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EMPRENDEDORES | ‘Jot Down’: Queríamos leer ‘The New Yorker’ en español

Contradiciendo los dictados de brevedad del periodismo digital, “Jot Down” ha demostrado que hay otra manera de presentar los contenidos en internet. Apmadrid.es ha hablado con Carles Foguet, uno de los fundadores de la revista “Jot Down Magazine” y director de comunicación de la misma.

“Nuestra intención siempre fue salir primero en papel”. Este parecer cambió por una “cuestión de riesgos”, añade Foguet, puesto que “no podíamos asumir editar la revista en quioscos con la financiación de la que disponíamos”. Señala que salir con una edición digital era más seguro, con la inversión inicial de 30.000 euros de la que disponían.

Carles A. Foguet, uno de los fundadores de ‘Jot Down’. Fotos: Pablo Vázquez / APM

“Jot Down” (@JotDownSpain) se estrenó en la Red en mayo de 2011 con las informaciones pensadas inicialmente para publicar en papel. Foguet cuenta que es “una revista en papel tirada en internet”, con las señas de identidad de textos largos e imágenes en blanco y negro.

Cuenta este miembro del grupo fundador que al principio les costó crecer pero, transcurridos varios meses, vieron que la web aumentaba en lectores y crecía el tiempo de permanencia de los mismos, así que decidieron continuar en la misma línea. La consecuencia, no buscada, añade Carles Foguet, “es que se ha acabado convirtiendo en una imagen de marca muy potente”. “Ahora cualquier contenido nuestro solo con verlo es fácilmente distinguible”, admite. “Al trasladar la idea en papel a internet no sabíamos la respuesta iba a tener. Éramos conscientes de lo que decían los gurús, pero queríamos experimentar si había espacio para una manera alternativa” de presentar los contenidos en internet.

Con la visión del lector
“Jot Down” surgió de un grupo de varios amigos de entre 30 y 40 años, que están repartidos por varias ciudades españolas: Bilbao, Madrid, Sevilla y Barcelona. Ninguno es periodista. Tienen perfiles diferentes, que van desde una abogada, un filólogo y un licenciado en Filosofía, hasta un ingeniero informático y un politólogo. Todos tienen su trabajo al margen de este proyecto. “Esto nos da más tranquilidad porque nos permite tomar las decisiones de otra manera, puesto que nuestro futuro no depende de Jot Down”, dice.
La idea de la revista nació de “hacer el medio que nos gustaría leer”. Había una sensación de cansancio, de no acabar de encontrar exactamente “lo que nos gustaría leer”. “Te obligabas a buscar, recolectar de varios medios, así que dijimos: ¿Por qué no creamos el medio que nos gustaría leer?”, resalta Foguet, que advierte de que empezó como una broma y acabó siendo una apuesta y una aventura a largo plazo.

La falta de experiencia en el sector de los medios de comunicación les llevó a realizar el proyecto “con cierta inercia”. “Nos hemos organizado de una forma muy intuitiva y en función de las necesidades”. Por ejemplo, cuenta Foguet como anécdota que el director de la revista, Ángel L. Fernández, “cuando empezó el proyecto, almacenaba los primeros números en papel, puesto que era el único que tenía espacio físico y también los ensobraba para el envío. Yo no me imagino a Cebrián ensobrando el dominical”.

“The New Yorker”, en castellano

La plantilla está compuesta por una docena de trabajadores entre periodistas, maquetadores y la parte técnica del mantenimiento de la web. También un centenar de colaboradores entre los que destacan nombres como Enric González, Félix de Azúa, Juan Gómez Cadenas e Ignacio Vidal Folch, entre muchos otros. La mayoría de sus firmas llevan colaborando con el medio desde el comienzo del proyecto. “Si tuviésemos una sede física deberíamos tener un frontispicio que dijese: ‘Somos muy pesados’, comenta Foguet, que continúa diciendo que “al principio tirábamos de contactos propios luego se animaron otras personas que se interesaron por el proyecto. Cada firma de calidad que entraba ha actuado de prescriptor o padrino”.

El fundador de “Jot Down” señala que la idea de que queremos ser “The New Yorker” en castellano sirve como referencia, aunque admite que es algo pretencioso. “Nuestros referentes han sido las lecturas que teníamos cada uno”. “Queríamos hacer la publicación que a nosotros nos gustaría leer”, admite.

