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  • Premio APM a la Periodista Joven del Año 2018

Blanca Pou: El premio es un empujón para seguir luchando por defender el secreto profesional de los periodistas

El periodista no debe ser el centro de la noticia, o eso reza una de las máximas del oficio pero, en ocasiones, el foco cambia de dirección y el periodista se convierte en protagonista sin pretenderlo. Algo similar le ha ocurrido a la periodista Europa Press Baleares Blanca Pou (Barcelona, 1992), desde que el pasado mes de diciembre la Policía entrase en la redacción de la agencia y le incautase su móvil, así como el ordenador y otros materiales, para investigar una filtración en el marco de la instrucción del ‘caso Cursach’.

Blanca Pou, camino de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca. Foto: Isaac Buj/Europa Press

Ahora, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) le concede el Premio APM a la Periodista Joven del Año 2018 “por defender el derecho de los periodistas al secreto profesional, negándose a desvelar sus fuentes informativas, principio básico del periodismo, en el caso Cursach”, una investigación con una gran repercusión en la prensa nacional y en el sector periodístico.

  • Enhorabuena por el galardón, ¿qué supone que la APM le considere la Periodista Joven del Año 2018?

Estoy bastante impactada. Mi primera reacción fue pensar que no merecía ningún premio. Mi trayectoria es más bien breve, llevo cubriendo información judicial desde 2016. Lo entiendo más, no tanto por el trabajo periodístico, sino por la lucha judicial en defensa del secreto profesional. Siento que tengo una responsabilidad porque los periodistas no queremos que las resoluciones que ha adoptado este juez -ordenando la incautación de mi móvil y los listados de llamadas- sienten un precedente en España. Siento que tengo la responsabilidad de lucharlo, no por mí, sino por todos.

Para mí, el premio es un empujón a seguir en esta lucha.

  • El jurado ha valorado su defensa del “derecho de los periodistas al secreto profesional” cuando te incautaron tu móvil y tu ordenador, así como otros materiales, en el marco de la instrucción del ‘caso Cursach’. ¿Cómo se sintió en ese momento?

Muchos nervios y mucha impotencia. Vinieron a la redacción con una orden judicial y se encerraron conmigo en el único despacho que tenemos. El tono era acusador, como dando a entender que estaba encubriendo a un delincuente y no tenía por qué meterme en un lío. Entendía que aquello era absolutamente antijurídico y que tenía que proteger a mis fuentes de manera efectiva.

Si no se protegen las fuentes, no hay flujo de información y tampoco libertad de prensa

Si el secreto profesional está recogido en la Constitución, no es porque sea un derecho de los periodistas, sino que el bien jurídico que se está protegiendo es el derecho de la población a recibir información. Si no se protegen las fuentes, no hay flujo de información y entonces tampoco libertad de prensa.

Cuando vinieron, no me dejaron hablar con ningún abogado. Aguanté el tipo mientras estuvieron allí, pero luego rompí a llorar.

Lo peor es que, después de interponer la querella contra el juez, hemos descubierto que la lesión al secreto profesional no ha sido solo por la incautación de los móviles y los equipos, sino que meses antes, en septiembre, había ordenado obtener mis listados de llamadas y los posicionamientos de mi móvil, algo que me parece mucho más grave.

  • ¿La entrada en la redacción de la Policía le pilló por sorpresa?

No me pilló por sorpresa en el sentido de que ya en agosto vinieron a preguntarme.

  • ¿Se refiere a cuando se tuvo que acoger al derecho a no revelar las fuentes?

Sí. Me dijeron que estaban investigando el origen de la filtración sobre una noticia publicada en verano de 2018 sobre un Informe de la Policía del posible fraude fiscal en las empresas del grupo Cursach. Me preguntaron de dónde lo había sacado y les contesté que no se lo podía decir porque tenía que proteger a mis fuentes. En ese momento, no me pusieron ninguna objeción.

