nietos. Tuvo tres hijos varones, todos ellos buenos padres gracias al ejemplo que siempre recibieron de él. Cuando se jubiló, recibió las felicitaciones de sus compañeros, que cariñosamente se referían a él como “maestro”. En sus dos últimos años de vida, la enfermedad de Alzheimer se llevó parte de sus recuerdos, pero nunca perdió su sonrisa, su amor hacia todos y su bondad.

Vienen al caso los últimos versos del poema que le escribió un compañero el día de su jubilación:

Hoy se marcha un caballero
De la pluma y del rail.
Dice adiós un compañero
Del que aprendí a sonreír.

Te espera la bella Soria.
En ella y con San Saturio
Confió, y es un augurio,
Vivirás tu mayor gloria.


Su esposa

4 de noviembre de 2018

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