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Virginia P. Alonso: ‘Vamos a estar en un cambio permanente, ya no hay tiempo de estabilidad’

La periodista Virginia Pérez Alonso, adjunta al director de “El Mundo” y presidenta de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), ha sido elegida recientemente miembro de la Junta Ejecutiva del Instituto Internacional de Prensa (IPI, por sus siglas en inglés), durante el Congreso Mundial de Periodismo celebrado en Doha, Catar.

Virginia Pérez Alonso, adjunta al director de ‘El Mundo’. Foto: Elena Hidalgo / APM

A raíz de su nombramiento, Pérez Alonso se convierte en la primera mujer española (y también de habla hispana) que forma parte de la junta del órgano internacional.

– ¿Cuál va a ser su aportación como directiva del IPI durante los próximos tres años que dura su mandato?

Me han pedido que aporte mi conocimiento en temas de libertad de información, sobre todo, en lo relacionado con lo digital.

– Es también presidenta de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información. ¿Por qué surgió?

Sobre todo surge cuando vemos que se van a aprobar las leyes “mordaza” (Ley de Seguridad Ciudadana, la reforma del Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal) y vemos que hay una amenaza para la información. Estas leyes son un intento de frenar la información crítica sobre ciertos asuntos.

– Además de las leyes citadas, ¿hay más amenazas para el periodismo en nuestro país?

Hay también un abuso de lo que llaman en inglés “leyes de difamación” (derecho al honor, la injuria y la calumnia). Estos años de crisis, como ha publicado el IPI en alguno de sus informes, se han incrementado este tipo de denuncias. Son una amenaza porque en medios grandes se pueden hacer frente de mejor manera a todas estas demandas, pero en un medio pequeño estás abocado casi a la autocensura.

– ¿Qué se hace desde la plataforma contra todos estos abusos?

Las manifestaciones y protestas son parte de lo que hacemos, pero el grueso está en documentar y en poner negro sobre blanco todos estos abusos a la información. También organizamos jornadas muy divulgativas basadas en derechos y apoyadas en jueces y abogados.

– En general, ¿cómo ve la situación del sector periodístico español en la actualidad?

La verdad es que lo veo apasionante (risas). Dura, porque estamos en un momento de choque de trenes en todos los ámbitos (entre lo nuevo y lo viejo). ¿En el periodismo, cómo afecta? Pues tenemos que estar manteniendo lo viejo y, además, generar lo nuevo. Al final, estás jugando con los platillos e intentado que no se te caiga ni se te rompa ninguno. Es muy apasionante porque el aprendizaje que implica estar al día de todo lo nuevo que está surgiendo es impresionante. Nunca hubiera pensado cuando decidí dedicarme al periodismo que iba a poder aprender tantas cosas como he aprendido en los últimos diez años.

Es muy apasionante pero también muy duro. Tiene muchas implicaciones empresariales y estructurales que al final pasan por despidos, por reorganizaciones y por quedarse mucha gente que es muy válida por el camino. Se confunde con que lo que hace falta son nuevos perfiles y deshacerse de los viejos y eso es mentira. En las redacciones seguimos necesitando a gente con muchos años de experiencia porque los que están recién llegados necesitan de esa experiencia. Entonces, la dificultad o el reto está en encontrar el equilibrio y combinar todo eso.

Virginia P. Alonso, durante la entrevista. Foto de Elena Hidalgo / APM

– Y, ¿cómo se logra?

Parece un lugar común, pero al final el sentido común es fundamental. Sobre todo, lo que hace falta es no dejarse llevar por los “cantos de sirena”. En este nuevo entorno es muy fácil dejarse llevar con las visitas y el clic, y meterte en una vorágine que es muy peligrosa. La clave está en seguir apostando por el mejor periodismo posible, que es el que se hace para la ciudadanía, y luego, intentar combinarlo con todas las nuevas herramientas, que nos dan la posibilidad de narrar historias de otra manera y de llegar a más gente. La clave está en combinar todo eso con sentido común, con criterio y con un espíritu positivo. Derivado de la crisis de estos años, el ánimo está un poco por los suelos en las redacciones, en general.

– ¿Ha tocado fondo la crisis del periodismo en España, como algunos ya se atreven a vaticinar?