El recorrido judicial es muy exasperante. En ocasiones, me he sentido muy impotente

  • La incautación también la sufrió un compañero de Diario de Mallorca, Kiko Mestre. Ambos, junto con los dos medios, interpusieron una querella contra el juez que instruye el caso Cursach, Miquel Florit. ¿En qué situación está el proceso?

Se admitió a trámite. Después, nosotros la ampliamos al fiscal anticorrupción Juan Carrau, porque considerábamos que había participado en la decisión del juez. Les llamaron a declarar, pero al final, el fiscal recurrió y solo le citaron como testigo. Se ordenó hacer una pericial a la Policía sobre el material incautado para saber si se había abierto, pero cayó en la misma Policía, cosa que me parece absurda. Igualmente, al final no se hará porque la Brigada Provincial de Policía Científica hizo un informe explicando que no era seguro que se pudiese comprobar si se habían abierto o no y, además, para poder hacer la prueba tenían que hacer un volcado del contenido de los móviles y eso vulnera el secreto profesional.

  • A priori, parece un proceso lento…

El recorrido judicial es muy exasperante. En ocasiones, me he sentido muy impotente porque, por ejemplo, también hemos presentado ya varios recursos contra un auto en el que un juez ordena obtener los listados de llamadas de mi teléfono para descubrir quién me ha pasado la información. La respuesta que estamos obteniendo es que yo no puedo impugnar este auto porque no soy parte. Esto me genera mucha impotencia.

  • ¿Y sus abogados que le aconsejan?

Seguir recurriendo. Estoy dispuesta a llevarlo al último tribunal. Si es a Europa, pues a Europa. Me genera desazón porque para ir a Europa tienes que haber agotado antes todas las vías anteriores y eso es mucho tiempo y paciencia. Me temo que va a durar muchos años.

Blanca Pou, junto a Kiko Mestre, en una concentración en defensa del derecho al secreto profesional en Mallorca. Foto: Isaac Buj/Europa Press

  • El presidente de la FAPE, Nemesio Rodríguez, declaró que “la incautación de los equipos a periodistas suponía una grave vulneración del derecho al secreto profesional”. Advirtió que “sin la confidencialidad de las fuentes, el periodismo agoniza”. ¿Lo sucedido le ha traído algún tipo de consecuencias?

Sí. Palma es un sitio muy pequeño y, al final, todo el mundo sabe lo que ha pasado. No solo a mí, también a otros compañeros. He notado que había más recelo a la hora de hablar con fuentes, pues no quieren hablar contigo porque tienen miedo por si esto se repite. Por otro parte, llamo a los sitios y ahora toda España sabe que tengo a la Policía encima.

Además, el problema aquí es que tal y como han actuado da igual lo ético que sea el periodista porque al final el poder judicial pasa por encima. Si te examina tus llamadas, tu móvil, … Son herramientas fundamentales de trabajo.

Además, para mí es muy impotente otra cosa: el juez al que yo le tengo que presentar el recurso es el mismo que tiene abierta una investigación por prevaricación por una querella que yo le he puesto. Opino que desde que se admitió a trámite, este señor debió apartarse.

  • ¿Ha llegado a sufrir algún tipo de presión o represalia por sus informaciones?

No. Como los periodistas de agencia no firmamos las informaciones… Hasta que no pasó el hecho de diciembre, era una completa desconocida.

  • Tras la incautación, muchos compañeros de profesión mostraron su apoyo por medio de una recogida de firmas y movilizaciones. ¿Cómo se sintió esos primeros días? ¿Y con el apoyo de los compañeros?

Por un lado, los primeros días totalmente paranoica, por miedo a que me siguiesen. Cuando nos querellamos y el Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares nos envió lo que se estaba haciendo en el juzgado -que me estaban rastreando las llamadas del móvil y los posicionamientos-, yo me sentía vigilada.