La cabecera “Jot Down” surgió, por un lado, “de la ironía de que es un nombre en inglés y queremos ser un referente en castellano” y, por otro, por su significado: “Tomar nota en el borde de un papel, que es justo lo contrario de lo que ofrecemos”. Sin embargo, el logotipo elegido, una bola de billar, se eligió por los colores blanco y negro y porque “la bola negra en el billar es la que no es de ningún bando, sino que es distinta y única, y tiene un punto maldito, ya que si la cuelas se acaba la partida”, cuenta Foguet.

Cinco revistas en una
“Jot Down” se ha convertido además en un paraguas de proyectos relacionados con la difusión de contenidos culturales, que”, cuenta su fundador, “sean también una muestra de que hay otra manera distinta de hacer las cosas”.
Además de la versión digital y la edición impresa de “Jot Down”, también se edita “Five”, un proyecto que engloba las publicaciones “Yorokobu”, “Diario Kafka”, “Naukas”, “Politikon” y “Jot Down Magazine”, cinco revistas que se venden juntas. La empresa también se encarga de la distribución de cabeceras como “Líbero” o “Alternativas Económicas”, entre otras, y edita libros. El primero fue “Memorias Líquidas”, de Enric González, y, próximamente, se publicará una traducción de “Una odisea en el zeptoespacio”, de Gian Francesco Giudice.

El proyecto más reciente es Tanyible.com, un portal puesto en marcha conjuntamente con editoriales de libros para la venta en exclusiva de libros electrónicos. “El modelo actual no nos gusta”, defiende.

400.000 visitantes únicos
Jot Down no solo se lee en España. En la Red ya ha alcanzado 1,3 millones de páginas vistas y los 400.000 visitantes únicos mensuales. Foguet destaca el tiempo de permanencia, que ya registra los 54 minutos de media. Curiosamente, Londres es la quinta ciudad desde donde más lectores recibe.

Uno de los objetivos a medio plazo es la traducción de los contenidos al idioma inglés. Dice Foguet que deben darle más vueltas a la idea porque no saben si crear una versión de la web en inglés o comercializar los contenidos a medios que editen en otros idiomas. Defiende que “la idea de distribuir contenidos en otros idiomas ha estado presente desde el principio” del proyecto.

Las revista “Jot Down”, que edita cuatro números al año, no se vende en quioscos “para puentear todo el sistema de distribución”, pero sí en librerías. Tiene una tirada aproximada de 10.000 ejemplares. De estos, Foguet asegura que se vende casi el 100 % de los números.

Respecto a la elección de los contenidos, Carles Foguet cuenta a Apmadrid.es que “el horizonte es amplísimo”. “No sabemos si tenemos mucha amplitud de miras o una falta absoluta de criterio porque publicamos casi cualquier cosa”. Resalta que lo mismo son capaces de publicar una entrevista con “el Alfonso Guerra o Julio Anguita de turno y un artículo de sexo con pulpos”. Advierte de que solo tienen dos líneas muy nítidas: “Ofrecer contenidos de calidad y no publicar nada que tenga que ver con la prensa rosa”. A partir de ahí, continúa, “en ‘Jot Down’ cabe cualquier cosa”.

La principal fuente de financiación “es que la gente pague por la revista” en papel, señala Foguet. Otras vías son “Five”, la edición de libros, la publicidad, la distribución de otras publicaciones y, ahora, Tanyible.com. Por el momento, Foguet advierte de que no contemplan aún la información de pago en internet. Señala que la web va a ser abierta y de acceso libre mientras funcione este modelo. Defiende que la empresa ha sido sostenible desde el principio y que comenzaron a tener pequeños beneficios desde la publicación del segundo número de la revista, en 2012.

En general, Carles Foguet admite que el objetivo es “sobrevivir, que tal y como están las cosas no es fácil”. “Nuestra intención es llegar a un día más y poder seguir haciendo ‘Jot Down’ y otros productos”. Dice desconocer la clave de su éxito. De momento, cuenta que seguirán haciendo las cosas como hasta ahora “porque parece que la gente nos va a querer seguir acompañando”. Explica que “el umbral de autoexigencia es muy grande porque, al final, los primeros interesados somos nosotros”. Comenta que los primeros destinatarios de sus productos son ellos mismos, por lo que “satisfacernos a nosotros mismos quizás sea la clave del éxito”. Concluye admitiendo que crear “Jot Down” ha sido “una aventura fantástica que merece la pena puesto que, si no fuese así, no habríamos aguantado dos años ya que nadie nos obliga y tenemos nuestros propios trabajos”.

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