Alguien decía que son más duraderas las crisis que los periodos de bonanza. No sé si es así, pero el momento periodístico que nos está tocando vivir… aquí no hay marcha atrás. Estamos en un cambio constante y esto no va a parar porque la tecnología nos arrastra. ¿Eso se llama crisis? No lo llamaría crisis. ¿Cuándo hablas de crisis te refieres a los despidos, a las reorganizaciones y demás? Esto es lo que nos toca de ahora en adelante. Nos toca ir pegándonos a las curvas, y vienen muchas. No tiene por qué ser precisamente negativo. Nos toca acompasarnos a eso. Vamos a estar en un momento de cambio permanente, no nos queda otra. Creo que ya no hay tiempo de estabilidad.

– ¿Una perspectiva algo negativa, no?

No lo veo desde una perspectiva negativa. Es una realidad. Lo que toca es aclimatarse a esa realidad. Espero que los medios terminen encontrando una dimensión que les permita vivir, y sobre todo convivir, de una forma natural y exitosa con esta nueva realidad, pero eso lleva un tiempo.

– El paro y la precariedad volvieron a ser en 2015 el principal problema de la profesión, según el “Informe Anual de la Profesión Periodística 2015”. ¿Por qué se está precarizando tanto la profesión en los últimos años?

Primero porque se valora poco. No es una profesión que esté bien valorada. Luego, también, porque en lo que ha derivado esta crisis económica es en recortar costes, ajustar costes y dejar a periodistas, en muchas ocasiones, en una situación bastante lamentable. Se da una paradoja: estamos buscando hacer periodismo de calidad, buena información, rigurosa, que forme a nuestra ciudadanía y que conforme una opinión pública. Sin embargo, lo queremos hacer cada vez pagando menos e invirtiendo menos recursos. En algún momento, eso tendrá que equilibrarse también.

– Pero, ¿por qué cree que no se valora?

Ha habido una pérdida de credibilidad muy grande del periodismo en los últimos años. De eso también tenemos mucha culpa los periodistas. Solemos ser bastante autocomplacientes y a lo mejor deberíamos serlo un poco menos. No siempre se ha hecho un buen ejercicio periodístico.

– Pero eso no creo que sea algo nuevo de ahora…

Lo que ha ocurrido es que se han roto todas las estructuras de la comunicación con el nacimiento de internet y la ciudadanía entra en juego también en la información.

Los medios estaban muy acostumbrados a dar su mensaje y que nadie les replicara y de que todo lo que decían iba a misa. De pronto se encuentran con que no es así. Esto se ha significado mucho más en los años de la crisis cuando han pasado una serie de cosas que ningún medio había previsto con antelación. Se da a veces una relación demasiado cercana entre algunos periodistas y el “establishment” (los políticos, el poder económico y demás). Los propios medios están muchas veces financiados por empresas o por gente de la que al final tienes que estar informando. Se ha perdido parte de esa independencia y la gente también es mucho más consciente porque tiene una oferta mucho más grande. Eso significa una pérdida de credibilidad brutal.

Tenemos que hacer un ejercicio de autocrítica diario. No se trata de echar la vista atrás y decir qué es lo que hicimos mal sino qué es lo que no hacemos bien todos los días o qué es lo que tenemos que mejorar cada día. Perder el miedo también a permeabilizarnos un poco más de lo que la gente transmite, que al final estamos escribiendo y trabajando para que les llegue a ellos.

– El domingo salían a la luz los conocidos “Papeles de Panamá”. No es la primera vez que los periodistas (y no los medios) se unen para realizar este tipo de investigaciones a nivel internacional. ¿Va por ahí el futuro de la profesión?

El futuro de la profesión va por muchos sitios. Esa es una vía. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación lleva tiempo haciendo un trabajo excepcional. Son periodistas que se unen pero también hay otras agrupaciones que son de medios y no de periodistas, “El Mundo” participa en una de ellas.

Foto: Elena Hidalgo / APM.

– Dentro de poco se cumple un año desde su incorporación a “El Mundo” como adjunta al director del periódico, a cargo del área Digital. ¿Qué está haciendo el diario en este campo para adaptarse al panorama actual?

Ha habido un rediseño de la web y de la versión móvil. Este será posiblemente el último rediseño que hace “El Mundo”. No porque vayamos a mantener esta portada para siempre, sino porque si tú miras la portada que lanzamos en octubre como la nueva, y miras la de hoy, ya no tienen nada que ver. Es decir, el rediseño ya es una evolución constante. Eso es lo más visible de lo que hemos hecho. Luego hay un trabajo que se ve menos que se trata de ir incorporando todas esas nuevas narrativas: formas de contar historias, que lleguen a la gente, que les generen interés y que sigan manteniendo los estándares más altos de calidad periodística y que, particularmente para mí, que me diviertan. Me parece fundamental disfrutar con lo que hacemos.