Por otra parte, hubo una reacción espectacular en toda España de periodistas que salieron a protestar, no por mí -que no soy nadie-, sino porque se trataba de algo que nos afecta a todos. Me dio muchos ánimos porque los primeros días te sientes con miedo. Hubo momentos en los que me sentí muy derrotada. La verdad es que el apoyo de los compañeros ha sido unánime.

  • Más de cuatro años cubriendo asuntos de política y tribunales en la delegación balear de Europa Press. ¿Cómo llegó a este tipo de informaciones?

Entré cubriendo un turno de fin de semana en diciembre de 2014. Estuve dos años cubriendo un poco de todo hasta que hubo una vacante y ya entré de lunes a viernes como parte de la plantilla habitual. La persona que había estado cubriendo Tribunales mucho tiempo se marchó y la sección la asumimos un compañero y yo.

Blanca Pou (centro), camino de la Audiencia Provincial de Palma. Foto: Isaac Buj/Europa Press

Fue aprender a golpe de realidad porque no tenía una formación especial en derecho ni en periodismo judicial. Ha sido ir poco a poco forjándose. Venía de cubrir sobre todo información política y he notado bastante la diferencia.

  • ¿Qué hay de cierto en eso que comentan muchos compañeros de que la agencia es la mejor escuela para comenzar a trabajar como periodista?

No te lo sé decir porque no he probado otra cosa. Estuve dos meses de prácticas en Cope, mientras estaba en la universidad, y también hice prácticas en Europa Press Madrid. Sí que en el periodismo de agencia te tienes que poner las pilas, ser muy polivalente, saber hablar de muchos temas y hacerlo rápido y bien. Además, es muy desagradecido, en el sentido de que no cuentas con la satisfacción de firmar. Es muy anónimo.

  • ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Disfruto mucho cuando podemos sacar temas nuestros. En el periodismo hay mucha nota de prensa, pero es una satisfacción cuando tú te trabajas un tema y, luego, lo ves publicado en otros medios.

También, por ejemplo, me gusta ir a cubrir juicios porque vas, lo sigues, decides dónde está el titular, qué es lo relevante y cómo lo cuentas.

  • Es titulada en Periodismo por la Universidad Francisco de Vitoria. ¿Siempre quiso ser periodista? ¿Por qué decidió estudiar Periodismo?

Lo tuve claro muy pronto. Siempre me había gustado escribir y leer. Sabía que quería dedicarme a algo relacionado con eso. Pienso que existe la verdad y que en nuestro deber intentar encontrarla.

Blanca Pou y Kiko Mestre. Foto: Isaac Buj/Europa Press

Además, tengo un tío lejano que fue corresponsal de guerra, eso me inspiró un poco, pero no le llegué a conocer porque murió en una emboscada en Sierra Leona cuando era muy pequeña.

  • ¿Cómo considera que está la inserción laboral de los periodistas recién titulados en España?

Muy mal y muy difícil. Por compañeros, veo que en el sector hay mucho autónomo y mucho becario. Evidentemente, ser becario no es malo. De hecho, mi puente al mundo laboral fueron unas prácticas, pero lo malo es cuando se abusa de esa figura. De mi generación, he tenido suerte de encontrar trabajo a los pocos meses de salir [de la universidad] y me he afianzado.

  • ¿Qué le recomendaría a los que están estudiando ahora Periodismo?

Que se especialicen porque los perfiles especializados son lo más difícil de encontrar y es lo que más interesa. Por otra parte, que no cedan a aceptar según qué ofertas de trabajo porque nos daña a todos. También que lean prensa. Nos llega mucha gente que no lee y eso se nota.

Una cosa que me ayudó mucho en su día y que muy importante es moverse: tener un perfil en Twitter, un blog. Un máster suma en un currículo, pero también suma y habla bien de ti que te hayas movido, que seas una persona con inquietud e iniciativa.

 

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