Teodoro Caderot Vallejo

Teodoro Caderot, un periodista de raza

Fallecido el 25 de agosto, a los 90 años. Asociado de honor, con el n.º 117. Ingresó en la APM en 1969

Teodoro Caderot

Decía San Agustín que “la muerte no es nada, que yo solo me he ido a la habitación de al lado”. El pasado 25 de agosto, un compañero vuestro, Teodoro Caderot Vallejo, integrante de una generación pionera en tantas y tantas cosas, entre ellas la de sentar las bases de por aquel entonces un nuevo periodismo, el que comenzó a desarrollarse después de la infausta Guerra Civil española, se fue precisamente a la habitación de al lado.

Teodoro, efectivamente, era periodista, periodista de raza, de aquellos que, como algunos ahora, entienden la comunicación como un ejercicio de responsabilidad y rigor.

Nacido en Madrid el 4 de febrero de 1929, recibió pronto los mazazos de la vida, el primero por la prematura pérdida de su padre –nuestro abuelo–, fulminado por la tuberculosis, y posteriormente por los perversos efectos del horrible y citado enfrentamiento armado.

La vivienda en la que residían, ubicada en la calle Paseo del Rey, justo por encima de la actual estación Príncipe Pío –del Norte, entonces–, era de las primeras que recibía los proyectiles del frente de guerra madrileño, lo que obligó a su madre María, junto a sus hijos Josefa y Teodoro, a trasladarse al interior de la ciudad, a la calle de San Vicente Ferrer.

Había que buscarse la vida, subsistir, y nuestro padre encontró el camino de la esperanza en el mundo del periodismo. Hizo varias oposiciones, todas ellas exitosas, una de ellas en el Banco Hispano Americano, que, según él, como relataba en ocasiones, le habría cambiado la vida, pero eligió por vocación, por profunda vocación, contar las cosas, narrarlas, siempre con la debida perspectiva, aceptando la oferta que en 1945, muy joven, apenas 16 años, recibió para formar parte de la escasísima plantilla de la sección deportiva Alfil, en la Agencia Efe.

Ubicado en una pequeña habitación, acompañado por tres compañeros significativamente más mayores que él, Teodoro se dedicó desde el principio a aquellas cuestiones que los demás no querían, obviando el ya por entonces todopoderoso fútbol para dedicarse en cuerpo y alma a una creciente sección polideportiva que por aquel entonces ni siquiera existía.

Se estaba convirtiendo, sin tomar verdadera conciencia de ello, en uno de los cronistas deportivos más relevantes de un amplio periodo de la historia de España, la que va de 1950 a 1990, compatibilizando su verdadera pasión con otro trabajo en la Secretaría de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) –¡había que ganarse la vida en aquel entonces y un solo trabajo no daba para ello!– y la taquigrafía, habilidad que le permitió asistir a Congresos internacionales y aceptar un puesto en el Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena, donde estuvo ocho años en la década de los 60 y donde nació uno de sus tres hijos, Miguel Ángel, el que esto suscribe junto a Ana y Ricardo, fruto de su matrimonio con Ana.

El periodismo deportivo le tiraba sin embargo mucho, y en 1967 retornó a España para reincorporarse a la Agencia Efe y a la SGAE, permaneciendo en ambas organizaciones hasta el momento de su jubilación en 1992.

Durante ese amplio periodo de tiempo, sus crónicas relataron con objetiva precisión las incipientes pero importantísimas gestas de los mejores deportistas españoles. El gimnasta Joaquín Blume, el motorista Ángel Nieto, el tenista Manuel Santana, el golfista Severiano Ballesteros, el esquiador Paco Fernández-Ochoa, el ajedrecista Ramón Torán… las gestas de tantas y tantas grandes figuras de la historia del deporte en España tuvieron su fiel relator en Teodoro Caderot y en la Agencia Efe.

No obstante, y al margen de su prolija trayectoria, entre la que asimismo hay que destacar su capacidad organizativa y promotora –enlace sindical en la SGAE; torneos de tenis y golf para periodistas, con mención especial para la gestación y desarrollo del Club de Periodistas Jugadores de Golf todavía vigente–, lo más importante es resaltar que nuestro padre pertenecía a una generación trabajadora, tremendamente trabajadora, que sacó a este país adelante a base de determinación y entrega, cada uno en su área, transmitiendo a las siguientes el valor de la dedicación y el sacrificio.

Intentó siempre, como todos vosotros, hacerlo lo mejor posible, acertando en muchas ocasiones, errando en algunas otras, guiándose en todo caso por la honestidad en sus acciones.

Teodoro se aferró con fuerza a la vida hasta el último momento, con tenacidad y constancia, superando adversidades increíbles en sus dos últimos años de existencia, una prolongada e irreversible degeneración que no le impidió seguir recordando hazañas deportivas.

Creía en la justicia, y qué mejor justicia que irse a la habitación de al lado con la convicción de saber que la vida es un tránsito donde la felicidad reside en lo más cercano, en la familia, esa que de forma tan generosa todos los periodistas contribuís a crear, un motivo más que suficiente para que vuestros sucesores os proclamemos con rotundidad, a ti, papá, y al resto de tu generación, un simple pero sincero GRACIAS.

 

De parte de la familia de Teodoro Caderot
5 de septiembre de 2019

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