Estamos trabajando mucho con la parte de datos, pero también de una forma transversal dentro de la redacción. Incorporando herramientas nuevas, probándolas y viendo en cada información, qué herramientas deberíamos utilizar. Todo esto implica cambiar dinámicas de trabajo dentro de la redacción. Este es el trabajo que fuera no se ve.

– En este ámbito, ¿se están haciendo cosas que diferencian a “El Mundo” de su competencia?

Hacemos cosas que nos diferencian bastante. Tenemos una frescura en “El Mundo” que pocos medios tienen. Es una redacción que tiene un pulso que a mí me ha sorprendido muy gratamente. Es una gozada trabajar aquí… hay chispa. Eso es una de las cosas que más nos diferencia. Luego, tenemos una capacidad de producir información que pocos medios tienen. La gente aquí trabaja un montón. También, en periodismo de datos, “El Mundo” es una referencia, en este momento. También estamos sentando las bases de algo que veremos en el futuro y que tiene que ver un poco con el “big data”. Esto sí que va a marcar una diferencia bastante grande.

– Unidad Editorial ha anunciado que acometerá una amplia reestructuración organizativa y de ajustes de plantilla ¿Cómo afectarán estos cambios a “El Mundo”?

Cuando se produzcan lo veremos. La empresa quiere hacer una transformación de toda la compañía y de las cabeceras hacia lo digital. Ojalá esa transformación pudiera hacerse manteniendo a toda la plantilla. El comunicado que envió ayer Unidad Editorial anuncia el inicio de este proceso con lo cual hasta que acabe no veremos cuál es la foto.

– ¿Piensa “El Mundo” volver a relanzar el “muro de pago”?

El debate del pago en los medios siempre está ahí. Es un debate que en todos los medios, sobre todo con edición impresa, está sobre la mesa. Aquí es un tema de conversación, no solo el “muro de pago”, sino el pago en general o el cómo generamos ingresos adicionales a la publicidad. Es un debate que es nuestra obligación tener. Seríamos unos irresponsables si no lo tuviéramos. Se están barajando muchas opciones distintas. De momento, se está estudiando y analizando. Sobre todo, en lo que estamos trabajando es en reforzar nuestras audiencias, en ganar audiencia de calidad, para poder decidir qué es lo que hacemos.

– Dada su experiencia, ¿por qué vías de financiación para la prensa apuesta usted?

Viendo un poco la predisposición al pago que hay en España, que es bastante escasa, una buena fórmula sería ir a la “fórmula del embudo”: conseguir el mayor número de usuarios posibles, sabiendo que de ese volumen de usuarios un pequeño porcentaje va a estar dispuesto a pagar por tus contenidos.

Antes de hablar de pago, lo primero que hay que tener es un producto y un medio muy consolidados y con una línea muy clara de qué es lo que se quiere hacer.

Personalmente creo que, de las fórmulas que hay en este momento, la del “muro de pago” es la más complicada. Lo que hay que hacer es convivir con todas las tipologías: de la suscripción al “crowdfunding”, pasando por el micropago. No privar a nuestros lectores de la información porque nuestra obligación es ofrecérsela, pero sí, obviamente, buscar maneras de financiación que nos permitan hacer el mejor periodismo. Creo en la combinación de distintas fórmulas.

Foto: Elena Hidalgo / APM.

– ¿Cómo va el proceso de transformación digital iniciado en 2015 por el grupo?

No me conozco todas las áreas de la compañía, pero lo que se está intentado hacer es dar más un enfoque más digital a todo. Lo que comentaba antes del “big data” es uno de los cimientos de esta transformación.

– Pero no va en sintonía con lo anunciado por “El País” de ser un medio esencialmente digital, ¿no?

El papel no hay ninguna intención de eliminarlo [en “El Mundo”]. Al contrario. Tenemos muchos lectores todavía en papel y queremos mantener la máxima calidad en papel.

Y, ¿qué opinión tiene de la estrategia de “El País”?

Me parece estupenda, pero si hubiesen hecho la opuesta me parecería igual de estupenda. Cada medio requiere una estrategia. No hay estrategias que sirvan para todos. A priori, lo que yo he visto de “El País”, funcionalmente tiene sentido.

