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Decálogo de recomendaciones para informar sobre tragedias en la era digital

Momento de la XVII Laboratorio de Periodismo de la APM. Foto: Elena Hidalgo / APM

En el XVII Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), celebrado el pasado 7 de mayo en la sede de la APM y que trató sobre “Tragedias y periodistas en la era digital”, varios expertos debatieron sobre las transformaciones de la cobertura de tragedias y catástrofes y las exigencias que imponen la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías.

Luis Serrano, director del área de Comunicación de Crisis en Llorente y Cuenca, estimó que el escenario de la comunicación “ha cambiado radicalmente” y “Twitter se ha convertido en la espina dorsal”. “Las redes sociales democratizan la conversación”, afirmó.

María Luisa Moreo, portavoz de Vost España y directora de iRescate, habló de un “cambio de paradigma en la información” al no ser ya unidireccional. “Nos enfrentamos a la enorme viralidad de Twitter”, aseguró. Además, aclaró que las redes sociales “favorecen la doble victimización, que afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. Hay un componente de género en las imágenes con que se ilustran las desgracias”.

Alipio Gutiérrez, Nemesio Rodríguez, María Luisa Moreo y Pablo Herráiz. Foto: Elena Hidalgo / APM

Para Alipio Gutiérrez, presidente de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud, las redes sociales son “una grandísima oportunidad, pero también un grandísimo peligro”. Por ello, pidió que los periodistas informen con “un compromiso ético mayor y más responsabilidad”. Asimismo, instó a exigir transparencia a las autoridades a la hora de transmitir información; de lo contrario, “se está haciendo un flaco favor a la democracia”.

En palabras de Pablo Herráiz, periodista de Sucesos de “El Mundo”, “no hay que volverse loco por informar el primero en la web ni en Twitter ni en Vine… De ahí vienen los grandes errores: una cosa es la exigencia de inmediatez y otra hacer las informaciones con prisas”.

Francisco Javier Barroso, Carlos Fernández Guerra y Luis Serrano. Foto: Elena Hidalgo / APM

Francisco Javier Barroso, periodista de Sucesos de “El País”, abundó en esa idea: “La profesión periodística ha cambiado de una forma abismal. Antes, trabajabas con una cierta tranquilidad; hoy en día, la información se resuelve con dos o tres párrafos urgentes para salir antes en los buscadores”. Ante la “vorágine de la inmediatez”, recomendó prudencia y no publicar noticias antes de que las confirmen fuentes oficiales.

Carlos Fernández Guerra, periodista y “community manager” de la Policía Nacional, recalcó la importancia de saber distinguir cuáles son las fuentes fiables. Además, puso en valor el uso de las redes sociales como herramienta informativa de ayuda a las autoridades. Y, por último, advirtió de la necesidad de poner el foco informativo en las víctimas, y no convertir en protagonistas a los delincuentes.

A partir de las conclusiones extraídas en este Laboratorio de Periodismo, que fue moderado por Nemesio Rodríguez, vicesecretario y portavoz de la APM, se elaboró el siguiente decálogo de recomendaciones para informar sobre tragedias, como las recientes del accidente ferroviario de Santiago de Compostela, la crisis del ébola, los atentados del “Charlie Hebdo”, la catástrofe del avión de Germanwings y el terremoto en Nepal:

 

DECÁLOGO DE RECOMENDACIONES PARA INFORMAR SOBRE TRAGEDIAS EN LA ERA DIGITAL
► Es imprescindible redoblar la atención a las reglas tradicionales del periodismo ante el cambio radical del escenario de la comunicación producido por la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías.

► Pese a las exigencias de inmediatez, los errores proceden de la falta de verificación, rigor y precisión. El contraste de fuentes sigue siendo una exigencia primordial y, ante la sobreinformación, la capacidad para distinguir cuáles son fiables es trascendental.

► La prudencia debe subyacer ante las prisas inherentes a lo digital por informar de inmediato. El rumor y la especulación en los casos de tragedias y catástrofes no se convierten en noticia hasta que lo confirmen fuentes oficiales.

► Los periodistas deben extremar su compromiso ético para distinguir fehacientemente qué deben contar, cuándo y cómo. Somos responsables de lo que contamos.

► Los periodistas deben respetar el espacio y el dolor de las víctimas y sus familiares, solo acceder a ellos con su consentimiento previo y actuar con empatía a la hora de relacionarse e informar. Hay que tener siempre en cuenta que las víctimas son las grandes perjudicadas.

►Solo se deben ofrecer imágenes impactantes cuando aporten información y valor añadido. No es aceptable emitir repetidamente en bucle las imágenes de las víctimas. Nunca hay que olvidar que detrás de las catástrofes hay personas.

► Hay que respetar el enfoque de género en las imágenes con que se ilustran las desgracias, ya que suelen aparecer más mujeres que hombres, acentuando este hecho el cliché de la debilidad femenina.

►En los casos de atentados, los periodistas deben evitar que los terroristas se conviertan en los protagonistas de las noticias, poniendo también cara y circunstancias a las víctimas.

► Los periodistas deben extremar el cuidado y repensar si es conveniente la publicación de información sensible en las redes sociales. Hay que tener en cuenta que esa información puede ser valiosa para los terroristas.

► La coordinación entre los portavoces de las autoridades y los periodistas para despejar bulos en las redes sociales es fundamental.

► Se debe exigir la máxima transparencia a las autoridades a la hora de transmitir información. La ausencia de información cierta o su ocultamiento propician que se recurra a fuentes poco o nada fiables.

► Los gabinetes de prensa de las distintas autoridades deben liderar el proceso informativo y hacer frente a la incertidumbre de la ausencia de información sobre la tragedia.

► Los medios deben informar sobre las “tragedias invisibles”, como, por ejemplo, las enfermedades prácticamente desconocidas hasta el momento en el que se convierten en epidemias.

► Hace falta una mayor autocrítica entre los periodistas: pese a que los errores en los sitios webs se pueden corregir, durante el tiempo que han estado publicados son susceptibles de dañar a algún ciudadano.

► Los periodistas que cubren tragedias y catástrofes pueden sufrir “shocks” emocionales u otros traumas. Por ello, es necesario que, al igual que sucede con otros colectivos que se enfrentan habitualmente a ellos, se extienda a los profesionales de la información la posibilidad de recibir ayuda psicológica in situ y a posteriori.

 

Noticias relacionadas: 

– Redifusión íntegra del XVII Laboratorio de Periodismo APM
– Conclusiones de anteriores Laboratorios

 

 

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