Alejandro Lerroux (La Rambla, Córdoba, 1864-Madrid, 1949)

Presidente de la APM de octubre de 1931 a septiembre de 1933 y desde octubre de 1933 a octubre de 1934 (3 años y poco más de un mes).

Alejandro Lerroux, uno de los 173 fundadores de la Asociación de la Prensa de Madrid en 1895, fue elegido vicepresidente primero de la Asociación poco después de que se instaurara en España la II República, en 1931, con el claro propósito de que sucediera como presidente de la entidad a José Francos Rodríguez, que se encontraba muy enfermo. Lerroux, que tenía ya 67 años, había tenido una activa vida periodística hacía ya muchos años, en la que había dirigido, entre otros,  los diarios “El País” y “El Progreso”, en Madrid, y “La Publicidad”, en Barcelona, pero la razón principal por la que fue elegido vicepresidente era que acababa de ser nombrado ministro de Estado de la República y los periodistas consideraban que desde dicho puesto podría ser de gran utilidad tanto a la APM, en particular, como a la profesión, en general.

A la muerte de Francos Rodríguez, tal y como se esperaba, Lerroux ocupó la presidencia de la APM y durante su mandato se constituyó el Montepío de Periodistas, institución que, merced a los beneficios que proporcionaba la “Hoja del Lunes”, haría posible que los periodistas gozaran por primera vez de un subsidio de enfermedad y de una pensión de jubilación.

En septiembre de 1933, Lerroux fue elevado a la máxima categoría política de la nación, Presidente del Consejo de Ministros (era la primera vez, y la última, en la historia de la Asociación de la Prensa que su presidente era elegido jefe del Gobierno), y tuvo que dejar de liderar la agrupación periodística madrileña, a la que volvió (se había acordado no ocupar su puesto mientras presidía la nación) un mes después, tras ser destituido como Jefe del Gobierno. De nuevo, en diciembre de 1933, volvió a ser nombrado Presidente del Consejo de Ministros, y nuevamente dejó de presidir la APM temporalmente; así una y otra vez (hasta dos veces más), hasta que en el otoño de 1934 presentó su definitiva e irrevocable dimisión.

 

 

 

 

 

 

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