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  • Entrevista al Premio APM de Honor

Juan Cruz: Los periodistas nos hemos desviado de los fundamentos del periodismo, la verdad y la relevancia de las noticias

Juan Cruz. Fotos: Pablo Vázquez / APM

Apmadrid.es ha entrevistado a Juan Cruz con motivo de su reciente Premio APM de Honor, con el que la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) reconoce los méritos de toda una vida profesional y “su defensa a ultranza del periodismo, que viene ejerciendo con rigor, pasión y entusiasmo, abordando los más variados géneros periodísticos”.

Mientras que repasa en la entrevista una trayectoria que sobrepasa los 50 años de dedicación periodística –41 de ellos en “El País”, diario en el que ha destacado sobre todo como cronista cultural y del que es adjunto a la Dirección en la actualidad–, Juan Cruz aprovecha para analizar el estado del sector periodístico español. Estima que el periodismo cultural pasa por “un momento muy delicado”, carente de profundidad. Lamenta que la información televisiva se haya “desvalorizado”, plagándose de sucesos. Y, en general, recomienda dejar de publicar “puros chismes”. Sus reclamos debieran ser tenidos en cuenta, vienen de alguien que ha vivido siempre “pendiente de este oficio; para mí, no hay otra cosa en la vida”.


-En más de 50 años de trayectoria periodística, ¿con qué ha disfrutado más en la profesión?

He disfrutado de la redacción y de los encargos. Un periodista que no tiene encargos es un periodista vacío. Y un periodista que no está en la redacción se aleja de los encargos. El periodista, al igual que el escritor, desarrolla su trabajo en soledad, lo que genera una inseguridad enorme. En cierto modo, se parece al trabajo de un artista en el teatro, que está todo el día al lado del teléfono para ver si le llaman para el siguiente encargo, pero sin aplausos. Las redacciones no aplauden, solo cuando te mueres.

Las redacciones no aplauden, solo cuando te mueres

-¿Qué ha significado para usted el diario “El País”?
Ha significado el aprendizaje de la exigencia. El libro de estilo de “El País”, que fue pionero en su género, constituía para los periodistas un reto, que era que no dijéramos cosas que no sabemos. Y, además, había otro contrafuerte: el Defensor del Lector, que podía decirte que no están todos los elementos de una noticia. Esto, que para nosotros fue un aval, en la sociedad actual se está perdiendo. Estamos en el tiempo de la mentira, como analizasteis en el último número de la revista de la APM, “Cuadernos de Periodistas”. La mentira articulada en medios o en instrumentos en los que estamos nosotros también, los periodistas: Twitter y Facebook. La confusión es total. La gente siente ahora que nadie les defiende de la mentira. Un problema grave que estamos afrontando atolondradamente.

-Pero ¿qué es eso de la posverdad?
Es la mentira. Es lo que se dice para convencer a otro de que algo existe, cuando en realidad es, como decía Hitchcock, un “MacGuffin”. Algo que no ha ocurrido se presenta como si hubiera ocurrido para dañar, despistar o crear una falsa noticia que beneficia a otro. Lo que se hacía antes en las barras de los bares ahora se hace en una gran barra de bar, que es el mundo entero. Hay un libro que previene de esto: “Sobre la tiranía”, de Timothy Snyder, que alerta de esta circunstancia como algo que ya ocurrió en el siglo XX, durante los años 20 y 30, en el nazismo y las tiranías de entonces que se hicieron fuertes a partir de mentira.

-Y en tiempos de posverdad y fakenews, ¿qué papel deben jugar los medios?
Creo que ese papel está incluido en un catálogo de obligaciones del periodismo recogidas en “Los elementos del periodismo”, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que advierte de la dependencia absoluta de la verdad en el periodismo y de cómo buscar la verdad, contrastando para buscar la credibilidad y teniendo en cuenta la relevancia de las noticias. En la actualidad, publicamos noticias que solo son noticias porque lo decimos nosotros, no tienen relevancia alguna, no cambian la conducta ciudadana. Son puros chismes.

Juan Cruz. Fotos: Pablo Vázquez / APM

“El País” tiene ahora la obligación de profundizar en este tiempo confuso en los elementos que fundamentaron su creación. Porque creo que los periodistas en general nos hemos desviado de los condicionamientos fundamentales del periodismo.

-¿Se siente igual de identificado con la línea editorial ahora que en los primeros años?
Sí. Hay veces que me gusta más o menos, pero los periodistas tenemos que convivir con la opinión ajena. Creo que el oficio de periodista lleva aparejado la obligación de la lealtad, que en cualquier empresa uno debe desarrollar, sea esta pública o privada. Un periódico no es una sola cosa que publica, sino todo lo que publica, por lo que no concibo estar a disgusto en un medio por un editorial o un artículo, aunque pueda estar en desacuerdo con ellos.