Me parece que tiene sentido tener una redacción en la que el foco es digital. Tiene toda la lógica porque ahora mismo tenemos muchos más lectores en digital que en papel. Dentro de eso, invertir los términos como lo han hecho, ellos conocen su medio mejor que nadie. Eso no quiere decir que sea lo que tiene que funcionar en “El Mundo” o en cualquier otro medio.

– Pero, ¿puede la prensa vivir al margen del papel?

La edición impresa sigue generando muchos ingresos para las empresas de medios, pero no solo a estas. Se da una paradoja: aunque el papel cada vez lo lee menos gente, sigue siendo el producto periodístico que más influencia genera y que más lee el “establishment” (poderes políticos, económicos y judiciales). Eso genera un bucle curioso porque, aunque pueda terminar siendo residual, que posiblemente acabará siéndolo, pero no quiere decir que vaya a desaparecer, los grupos de medios seguimos apostando mucho por el papel porque sigue generando esa influencia. Eso a veces tapa la parte digital, que es donde está el grueso de la sociedad.

¿Puede vivir ahora un medio sin el papel? Es difícil. Entre otras cosas, porque cuando se han hecho análisis sobre la viabilidad de medios que tenían edición impresa, es muy difícil hacer un cálculo de coste real. Es un ejercicio que no creo que se plantee “El País” y desde luego, nosotros no nos lo planteamos en absoluto.

– ¿Qué opinión tiene sobre los bloqueadores de publicidad “online”?
Nos están haciendo mucho daño a todos los medios. Lo que hay que analizar va más allá de las consecuencias que tiene en este momento para los medios. Lo que hay que analizar es por qué hemos llegado hasta ahí. Los medios, y las webs en general, están sirviendo una publicidad de forma intrusiva que dificulta en muchas ocasiones la lectura de la propia información. Eso nos está llevando a hacer un ejercicio de reflexión sobre cómo tenemos que servir la publicidad sin olvidar que es nuestra principal fuente de ingresos y que no podemos renunciar a ella. Ese ejercicio es el que debemos plantearnos todos.

Incluso, hace unos días conocíamos que la justicia alemana daba otra victoria a Adblock Plus frente a los editores alemanes…

Que aquí intervenga la justicia me llama mucho la atención. De alguna forma estamos hablando de la libertad individual de cada uno y el medio será libre, en todo caso, de bloquear el acceso a quien use bloqueadores. Eso ya cada cuál sabrá lo qué hace y cómo lo quiere hacer. A mí, las medidas expeditivas, a priori no me gustan. Hay que trabajar en mejorar las condiciones y la relación entre tu audiencia y tu medio.

– ¿Veremos nuevas formas de presentar la información?

Sí. Nos queda muchísimo por ver. Ahora estamos viendo, por ejemplo, el vídeo social. Es una fórmula muy interesante que nos obliga a aprender lenguaje. El tema es que nos está obligando a reciclarnos constantemente a nosotros mismos. Ya estamos viendo también informaciones en realidad aumentada.

– O el uso de la realidad virtual.

Estas cosas se van a utilizar para temas muy puntuales y concretos. Tiene un coste elevadísimo y hay que determinar en qué tipo de informaciones quieres utilizarlo. Hay medios en EE. UU. que ya lo están haciendo. Incluso se está haciendo con fotografía. Una de las cosas que tiene esta crisis es que te activa el ingenio y ver cómo te las puedes ingeniar para con el menor coste posible, tener el mejor resultado. Piensas en realidad virtual y te viene el vídeo pero no, he visto realidad virtual con superposición de fotografías y es brutal.

– ¿Qué es lo mejor y lo peor que nos han aportado las redes sociales a los periodistas?

Le veo más cosas positivas que negativas. Primero, en redes sociales no solo somos emisores, somos receptores, y esa es la enorme ventaja. Si tú tienes capacidad de escucha, es una herramienta muy útil.

En el caso de Twitter y Facebook, también sirven para coger un poco de pulso social. Tiene una parte de burbuja, también. Sirven para ver qué temas interesan en un momento determinado. Bueno, también para recibir críticas. A veces hay gente que ve una errata y me escriben directamente a mí y lo corregimos. Eso lo agradezco un montón. Me parece una vía rápida y fácil de mejorar y ofrecer un servicio de mejor calidad.

Luego tiene inconvenientes. Hay veces que lo que nos provoca es que tenemos que tener la atención disgregada absolutamente. Hay gente que tiene mucha capacidad para hacerlo y otra que no tenemos tanta. Lo importante es la manera en la que te acercas a esas redes y para qué las quieres utilizar.

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