¿Vamos a hacer un debate sobre la opinión de un periódico? Estamos como en los años 60 en periodismo, poniendo en cuestión las posiciones de otros. En democracia, las opiniones son muy diversas, libres e informadas. Porque si son libres pero son chorradas, no aportan.

-¿Se ha vulgarizado la información televisiva en España por la mezcla con el entretenimiento y la espectacularización de las noticias?
No se ha vulgarizado, se ha despreciado. En el caso estricto de los informativos se ha desvalorizado. Al cabo de seis minutos de un noticiario, ya son todo sucesos. Y en las tertulias, todo es a bote pronto: las suposiciones en un periodista son deposiciones.

En las tertulias, todo es a bote pronto: las suposiciones en un periodista son deposiciones

Creo que los medios, también los periódicos de referencia, tienen que ir disminuyendo el atractivo por el atractivo. Destacar cualquier cosa que no tiene tanta importancia, pero atrae. Leer es una responsabilidad civil, es lo más importante que ha inventado el hombre. Aunque leer por leer puede crear monstruos. No hay que leer de todo, hay cosas que lees y te perjudican. Por ello, los periódicos tenemos la obligación de conducir la lectura.

-¿En qué estado se encuentra el periodismo cultural español?
Creo que está en un momento muy delicado. Nos hemos acostumbrado a contar lo que hay, no a profundizar en lo que hay. Quizá por falta de tiempo, de efectivos. Los periodistas que hacemos Cultura somos muy proactivos para recoger, pero poco para cimentar, para analizar. Creo que proviene de la costumbre española de considerar que el periodismo cultural tiene que dar noticias. Las informaciones de Cultura no tienen que seguir los mismos códigos que otras secciones.

Juan Cruz, en un momento de la entrevista. Fotos: Pablo Vázquez / APM


-En comparación con otros países, ¿qué déficits tiene el periodismo cultural en España?

Por ejemplo, el periodismo anglosajón en general está muy dotado para el análisis y el reportaje. Nosotros somos más de hacer cosas de hoy para mañana, francamente, lo que nos quita profundidad. Creo que también la fuerte crisis económica de los periódicos nos ha impedido tener corresponsales dedicados a la cultura en zonas importantes del mundo, a diferencia de los periódicos alemanes.

De todos modos, nosotros, en “El País”, damos más páginas sobre cultura que la mayor parte de los periódicos europeos de ahora.

La pregunta del entrevistador no protagoniza la conversación, sino que la pone en marcha

-¿Qué es lo fundamental para dominar el arte de entrevistar?
Lo principal de una entrevista es curiosidad y acuerdo. Curiosidad por lo que hace el otro, y acuerdo en que él es el protagonista, no tú. La pregunta del entrevistador no protagoniza la conversación, sino que la pone en marcha. Esto de protagonizar se ha puesto de moda en España. Algunas veces incluso lo hemos aplaudido, cuando nos ha venido bien. Sí debe haber un libro de estilo mental respecto a cómo hacer preguntas. Si te hago tres veces la misma pregunta y la tercera respuesta sigue siendo insatisfactoria, ya sé que a la quinta vez también lo va a ser. Con preguntar tres veces, si la respuesta es la misma, ya basta. La repregunta es un arte.

-¿Quién fue el mejor entrevistador que conoció? ¿Y qué entrevistado le encandiló más?
El mejor entrevistador, Iñaki Gabilondo; quizá sea el mejor periodista desde la Transición para acá. Gabilondo, y Rosa Montero, José González Cano, Pedro Rodríguez… Bueno, hay mucha gente. Iñaki es el que repentiza mejor, porque tiene mucho poder mental. Un periodista que hace entrevistas debe estar fresco, y debe hacer las entrevistas mirando a los ojos, tratando de que el otro sepa que alguien lo está atendiendo. El distraído nunca hará una buena entrevista.

Y me gustó mucho como entrevistado Emilio Lledó, porque te hace creer que eres inteligente. Álvarez Junco, porque cuenta las cosas con ejemplos. Bergman, porque no me esperaba un hombre tan simpático. Bacon, porque no me esperaba un hombre tan difícil. Y Borges, porque era muy divertido, igual que Onetti.

-Ha entrevistado a cientos de grandes personalidades. Cuéntenos alguna anécdota que recuerde con especial cariño o simpatía.
Mi primera entrevista importante fue a Julio Caro Baroja, con 16 o 17 años, en Tenerife, y mi madre juzgó interesante comprarme nueva ropa para ella. Como anécdota, recuerdo que Borges vino a Madrid y estaba solo, y fui conminado por Javier Pradera, su editor entonces, a acompañarle por Madrid. En el restaurante pidió vichyssoise, algo difícil de comer para una persona ciega; entonces, yo se lo tuve que dar con la cuchara. Después, en el Palace, me pidió que le ayudara a cerrar la maleta; y me dijo: “Deje una rendija para que respiren las camisas”.

Y Onetti me contó una buena anécdota. Vino una chica francesa a entrevistarle, y ella le miraba con mucha atención. Y él le dijo en un determinado momento: “¿Me mira usted con tanta atención porque cree que tengo un solo diente? Le advierto que yo tengo una dentadura perfecta, pero se la he prestado a Mario Vargas Llosa”.

Juan Cruz. Fotos: Pablo Vázquez / APM

-¿Los hechos objetivos son ahora menos relevantes para los ciudadanos que la reafirmación de las ideas concebidas?
Los hechos objetivos les dan igual. El ciudadano quiere corroborar su idea. La gente lee el periódico no para discutir con él, sino para acordar con él; y basta con que publique algo con lo que no está de acuerdo para decir que no vale ese trabajo. Y esto que hace un determinado público ahora también lo hacen periodistas hablando del trabajo de otros compañeros.

-¿Y es conveniente que periodistas hablen del trabajo de otros periodistas?
Yo creo que sí; aunque, en general, no es una costumbre española. Creo que el periodismo debe ser objeto de análisis por parte de las asociaciones o entidades que agrupan a periodistas y debe preocuparnos también a los periodistas cuando ello tenga la relevancia de ser muy público. Por ejemplo, lo que pasó con “La Razón” y la presidenta de la Comunidad de Madrid es un hecho relevante del periodismo. ¿Cómo es posible que esto ocurra? Es importante, grave. No he visto a muchos periodistas preocupándose por ello o indagando sobre ello, o escribiendo sobre ello. Los periodistas seleccionan sus objetivos en demasía. Solo aquellos casos que pueden hacer daño a un determinado medio los ponen como relevantes, solo si ese medio es importante para ellos o son su objetivo a batir.

-Escoja, por favor, destaque solo uno: ¿un periodista? ¿Un escritor? ¿Un canario?
Un periodista: Jesús de la Serna, por su humildad, lealtad y esencialidad. Fue un periodista ejemplar. Un escritor: Albert Camus, por su sentido de la justicia y el homenaje a su madre. Y un canario: Domingo Pérez Minik, mi maestro, un hombre que hacía de la conversación un género alegre.

-¿Y en qué orden se autodefiniría entre periodista, escritor y canario?
El otro día le dije a un amigo que, cuando me muera, ponga en el obituario: “Juanillo era un canario”.

-¿Qué supone para usted ser reconocido con el Premio APM de Honor a toda la trayectoria?
Supone la posibilidad de rendir homenaje a mis compañeros, tanto los de Tenerife y Canarias como los que luego he tenido en “El País” en Madrid. Porque siempre he sido un inconsciente: he creído que en periodismo todo se puede hacer; es más, todo lo puedo hacer yo. Y eso me ha hecho, creo yo, un personaje insoportable para muchos compañeros que han creído que yo quería asumirlo todo. A los que se lo han tomado a bien se lo agradezco, a los que se lo han tomado a mal les pido perdón.

Yo soy periodista porque leía, leía y leía y escuchaba la radio

Se lo dedico de una manera muy importante a mi familia. Cuando me llamó Victoria Prego para anunciármelo, le dije que era como si viera otra vez sonreír a mi madre y a mi hermana. Ellas creyeron mucho en que podía ser periodista, y me dieron las condiciones vitales para que eso fuera posible. Yo leía, leía y leía, y ellas apoyaban que estuviera siempre leyendo. Yo soy periodista porque leía y escuchaba la radio.

-Y, además, un galardón concedido por periodistas.
Esto me ha emocionado aún más. Los periodistas somos un grupo de personas que está abocado siempre a la actualidad y al olvido. Si te recuerda un periodista y se da cuenta de que el esfuerzo de tu trabajo merece ser tenido en cuenta, es una enorme satisfacción personal y profesional. He vivido toda mi vida pendiente de este oficio; para mí, no hay otra cosa en la vida. Cuando publico un libro, me da la impresión de que lo publica otro. Cuando escribo un artículo, un reportaje, una columna o una crónica, siento que ese soy yo, enteramente.


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